Santa Cruz

De Lugar a Villa Exenta

Una Real Cédula de Carlos IV, hace hoy 210 años, permitió a Santa Cruz independizarse de La Laguna y abrir su camino a la capitalidad

28.08.2013 | 18:14
Imagen panorámica de Santa Cruz.
Imagen panorámica de Santa Cruz.

Un traje consistente en una casaca de color violeta claro, con cuello muy alto y manga estrecha, un chaleco amarillo de color muy pálido con botones de nácar, un pantalón aplomado, un sombrero de pelo blanco, un coleto empolvado, una corbata de seda, unos catalejos y un bastón de caña de bambú con borla. Ésta fue la vestimenta que encargó José María de Villa, alcalde de Santa Cruz allá por el año 1803, para celebrar que el hasta entonces Puerto y Plaza de Santa Cruz recibía el título de Muy Leal, Noble e Invicta Villa, Puerto y Plaza de Santa Cruz de Santiago de Tenerife. Así, Santa Cruz pasaría de catalogarse como Lugar a Villa Exenta, hace hoy 210 años.

Una de las claves del camino de Santa Cruz hacia la independencia de La Laguna y la capitalidad de la Isla fue la victoria en la batalla contra las tropas del almirante inglés Horatio Nelson. La ahora llamada Gesta del 25 de julio de 1797 se saldó con la capitulación por parte del invasor británico.

El almirante Horatio Nelson se acercó a Tenerife cuando tenía 27 años con la intención de tomar la plaza fuerte de Santa Cruz para dominar Canarias. El general Antonio Gutiérrez fue el encargado de encarar a las tropas del inglés. Pero la estrategia seguida por Nelson estaba totalmente equivocada, puesto que no se preocupó en conocer la topografía del lugar que pretendía atacar.

El almirante británico no llegó a pisar tierra ya que, en el momento del desembarco, una bala del cañón Tigre, lanzada desde el Castillo de San Cristóbal, mutiló su brazo derecho. Ante el estupor de sus soldados, fue transportado de nuevo a su barco mientras la zona de la Alameda se convirtió en un reguero de cadáveres.

En ese momento, el general Gutiérrez cambió su estrategia y la basó en la división de sus tropas en varios grupos que colocó en las calles transversales en las que se agolpaban los ingleses. En la oscuridad de la noche, solo iluminados con antorchas, los ingleses se desconcertaron y, creyéndose rodeados, huyeron hacia el convento de Santo Domingo –actual Espacio de Arte La Recova–, donde se encerraron casi 300 soldados y le pidieron al general Gutiérrez que se rindiera. Los españoles pusieron de manifiesto su evidente ventaja y, tras muchas discusiones, llegaron a un acuerdo: firmarían la capitulación.

Por aquel entonces no existía la división de poderes. Santa Cruz era uno de tantos pueblos de la Isla sujetos a la jurisdicción del famoso Cabildo de La Laguna –que viene a ser como un ayuntamiento, no como los cabildos que conocemos ahora–, que obligaba a tener un alcalde que no podía gestionar juicios cuya cuantía excediera los 300 reales. Esto daba lugar a que muchas de las demandas vecinales, que se interponían por la actividad comercial del Puerto, tuviesen que ser vistos y fallados en La Laguna. En cambio, la categoría de Villadaba los privilegios que se equiparan a los actuales juzgados de primera instancia.

La victoria sobre el almirante Nelson sirvió a Santa Cruz para solicitar el título de Villa que, por el número de población y la importante actividad comercial que se desarrollaba en torno al Puerto, le correspondía por derecho propio desde hacía tiempo.

Tras La Gesta, lo primero que se hizo en la asamblea popular celebrada en la Iglesia del Pilar, el 29 de julio de 1797, fue pedir que se reconociera el doble patronazgo: el de la Santa Cruz y el Apóstol Santiago, por haber tenido lugar la jornada bélica el día en que se conmemora su festividad.

El general Antonio Gutiérrez, cabeza líder de la batalla de julio, creía que no sería complicado que el rey Carlos IV, en premio y remuneración de la victoria, concediese a Santa Cruz el título de Villa.

