La Candelaria auténtica, en Adeje

En la iglesia de Santa Úrsula, en el sur de Tenerife, se encuentra la replica más exacta a la imagen que se encontraron los guanches en la costa de Güímar

15.08.2014 | 02:20
La Candelaria de Adeje está resguardada en la iglesia de Santa Úrsula.
La Candelaria de Adeje está resguardada en la iglesia de Santa Úrsula.

Los historiadores no tienen dudas. La imagen de la Candelaria que encontraron los guanches en la costa de Güímar, y que adoraron como su señora no era una virgen negra. Por la época, unos 100 años antes de la Conquista, se trataría de una virgen de finales del gótico: blanca y de pelo dorado, como la Virgen del Pino o de La Peña, las llamadas imágenes de la Conquista. El tiempo, el aceite de nuez con el que limpiaban la figura y el humo de las velas con el que los dominicos rodearon la imagen hicieron que la talla fuera oscureciéndose hasta parecer negra. Y así la vio el artista Fernando Estévez, el escultor tinerfeño que en el año 1827, un año después de que el mar decidiera tragarse la auténtica, hace la talla que hoy se puede ver en la basílica de Candelaria. Una imagen que el artista reproduce tal y como recuerda, no como en realidad había sido, no como en realidad llegó del mar y cautivó a los pobladores de aquella costa y de toda la Isla.
Tanto para el diácono de la iglesia de Santa Úrsula, Manuel Trujillo, como para historiadores de la Universidad de La Laguna, como Gerardo Fuentes o María Jesús Riquelme, y para el desaparecido catedrático de Arte Jesús Hernández Perera, la Virgen, la señora que llegó del mar por la costa de Güímar, más concretamente por la Playa del Socorro, era una talla blanca. Una virgen gótica, con un niño en brazos y una pequeña vela de color verde, una candela, de ahí el nombre de Candelaria y que los antiguos pobladores de Tenerife mantuvieron a cubierto, y hasta medio en secreto, en la conocida como cueva de San Blas.

Después, con la llegada de los españoles y las primeras comunidades de religiosas, los dominicos se apoderan de la imagen, a la que cuidan con devoción, untando la talla con aceite de nuez, para evitar que se deteriore, y que además mantienen, día y noche, rodeada de velas. Precisamente el humo de los velones y el aceite van recubriendo a la virgen de un color moreno hasta quedar para siempre como una de las imágenes negras con más fieles, y que mayor devoción despierta en Canarias y en Sudamérica.

El profesor Gerardo Fuentes considera que La Candelaria es un icono que va más allá del color que pudo tener en sus inicios esta talla. Al igual que ocurre con otras imágenes, "hay que tener en cuenta que en aquellos tiempos no se era tan cuidadoso con las tallas, la Candelaria no solo tendría la cara y las manos oscurecidas sino es que todo alrededor sería negro, pero eso no le resta nada de la importancia que tiene, y que coloca a la basílica de Candelaria como uno de los centros marianos más visitados de España, por algo será".

En el pueblo de Adeje creen firmemente que la imagen que ellos guardan con grandes dosis de cautela en la iglesia de Santa Úrsula no solo es la copia más exacta de la talla que custodiaron los guanches sino que en realidad se trata de la auténtica Virgen de Candelaria. Dicen que los marqueses de Adeje, que además ostentaban el cargo de patronos de la Candelaria, pidieron que le dejaran la escultura para que un escultor pudiera hacer una copia teniendo como modelo la auténtica. En lugar de devolver la original, entregó la copia, y la Virgen de Candelaria se trasladó a lomos de un burro hasta la Casa Fuerte de Adeje y después pasó a una pequeña capilla de su iglesia. Si esto llega a ser cierto, la imagen que se llevó el mar, en el temporal de 1826, hubiera sido la copia y no la auténtica. Sin embargo, según el profesor Fuentes y también como recoge la obra Precisiones sobre la escultura de la Candelaria venerada por los guanches de Hernández Perera, en aquellos años, siglos XVII y XVIII se harían muchas copias de la Virgen. Es verdad que una de ellas, tal vez una de las primeras, sea la que está en la iglesia de Adeje. Pero no significa que sea la auténtica.

