Las secuelas del polémico desalojo en Tacoronte

Antonio y Berta, del 102 al 100

El matrimonio de ancianos expulsado de su casa comienza una nueva vida en una vivienda contigua de su propiedad

10.10.2014 | 14:11
Antonio y Berta, del 102 al 100

"Lo próximo será el divorcio", bromea Berta Ferreiro mientras mira de reojo a su marido. El matrimonio de ancianos, cuyo desalojo del número 102 de la calle Ismael Domínguez de Tacoronte el pasado 19 de septiembre copó los telediarios locales y nacionales, ha recobrado la tranquilidad y también el humor en el 100, pared con pared con su antigua casa. "Aún me cuesta dormir pero poco a poco los nervios van calmándose", reconoce Antonio Méndez lanzando una mirada de añoranza a su nuevo hogar. Las cajas llenas de bártulos aún siguen en los pasillos, el café hierve en la cocina y por la puerta no dejan de entrar vecinos. "Ya llevamos ocho días aquí pero aún no nos acostumbramos", reconoce la pareja. Su nueva vivienda, una pequeña casa terrera que Antonia recibió en herencia, sigue medio vacía. Pero a falta de muebles, enseres y mobiliario, el cariño y el afecto de sus amigos lo llenan.

Y es que Berta y Antonio no paran de recibir visitas. Una y otra vez, la conversación se interrumpe porque llaman al portón. "Jamás tendré suficientes palabras de agradecimiento para este pueblo", reconoce el anciano emocionado. Precisamente ha sido gracias a ellos, los vecinos y amigos de la pareja, que el matrimonio ha podido iniciar su nueva vida. "Hemos tenido que adecuar esta casa que estaba hasta arriba de muebles y humedades", explica Berta. La mudanza del número 102 al 100 –la casa en propiedad de la pareja que no está afectada por el procedimiento judicial– ha sido un acto casi comunitario. "Aquí han colaborado todos: empresas, plataformas, servicios sociales... Nos han traído de todo", añade con agradecimiento Antonio.

El desagradable momento del desalojo va, poco a poco, menguando en sus memorias. "Nunca pensamos que nos fueran a echar pero aquí estamos", reconoce abatido el matrimonio. Con el paso de los días van aclarándose también otros detalles del proceso. "No nos íbamos a quedar en la calle, nos habían ofrecido altruistamente alquileres y contábamos con esta casa aunque hubiera que hacerle algunos arreglos", admite el matrimonio tacorontero. Precisamente en este sentido, el alcalde del municipio, Álvaro Dávila, reconoció ayer a la opinión de tenerife sentirse un poco molesto por no conocer, hasta última hora, la existencia de esta vivienda. "El Ayuntamiento trabajó muy duro para ayudarles y buscar una casa de protección oficial hasta que cuatros días después del desalojo se nos dijo que no hacía falta", explica Dávila.

El número 100 de Ismael Domínguez es una pequeña casa terrera de 60 metros cuadrados que la pareja recibió en herencia de un anciano al que cuidaron. Según fuentes del vecino demandante, Antonio y Berta también percibieron un terreno del fallecido. "No sabía a ciencia cierta que disponían de una vivienda. Algo había oído pero según nos habían comunicado era una casa en ruinas que no estaba en condiciones de ser habitada", admite con sorpresa el alcalde. Sin embargo, "solo hacía falta arreglar la fachada y limpiar el interior", añade Dávila.

La mudanza de la pareja tacorontera a esta casa de su propiedad cogió de imprevisto al consistorio y a mucha gente a la que no le contaron la verdadera historia. "Entiendo que haya gente que se sienta engañada al conocer que tenían otra casa. Todo se hizo de una forma desproporcionada y si se hubiera sabido de antemano la existencia de esta vivienda, las cosas hubieran sido diferentes", admite el alcalde del pueblo. Dávila tiene muy claro que la ayuda de su municipio "no se les iba a negar", pero "hay gente que puede necesitar de verdad un hogar, y por lo tanto, también los esfuerzos de nuestro Consistorio", apunta.

Antonio y Berta llevan apenas una semana en su recién estrenada morada. Para ellos, no alejarse del pueblo y de sus vecinos era fundamental. "Aquí tenemos el apoyo de todos, nos sentimos muy arropados y queridos", admite el matrimonio con la puerta entreabierta y saludando a todo el que pasa. El número de 100 de la calle tacorontera estaba hasta entonces descuidado y repleto de trastos de otro vecino. "Esto no estaba preparado para que viniéramos a vivir. Necesitamos algunos días para adecuarlo", explica Antonio mientras enseña las habitaciones aún desaliñadas de la casa.