Así pues, el 5 de agosto de 1797 se reunieron en la casa del alcalde real, capitán Domingo Vicente Marrero, el propio regidor municipal con los diputados para discutir el asunto. Acordaron que José de Zárate, el abogado de los Reales Consejos y síndico del lugar, que había llevado la propuesta del general a esa reunión, elaborase el informe para enviarlo a la Península. Para ello, tendría que recopilar antecedentes, juntar razones abundantes de peso y añadir una crónica de La Gesta para mover el ánimo del soberano y que elevase a Santa Cruz al rango de villazgo.

El principal argumento esgrimido por los chicharreros fue la victoria frente a los ingleses. Las restantes alegaciones, entre las que se encontraba la abundante población, la pujanza de su Puerto y el ser lugar de residencia de los representantes reales, se supeditaron al brillante hecho de armas acaecido la madrugada del 25 de julio de 1797. Fue el propio Gutiérrez el que llevó el expediente a la Corte el 13 de septiembre de ese mismo año.

Al poco tiempo llegó a oídos de los chicharreros que Carlos IV, por su Real Decreto de 27 de noviembre de 1797, concedía a Santa Cruz el título de Villa al que se sumaron los de Noble e Invicta, que se solicitaban, más el de Leal, que el monarca añadió por su cuenta, así como el escudo de armas solicitado.

Gaspar de Jovellanos entregó el 15 de febrero de 1798 un oficio firmado por el secretario de Justicia con las buenas nuevas a Gutiérrez, el cual se lo hizo llegar al alcalde. Ese mismo día se celebró una sesión en el Ayuntamiento por la noticia y en el encabezamiento del acta correspondiente se hace constar por primera vez: "En la Muy Leal, Noble e Invicta Villa, Puerto y Plaza de Santa Cruz de Santiago de Tenerife".
Poco después alguien se debió dar cuenta de que no era correcto utilizar los términos sin contar con la confirmación real, por lo que se dejó de indicar para volver al simple "En el Puerto y Plaza de Santa Cruz de Tenerife".

La Real Cédula que refrendaba estos títulos –incluyendo el cambio en el escudo– tardó seis años en llegar. En primer lugar, por la oposición del Cabildo lagunero y más tarde por problemas burocráticos y la exigencia de abonar derechos para su concesión. Al final, fue extendida en Aranjuez, Madrid, el 28 de agosto de 1803, hace hoy 210 años. Pero no llegaría a Santa Cruz hasta el 4 de noviembre. Por aquel entonces, el alcalde que daría cumplimiento al real mandato era José María Villa Martínez. Los títulos de la flamante Villa vuelven a aparecer en las actas municipales el 7 de diciembre de 1803.

Esto significó el comienzo de la hegemonía política de Santa Cruz. Aparte de la victoria sobre Nelson, también fue clave la figura de José Murphy por su habilidad para conseguir que Santa Cruz se hiciese con la capitalidad de Canarias. Murphy, primer cónsul General de España, tuvo que exiliarse en México, donde pasó sus últimos años de vida. En 2003 Santa Cruz le rindió homenaje a este comerciante y político con la colocación de una estatua de su persona frente a la Iglesia de San Francisco con motivo del bicentenario de la Real Cédula.

El 27 de enero de 1822, hace ahora 190 años, el rey Fernando VII promulgaba la ley por la que Santa Cruz se convertía en la primera capital oficial de Canarias, título que mantuvo durante más de un siglo hasta la división provincial de 1927. La norma informaba así: "Canarias. Población: 215.108 almas. Diputados: tres. Capital: Santa Cruz de Tenerife".

Desde hacía años, el Lugar de Santa Cruz de Tenerife había dejado de ser un humilde puerto de la capital lagunera, como pretendían hacer pensar los regidores de la longeva institución. Así, el título de Muy Leal, Noble e Invicta Villa, Puerto y Plaza de Santa Cruz de Santiago de Tenerife dio el prestigio que la ciudad necesitaba para continuar con su desarrollo durante el siglo XIX, que se vio incrementado con la capitalidad y el título de Ciudad, concedido por la Real Orden de 10 de octubre de 1859.

Con la celebración de las Cortes de Cádiz, en 1810, se estableció un nuevo ordenamiento jurídico-político y una nueva configuración administrativa del territorio español. El municipio de Santa Cruz ocuparía un importante papel en esta nueva forma de proceder, ya que las Juntas preparatorias electorales de Canarias tuvieron su sede en Santa Cruz. En ese momento se instaló la Diputación Provincial en la ciudad, como cabecera de todas las Islas, así como la Junta de Fomento de Canarias, creada en 1830. De esta forma, con la ley de organización territorial de 1833, ya Santa Cruz pasa a ser la capital de hecho y derecho de Canarias.