En la obra de Hernández Perera, se hace una recopilación de distintas descripciones literarias que existen sobre esta imagen y así la más antigua corresponde a un texto escrito por Fray Alonso de Espinosa en su obra Del origen y milagros de la Santa Imagen de Nuestra Señora de Candelaria... , publicada en Sevilla en 1594, pero que fue redactado en 1581. "El rostro tiene, según la proporción del cuerpo, muy perfecto, un tanto largo, los ojos grandes y rasgados, que a cualquiera parte que se ponga, parece que los tiene enclavados en él; y tanta gravedad y majestad representa en ellos y en e1 rostro, que ninguno la mira de hito que no se le ericen los cabellos y encoja los hombros. El color es algo moreno, con unas rosas muy hermosas en las mejillas? Está en cabellos, sin toca ni manto, y es todo el cabello dorado, y por las espaldas tendido", señala.

También recoge la descripción que hace Leonardo Torriani, en 1590 y que de forma similar dice que el pelo de la imagen es "más bello que el sol, rubio y dorado, aunque de oscura toca en algún tanto, y en cinco lazos puesto está trancado. Tendido atrás, y tiene un niño santo, desnudo, bello y lindo al diestro lado, que en ambas manos prende un pajarillo, que cual canario toma de amarillo".

A pesar de las grandes similitudes que encuentran entre las descripciones literarias y la imagen de Adeje, tanto el catedrático de Arte, Hernández Perera, como el profesor Gerardo Fuentes rechazan que se trate de la talla que llegó a la costa de Güímar.

Lo que más llama la atención de La Candelaria de Adeje, además de que es una virgen blanca, es sobre todo el secretismo que rodea a esta imagen. Como anécdota curiosa se cuenta que en los años 60 del pasado siglo XX, el cura de la iglesia quiso que la imagen saliera fuera de Adeje para participar en una exposición, y tal como recuerda el concejal de Patrimonio, Desiderio Afonso, "siempre me contaron que los vecinos salieron a la calle con picos y palas para impedir que saliera del pueblo". Años más tarde, esta peculiar talla sí ha participado en importantes exposiciones como la que se celebró en el 2003 en Valladolid con motivo de la muestra dedicada a la reina Isabel la Católica.
Afonso también destaca como llamativo de esta imagen, las letras, aún sin descifrar, que bordean el manto y que imprimen a esta Virgen de mayores dosis de interés.

Algunos vecinos reconocían que tienen miedo de que la roben. Temen, que al igual que hizo en su día el marqués de Adeje y Conde de La Gomera se la cambien por otra. Tal vez por eso cuando se entra en esta iglesia, la Candelaria es la única imagen que está dentro de una capilla, rodeada de barrotes y cerrada con llave.

Para los sacerdotes que ofician la misa en esta iglesia no existe ningún secreto. Esta es la primera copia de la Virgen de La Candelaria de la que se tiene noticia.

La talla de Adeje, propiedad del marqués de la zona, vivió durante bastante tiempo a buen recaudo. Por eso su existencia se había mantenido más o menos oculta, y sobre todo se ha salvado de posibles hurtos. No hay que olvidar que el marqués y conde de La Gomera, un señor con gran poder en aquella época, finales del XVIII y XIX, guardó la Virgen en la Casa Fuerte de Adeje. Para él, como para otros muchos, la fuerza de aquella imagen era muy importante y por eso hizo tanto por mantener en un buen lugar esta Candelaria.

Sin pretender crear ninguna polémica, la realidad es que sobre la aparición de la Virgen de Candelaria y su extendida devoción existe una amplia y variada bibliografía. Desde los estudios de Jesús Hernández Perera, a la tesis doctoral de María Jesús Riquelme o los trabajos del profesor Gerardo Fuentes, por citar apenas tres nombres, tres historiadores que hablan claro sobre esta talla, y sobre la realidad de la Virgen.

El problema para la Candelaria es que ha sido una imagen rodeada de leyenda y de esoterismo. La existencia de una virgen negra, igual que el Cristo negro resulta mucho más impactante y mucho más atractiva. Tal vez por eso, y a estas alturas, nadie se atreverá a cambiar ni la tradición ni los falsos aceites. Lo que sí puede resultar curioso es que la imagen más auténtica, la primera copia de una señora que llegó del mar y que tanto atrajo a los antiguos pobladores de Tenerife tiene escaso parecido a la que todos consideran la patrona de Canarias. También habrá que reconocer que puede resultar verosímil que como dicen las canciones y entiende la tradición, en Canarias la imagen se hizo morenita. Y así la quieren todos sus devotos.

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