Desbocados por el cambio

La agrupación de Cuesta Piedra ya puede presumir de local propio y prepara en su barrio actividades para todo el año

25.08.2013 | 02:20
Desbocados por el cambio
Desbocados por el cambio

"Los Carnavales son siete días, pero la murga es todo el año". Con esta premisa parten pisando fuerte los miembros de Los Desbocados para cambiar las cosas en Cuesta Piedra. La murga chicharrera se compromete a cambiar el barrio con torneos deportivos y demás actividades juveniles para animar las calles que los vieron crecer.

Juan Jesús Padilla, presidente de la agrupación nacida en 2009, asegura que de pequeño practicaba cinco deportes en el barrio. "Y no exagero, no entiendo lo que ha pasado ahora que los pibes no tienen qué hacer", se queja. Padilla asegura, a sus 33 años, que "el apartado juvenil ha ido decayendo cada ves más". El chicharrero recuerda que "hasta hacíamos excursiones".

Ahora quieren devolverle al barrio todo lo que les ha dado desde pequeños con un conjunto de actividades a desarrollar durante el año. La directiva de la murga, incluyendo a su presidente y a su vicepresidente Aitor Ruiz, El cachete, han sido los impulsores de la idea.

Hartos de pasar años "de prestado" para poder ensayar, decidieron darle uso a los vestuarios de la cancha anexa a la Iglesia de Cuesta Piedra. Primero, se pusieron en contacto con la asociación de vecinos. "Nosotros recurrimos a ellos para cualquier problema en el barrio y además eran ellos los que tenían las llaves". Después se informó al Organismo Autónomo de Deportes del Ayuntamiento, que es quien realmente debe dar el permiso. Entonces, 3 de septiembre de 2012, comenzaron las obras en lo que acabaría siendo el nuevo local de Los Desbocados.

Este espacio eran dos vestuarios que nunca se habían utilizado. Los integrantes de la directiva de la murga solo recuerdan que este local haya tenido uso en 2010 durante las fiestas del barrio en honor de San Juan Evangelista para que las candidatas a reina se cambiasen de vestuario.

Tal era el abandono que algunos gamberros rompieron unas ventanas para pasar al interior y drogarse. Uno de esos días en los que estos desconocidos pasaban la noche alumbrados con una vela, ésta cayó al suelo provocando un fuego en parte del local que acabó quemando al okupa.

"Estaba todo destrozado pero yo desde que entré me lo imaginé como está ahora", cuenta orgulloso Padilla. Al presidente de la murga le costó que el resto confiara en su visión. "Les veía las caras cuando entraban y eso lo decía todo pero al final nos pusimos manos a la obra y ahora vemos los resultados".

La remodelación del local ha sido de los pies a la cabeza. Ahora luce un suelo de parqué, paredes naranjas, turquesas y violetas y dos gradas para los ensayos con un espejo en la pared en el que evaluar sus propias expresiones faciales al cantar. Junto a la sala de ensayo tienen los baños y la zona del descanso con una barra de bar y algo de música para desconectar. Al fondo, hay un espacio para la oficina, que aún no está terminada, pero que tienen muchas ganas de montar. Incluso, cuentan con una pequeña sala que están trabajando para insonorizar con los recurrentes cartones de huevos.

"Los materiales se sacaban de donde fuese", comenta Padilla. Entre todos reunieron lo que tenían en casa y lo que le sobraba a los vecinos para poder hacer de forma digna el local. Entre todos, reunían los conocimientos necesarios para dejar el local como nuevo. Uno de ellos tiene experiencia en la construcción, el que es electricista dotó a la sala de una instalación completamente nueva, el pintor hizo lo suyo... y así hasta completar todos los departamentos.

Al principio hubo que limpiar mucho "gastamos una barbaridad de productos de limpieza". Tras casi un año de trabajos, pueden decir que "hemos hecho familia", reconoce el líder de la agrupación.

Ahora les falta algún arreglillo y lo más importante: la luz y el agua. "Queda pendiente que nos pongan un contador de la luz, que parece que lo harán sin problema", reconoce. Otro de los murgueros comenta que podían haber robado la luz del alumbrado público. "Era más fácil pero queremos hacer las cosas bien y pagar nuestras facturas", expone.

Se han fijado como fecha para culminar el local el 15 de septiembre para ponerse a ensayar y estar preparados cuando llegue el Carnaval. "Las ganas lo superan todo", dice Padilla con determinación.

Por fin Los Desbocados tiene un lugar propio para ensayar y disfrutar. Además, las puertas del local están abiertas a todos los vecinos de Cuesta Piedra. "Esto antes era un punto conflictivo", pero ahora con la presencia de la murga las canchas han cambiado de color, a un naranja sonriente.

Al mismo tiempo, los miembros de esta agrupación han limpiado la pista frente al local y han agrupado los desechos de la cancha de bochas en una esquina. "Nosotros lo limpiamos sin problema, solo le pedimos al Ayuntamiento que nos traiga un contenedor donde poner la basura porque no tenemos cómo cargarla", demanda Padilla.

Para lo sucesivo y con la ayuda del Ayuntamiento –la cual han requerido en una reunión el lunes–, quieren organizar distintas actividades. "Como tenemos un proyector de cine y una pantalla, queremos hacer un cine de barrio para que la gente se reúna en las canchas a ver películas", sueñan los murgueros. Entre sus ambiciosos planes también se encuentra la organización de festivales carnavaleros y otros eventos para que el barrio no pare. Incluso, tienen pensado organizar torneos deportivos, sobre todo juveniles. Lo que no podría faltar son los bonchos que organizarán en la barbacoa que están construyendo por fuera del local.

Además de eso, Los Desbocados quieren inculcar valores como el compañerismo en los más pequeños de Cuesta Piedra, algo que ellos conocen de primera mano. "Aquí siempre estamos para ayudarnos porque nos educaron así". De hecho, cada vez que un miembro de Los Desbocados llega, saluda al resto con la mano o un abrazo. "Imagínate cuando llega el último de 40, ¡menudo trabajo le espera!", bromea Padilla. No descartan ayudar a formar una murga infantil.

Los Desbocados participaron en su primer Carnaval en 2010. Renovaron su logo hace dos años y recuperaron su pasacalle de los primeros años. Se compone de 48 miembros, de entre los que destaca Juan Ramón Celso Padilla, Juan Padre, un veterano del Carnaval.
Esta murga se alza ahora como una esperanza social del barrio.

Tenerife

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