La concesión del título de Villa Exenta el 23 de agosto de 1803 y, en consecuencia, el ansiado juzgado de primera instancia, fue solo la punta de lanza de un proceso de acaparamiento de poder político que catapultó a su élite burguesa, encabezada por José Murphy, su diputado y representante en el Trienio Liberal.

El cronista oficial de la ahora capital de Tenerife, Luis Cola, cree que hay que agradecer al general Gutiérrez que pidiera el privilegio de Villa Exenta. "Fue el origen, la primera piedra, del engrandecimiento de Santa Cruz", determina.

Lo que el escudo esconde

Junto con la solicitud por parte del Puerto y Plaza de Santa Cruz de Tenerife para que se le concediese el título de Villa, se adjuntó un diseño del escudo de armas para la Muy Noble e Invicta Villa de Santa Cruz de Santiago. Todo esto ocurrió tras la victoria de Santa Cruz sobre las fuerzas del almirante Horatio Nelson. Llegada la hora de las recompensas, fue el propio general Antonio Gutiérrez, encargado de enfrentarse al inglés, el que sugirió al alcalde Domingo Vicente Marrero la conveniencia de solicitar el privilegio de villazgo.

El escudo de armas de Santa Cruz provocó que el Ayuntamiento de la época tuviera que plantearse si deseaba dejar el proyecto en manos de los Reyes de Armas del Consejo Real –decisión que era la más habitual–, que imponían una rutina de escudos en serie en los que siempre aparecían piezas como los arcos, las torres, los puentes, las columnas, los árboles o los animales.

Ante el deseo de que se tratase de un emblema que nada tuviera que ver con otros ni con ninguno de otra nación o pueblo, la autoridad local decidió elaborar un diseño propio, que fue obra de un maestro heraldista del que se desconoce su nombre. Y ése es el que ha llegado a nuestros días.

Aunque muchos de los chicharreros no lo sepan, todos los elementos del escudo capitalino tienen un significado y encuentran su sentido en los 519 años de historia de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, que ha quedado recogida en esta pequeña representación.

El campo de oro –todo el espacio coloreado de amarillo que se encuentra en el centro del emblema de la capital– expresa la lealtad que han mostrado todos los habitantes de Tenerife en la defensa de este territorio, así como el deseo de pertenecer a España.

La cruz verde que se encuentra en el centro del blasón hace referencia a la conquista realizada por el capitán Alonso Fernández de Lugo el día 1 de mayo de 1493, momento en el que el castellano instaló una cruz en el lugar del desembarco. El color verde recuerda, además, a la esperanza del pueblo de obtener todos los triunfos posibles y que sean en beneficio de la ciudad costera.

La cruz de la Orden de Santiago que envuelve la cruz verde se muestra como la insignia característica del Santo Apóstol y Patrón General de España, en cuyo día Santa Cruz alcanzó la victoria sobre el almirante Horatio Nelson, el 25 de julio de 1797, que fue la última y una de las más señaladas de la historia de la ciudad. Además, con la aparición de esta cruz en el escudo de la ciudad, se pretende reconocer al Apóstol Santiago como protector y patrón de Santa Cruz.

Las tres cabezas de león reflejan el intento de las tres invasiones del Imperio Británico a las que tuvo que hacer frente Santa Cruz. El primer ataque lo llevó a cabo el almirante Roberto Blake, el 30 de abril de 1657; el segundo fue perpetrado por el almirante John Jennings, el 6 de noviembre de 1706; por último, el tercer y más importante ataque fue el del también almirante Horatio Nelson, que desembarcó con sus tropas la madrugada del 25 de julio de 1797.

La bordura de azul que rodea el campo de oro simboliza al Océano Atlántico que baña las costas de Tenerife, que también tiene su espacio en la representación de la Isla en la parte superior del escudo, de color plata.

Tres castillos, los de San Cristóbal, Paso Alto y San Juan, que fueron claves para las victorias ante los ingleses, se alternan con cuatro anclas que hacen referencia a la importancia del mar para la ciudad.

La lámina fue remitida a Madrid el 3 de septiembre de 1798 y la aprobación por parte de Carlos IV del escudo de la ciudad llegó el 28 de agosto de 1803 con la Real Cédula del 27 noviembre de 1797.

Tenerife

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