El matrimonio de ancianos reconoce que nunca creyeron que los echarían de su hogar. "Teníamos todos los papeles y pensábamos que íbamos a ganar el procedimiento e incluso habíamos hablado de vender esta casa. Menos mal que no lo hicimos", confiesa Antonio con convencimiento. No obstante, vecinos y personas anónimas ya se habían ofrecido a pagarles un alquiler. "Hay gente que nos había propuesto abonarnos un alquiler hasta de dos años. Es increíble", desvela la pareja con un tono aún incrédulo ante tanto afecto. El Consistorio de su pueblo también les había buscado una solución. "El Ayuntamiento nos daba un alquiler por un año, pero como aquí no estamos en ningún sitio", reconoce seguro Antonio.

Por su parte, los vecinos y plataformas antidesahucios que han apoyado desde el primer momento a la pareja de ancianos ven con buenos ojos que el matrimonio se quede en el barrio. "Sabíamos de la existencia de esta vivienda pero pensábamos que estaba en peor estado. Estamos contentos de que se queden aquí pero seguiremos luchando porque se haga justicia", asegura el portavoz de la plataforma ciudadana Yo también soy el 102, Cristian González. Porque para ellos nada ha acabado. "La idea es recuperar el 102 sea como sea. Estamos estudiando como seguir porque ya esta vía está agotada. Pero no nos quedaremos de brazos cruzados", añade González mirando a Antonio y Berta.

"Hay que luchar", le responde de inmediato Berta. Porque la pareja se ve regresando pronto a su antiguo hogar. "Tengo esperanzas de regresar a mi casa, espero que lo consigamos", añade Antonio mientras acaricia a su perrita. No están solos. Sus vecinos, en cuyas fachadas se puede leer un cartel que aclama "Yo también soy el 102", les ayudarán. "Una cosa es la justicia y otra que ellos tuvieran esta vivienda. Lucharemos porque se les devuelva lo que es suyo", asegura con convencimiento el portavoz de la plataforma.

Sin embargo, no cuenta con este apoyo, si no más bien todo lo contrario, el vecino demandante, Urbano Hernández. Su vivienda, solo dos casa más allá de la 100, y levantada sobre la pared de la polémica del 102 sigue llena de pintadas con insultos y ofensas. Precisamente Hernández, después del desalojo y la mudanza de Antonio y Berta ha presentado ante la Guardia Civil varias denuncias por las amenazas de sus vecinos, de los que afirma que le han insultado e incluso, le han llegado a tirar piedras. Además de las pintadas, Hernández acusa a los vecinos de romper sus cristales y ventanas.

El demandante, que no ha querido hacer declaraciones al respecto, si se ha pronunciado hace unos días confesando que "no se merecía que la gente lo tratara así". El vecino de Antonio y Berta está convencido de que "el muro era suyo y la Justicia le ha dado la razón". Sin embargo, arremete contra aquellos que lo ofenden. "Yo no he matado a nadie y no me merezco este mal trago", aseguró a Mírame TV hace algunos días.

En este sentido, y aunque no ha querido meterse en temas personales, el abogado de Hernández explicó ayer a este periódico que el Tribunal ha dictaminado que la construcción de Antonio y Berta se ha hecho de forma irregular por lo que deben subsanar los excesos e indemnizar a su cliente. "La ley es muy clara al respecto. Si no se respetan los linderos y se construye en una propiedad privada se ocasionan daños y prejuicios que hay que enmendar. Es decir reconstruir la casa y compensar al denunciante", aclara el letrado.

La polémica no acaba aquí, pues en contra de lo que se dijo Antonio y Berta no se iban a quedar en la calle. Tras el cambio de vivienda del matrimonio de la calle Ismael Domínguez, las plataformas antideshaucios difundieron fotografías de Urbano Hernández y su abogado, incitando así el enfrentamiento entre los vecinos y las ofensas al demandante. La cara opuesta del 102 está, desde entonces, en el 104. Solo un poco más allá, Antonio y Berta rehacen su vida. Comienzan a olvidarse de la pesadilla pero sin abandonar su lucha. "Volveremos al 102", insisten.

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