Santa Cruz

Salud y bienestar al aire libre

Rubén Rivas es un entrenador personal que trabaja en espacios públicos de la capital

17.08.2013 | 00:53
Rivas anima a las chicas en sus ejercicios en el Parque García Sanabria de Santa Cruz
Rivas anima a las chicas en sus ejercicios en el Parque García Sanabria de Santa Cruz

Muchas veces estar en forma se relaciona con gimnasios multitudinarios y máquinas industriales, pero con Rubén Rivas la cosa cambia. Este joven de 31 años es camarero en el restaurante La Casita por las mañanas, trabajo que compagina con su auténtica vocación: ser entrenador personal. Actualmente entrena a mujeres en espacios abiertos y con un plan y un seguimiento completamente personalizados.
Rivas estudió para ser personal trainer y monitor de gimnasio en una escuela en el Sur de la Isla. Al acabar, consiguió pronto un trabajo en el gimnasio En forma de Las Américas pero "hace cuatro años tuve que dejarlo por la crisis" y acabó encontrando un hueco como camarero en la capital.
Ahora lleva dos meses con los entrenamientos personalizados y ya tiene a 10 chicas a las que tutoriza físicamente.
Lo curioso de su vuelta al deporte es que fue su propia jefa la que le animó. Una de las dueñas de La Casita, Nayra Hernández, le insistió en que debía empezar a entrenar de nuevo, empezando por ella. "Hasta en tres ocasiones le tuve que decir que no, que no me veía con fuerzas para hacerlo, pero a la cuarta le dije que sí", explica Rivas. Hernández fue la primera, "me costó pero lo conseguí", reconoce la empresaria de 35 años, y después de ella vinieron el resto de las chicas. "Yo no me he publicitado, todo ha sido gracias al boca a boca", reconoce el ahora entusiasmado joven.
Por 70 euros al mes Rivas ofrece un servicio personalizado de entrenamiento, con ejercicio tres veces por semana, con una duración de una hora cada sesión. "Parece que no pero en una hora se pueden hacer muchas cosas", comenta Hernández.
Para decidir el lugar para entrenar, Rivas le deja elegir a la clienta lo que le sea más cómodo. En casa o en un gimnasio fueron las únicas opciones que se planteó el joven hasta que se le ocurrió que podría estar bien entrenar al aire libre. Así, ahora entrena en el Parque García Sanabria, La Granja, Las Teresitas, y en algunos lugares de La Laguna. Hernández reconoce que "es genial hacer abdominales viendo el mar". Aunque alguna pueda sentir reparo a hacer ejercicio en público, esta empresaria asegura que, una vez empiezas, "no ves a la posible gente que pueda estar mirando".
Además del plan de ejercicios, este joven controla el peso y las medidas de sus clientas semanalmente. "Lo hago así porque es más fácil ver la evolución", comenta Rivas, que reconoce que "en realidad lo que más importan son las medidas, porque se ve el progreso real, el peso es secundario", añade.
Y aún hay más, Rivas les controla la dieta. Lo que hace realmente este monitor convertido a camarero es recomendarles comer sano y, sobre todo, beber mucho té. "Si tengo confianza con ellas las pillo por What´s App y les pregunto qué están comiendo", aunque "no tienen por qué decírmelo porque a quien engañan es a ellas mismas", asegura el entrenador. Eso sí, Rivas solo les deja un día a la semana para "comer lo que quieran". Otra de sus alumnas, Isabel Hassaniess, de 52 años, asegura que "muchas veces yo le envío fotos de lo que me como para que vea que sigo la dieta, el día libre también le enseño mis caprichos", asegura la mujer. Hernández explica desde la experiencia que "después de la reventada que te pegas entrenando, te lo piensas dos veces antes de hartarte a comer".
El primer día es el de la toma de contacto, la clienta le dice lo que quiere mejorar de su cuerpo y Rivas lo valora, le aconseja y le toma las medidas y el peso. Con estos datos, el entrenador elabora el plan que debe seguir la alumna, en el que siempre se dará énfasis en tonificar y definir la zona más necesitada de atención. Hassaniess perdió cuatro centímetros en dos semanas, "querer hacerlo es lo principal", explica. Y es que Rivas va en serio, "cuando las veo sudar me pongo de buen humor", bromea.
En las sesiones de este entrenador de vocación predomina el buen ambiente "y el buen rollo", como lo llama Rivas. Algo que Hassaniess confirma: "me lo paso tan bien que es la mejor hora del día". Lo cierto es que tras una sesión Hernández se queda "súper bien a nivel emocional". Durante las clases existe esta parte terapéutica en la que "también hablamos, les digo que están bien, que no se obsesionen, etc.", comenta Rivas.
Para las sesiones sólo hace falta ropa cómoda porque Rubén Rivas, venezolano que lleva 12 años en Tenerife y que actualmente vive en Santa Cruz, pone él los materiales: colchonetas, combas, pelotas medicinales, colchonetas, gomas, etc. Aunque en muchos de los ejercicios se utiliza el propio peso de la persona.
En sus clases entrena a una o dos personas, "porque con tres ya es mucho, no podría hacer el un trabajo personalizado porque no tengo tantos ojos". Normalmente, cuando entra una chica nueva siempre trae a una amiga para entrenar juntas, "aunque a mí me da igual si el trabajo lo hago sólo con una persona".
Rivas prefiere a las mujeres porque "a ellas no les gustan los gimnasios o simplemente se acaban aburriendo". Efectivamente, a Hernández no le gustan estos centros, "ni tengo fuerza de voluntad para entrenar yo, necesito que alguien me empuje". "No lo haría yo sola", confirma Hassaniess.
"Si me lo puedo seguir permitiendo a nivel económico lo seguiré haciendo indefinidamente", asegura Hernández, aunque Rivas siempre les dice que "tienen que marcarse objetivos".
Para ponerse en contacto con este joven hay que enviar un mail a la dirección rub_2106@hotmail.com y empezar a entrenar.

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