La tradición colma La Esperanza

Un total de 22 carretas participan en la romería en honor a la patrona de El Rosario

05.08.2013 | 14:03
La tradición colma La Esperanza
Uno de los rebaños de cabras participantes en la Romería.
Uno de los rebaños de cabras participantes en la Romería.

¿A quién se le habrá ocurrido hacer una romería en pleno agosto? De esa decisión hace muchísimo tiempo, pero fue una pregunta recurrente ayer en La Esperanza donde el calor no dio tregua al paso de carretas y grupos folclóricos. La localidad del municipio tinerfeño de El Rosario celebró su día grande bajo el sol, pero con el sabor de esos actos en los que el populismo deja paso al encuentro de vecinos y visitantes, a la fiesta en medio de la tradición y al jolgorio de grandes y pequeños.

La Esperanza amaneció con un aire diferente al cotidiano e interrumpió desde por la mañana el habitual ruido del tráfico por el sonido de la música tradicional. Isas y folías se mezclaban con las risas de los vecinos, que comenzaban a llegar dispuestos a disfrutar de la XXXIX edición de su Romería. Otros se iban acercando al pueblo que les vio crecer, como prueba que prácticamente a cada esquina paraban para saludar a aquel con el que antaño compartieron pupitre o juegos en la misma plaza en la que anoche terminó la fiesta.

Pero la localidad tinerfeña también recibe la llegada de extraños, personas que cada año se van sumando a su Romería con la misma intención: disfrutar de un domingo agradable, en buena compañía. Ese espíritu de novelería es el que empuja a algunas personas por primera vez a visitar La Esperanza el día de su fiesta, un deseo que se vio colmado en medio del recorrido de las 22 carretas participantes y después, cuando la verbena de las orquestas cambió la música tradicional por la más pachanguera.

A mediodía, las aceras ya estaban llenas y más aún en las que recalaba al menos un poco de sombra. Con los balcones de las principales calles engalanados y sus propietarios asomados, el ritmo más solemne anunció la llegada de la Virgen de La Esperanza. La imagen de la patrona del municipio, rodeada de los miembros de su parroquia y de la corporación municipal entre los que se encontraba el alcalde de El Rosario, Macario Benítez, se dirigió presta al altar predispuesto para presenciar el paso del ganado, las carretas y los grupos folclóricos.

Tan rápido que acabó por sacar una buena ventaja a los rebaños de cabras y ovejas que le seguían el paso. Poco importó a los animados visitantes, que esperaban el paso de la comitiva con ansia. Los más pequeños, con la mirada puesta en los animales, despertaron la ternura de los asistentes al saludar a cabras y ovejas pero sobre todo al tirar de las manos de sus padres dispuestos a acercarse lo más posible a los ponis y burros.

Para los mayores, el centro de su atención eran las carretas. La primera de todas cuantas desfilaron por La Esperanza trasladaba a la romera de las fiestas, Selena Lugo Acosta, y su corte de honor, pero no fue la belleza de las jóvenes la que despertó la atracción de los visitantes sino, como ocurre en cada romería de la Isla, los alimentos que se lanzan desde lo alto.

Pinchitos, pan con chorizo, huevos duros, papas arrugadas y un vaso de vino para acompañar fue el menú del tentempié que carreta a carreta fueron acumulando los participantes en la Romería. "Es un gran ambiente, por eso vengo siempre que puedo" aseguraba ayer Carlos Mauleón, quien explica que asiste a cada romería que puede, siendo su favorita la de La Esperanza.

Perfectamente ataviado con un gorro de paja y gafas de sol para huir del calor, Mauleón no podía ocultar sin embargo su acento, que revelaba su procedencia peninsular. "Estoy ya más que afincado", comentó entre bromas. "Soy más canaria que nadie", dijo no obstante Eva Quintero, quien confesó también que disfruta de cada Romería. Aunque sin traje típico porque afirma que no le gusta: "Ponérmelo no, pero me encanta ver a la gente vestida de maga", afirmó Eva Quintero.

Es una de las curiosas y comprensibles contradicciones de actos como el celebrado ayer en La Esperanza: para disfrutar no es necesario llevar el traje tradicional, pero aquellos que participan tanto en las carretas como en los grupos folclóricos van perfectamente ataviados. Gorro, pañuelo, refajos, fajín y polainas forman un look perfecto al que se suman otros complementos indispensables, como un timple, unas chácaras o cualquier instrumento tradicional para dar melodía de lo más canaria a la Romería.

El sonido de los grupos, la mayoría con un gran registro vocal e interpretativo, se mezclaba en el ambiente con el tintineo constante de las reses que tiran de las carretas. Ambos forman el acorde de la Romería de La Esperanza, una sinfonía que se completa con las risas y el jolgorio de sus participantes.

Desde el Consistorio destacaron el alto grado de participación del pueblo rosariero, quienes coparon los ventorrillos dispuestos a lo largo del recorrido, y el respeto a las prohibiciones, por razones de seguridad, de la participación de caballos en la Romería, así como de la práctica del "botellón" en la zona de baile de la plaza del Ayuntamiento, con el objetivo de fomentar el civismo y erradicar esta práctica de las fiestas populares.

De hecho, fueron numerosos los jóvenes en pandilla que intentaron disfrutar de la fiesta sin bolsas plagadas de alcohol, hielo y refresco. Al menos durante el recorrido de las carretas, porque la fiesta de la tarde noche, amenizada con las amenizada por las orquestas Tropin y Revelación, cambia la tradición por una novelería más moderna.

Muchos fueron los que al término de la Romería se quedaron durante todo el día para disfrutar del resto de actos programados por el Ayuntamiento de El Rosario, otros solo acudieron a La Esperanza para el baile vespertino pero la mayoría abandonó la localidad al término del recorrido.

Es el caso de Benito Castillo, un joven que aunque disfrutó como uno más de la tradicional fiesta esperancera, en realidad había recalado en el acto con otro objetivo muy concreto. El joven forma parte de la Asociación Sión de ayuda al toxicómano y, como voluntario en el colectivo, intentó aprovechar la Romería para recaudar fondos. "Vamos a todas las que podemos y pedimos la voluntad", aclara Benito Castillo, quien ofrece, a cambio de unas monedas "con las que ayudar", un elemento artesanal canario llamado entremeses. "Un artesano ha regalado muchos al centro y la verdad es que la gente se suele volcar, aunque toda ayuda es poca", añadió.

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