Llegan los ´cafés pendientes´

La cafetería ´hOlé hOlé´ de Santa Cruz se une a una iniciativa en la que los clientes dejan pagadas bebidas y comidas para que las consuman las personas sin recursos

06.04.2013 | 02:18
El dueño de hOlé hOlé, Oliver Rueda, con la mano apoyada en la repisa en la que guarda la caja de madera roja con detalles dorados que custodia la recaudación para los cafés pendientes.
El dueño de hOlé hOlé, Oliver Rueda, con la mano apoyada en la repisa en la que guarda la caja de madera roja con detalles dorados que custodia la recaudación para los cafés pendientes.

Entras en una cafetería con un amigo, pides dos cafés y pagas esos dos y cuatro más, que quedan pendientes. En un rato, llega una persona con problemas económicos y pregunta al camarero: "¿Hay algún café pendiente?". En un minuto ya disfruta de una taza caliente sin pagar un céntimo. Así funciona la iniciativa solidaria bautizada precisamente como café pendiente, a la que el bar chicharrero hOlé hOlé, ubicado en Ramón y Cajal, se ha unido desde el pasado martes, el primero de la Isla que lo hace.

Un día un cliente le dijo a Oliver Rueda, dueño del local: "Déjame un café y cóbrame otro pendiente". Rueda se quedó perplejo al no comprender qué quería decir. Cuando el hombre le explicó que lo que quería decir es que pagaba su desayuno y dejaba pagado otro para aquel que lo requiriese, el camarero quedó impresionado con la idea, investigó por internet y enseguida se unió a la iniciativa y difundió por Facebook sus intenciones.

Rueda llegó a la conclusión de que lo mejor era guardar aparte el dinero de los productos pendientes y no facturarlos. Ahora en las repisas de hOlé hOlé descansa una cajita de madera que custodia la recaudación que disfrutarán los más necesitados. "Estamos muy entusiasmados. Queremos que la gente se involucre y que el resto de bares de la zona haga lo mismo", confiesa.

"El dinero que hemos conseguido en dos días da para muchos cafés y varios bocadillos también", asegura el dueño, quien además incluye en la caja solidaria el dinero de las propinas. "Con la crisis, cada vez son más las personas que se quedan sin nada que echarse a la boca. Todas las noches nos viene gente pidiendo bocadillos y nunca se los hemos negado", asegura Rueda. "Hablamos sobre todo de dignidad. Ahora la gente no tiene que venir con vergüenza pidiéndonos comida, simplemente con preguntar por un café pendiente, nosotros ya sabemos a lo que viene", asegura. "Ahora serán como cualquier cliente", zanja Rueda.

El dueño de Gráfica Canarias, una imprenta vecina, se ha enterado de la noticia y, aparte de haber sido el primero en pagar un café pendiente el pasado jueves, se ha comprometido a imprimir de manera gratuita unos carteles en mejor calidad para el establecimiento.
Este es el inicio de un brote de solidaridad despertada por la crisis que ataca cada vez con más fuerza a los ciudadanos. El restaurante de la calle La Noria El Guachinche de Peter fue el primer foco entre la hostelería de la capital. Su aportación comenzó el pasado 26 de marzo, el primer martes en el que regalaba el almuerzo a los parados y los vecinos sin medios económicos. Cuando Rueda se enteró de la noticia, pensó: "¿Por qué tiene un local que regalar comida todas las semanas si somos decenas? Lo ideal sería que nos uniésemos los bares y restaurantes de la capital y regalásemos comida una vez por semana. Así, si nos distribuimos bien, podremos ayudar todos y no tendríamos que regalar comida solo una vez al mes", plantea.

La cafetería hOlé hOlé, con sólo dos años de antigüedad, tiene un compromiso con el barrio de Duggi. "Queremos que la gente se lo pase bien aquí, por eso siempre estamos haciendo cosas: exposiciones, música en vivo, pasarelas, fiestas...", comenta Rueda. Este empresario, que abrió su negocio en plena crisis gracias a la ayuda de su madre y sus amigos, ahora asegura aguzar el ingenio y estar todo el tiempo "pensando en cosas nuevas que puedo hacer para mejorar las cosas y hacer que mi local sea atractivo para la gente".

Además, el negocio está adscrito a los establecimientos con ofertas y descuentos de Zona Comercial Tranvía "Todo lo que sean ventajas para los clientes, iniciativas con buenas intenciones, yo me apunto", declara Rueda. Echa en falta, de todos modos, más apoyo político: "En Navidades quise poner un Papá Noel por fuera del local para los niños y el Ayuntamiento me quería cobrar 200 euros".

Los cafés pendientes son una tradición surgida en la ciudad italiana de Nápoles. Caffè sospeso la llaman allí. Desde 2008, no obstante, los camareros de este país denuncian que este hábito se está perdiendo porque cada vez la gente tiene menos dinero que regalar mientras hay más personas necesitadas de la solidaridad. Por eso, en 2010 surgió la Rete del Caffè Sospeso, una red cultural que, entre otras actividades, decidió dedicar cada 10 de diciembre –día internacional de los derechos humanos – a fomentar el reparto de desayunos.
Desde el mes pasado, esta iniciativa ha llegado a España de la mano de un catalán, Gonzalo Sapiña, precursor de una campaña que centraliza en la web www.cafespendientes.es, en la que anima a todos los locales del país a que se sumen. Además, Gonzalo está trabajando en un mapa digital en el que se indiquen los locales adheridos a esta iniciativa. Asimismo, desde el jueves pasado también están promoviendo este hábito en Argentina a través de la web www.uncafependiente.com.ar.

La crisis ha hecho que el perfil de las personas sin medios económicos ya no sea el de hace unos años. Antes se veía a estas personas como a mendigos vagos, locos marginados o con muy mala suerte. Pero ya no. Ahora los que no llegan ni a la primera semana del mes son familias que hace un año pertenecían a la clase media y que la crisis les ha hecho llegar a esta situación. Oliver Rueda, al igual que Pedro de la Rosa, dueño de El Guachinche de Peter, aseguran que no necesitan una cartilla del paro o un certificado de embargo para saber que alguien está pasando hambre: "Se les ve en la cara", afirman ambos hosteleros.

Rueda recuerda que hace unos días se presentó en su local una familia con dos niños que no tenía nada que comer. "Al verlos entrar supe que tenían hambre y enseguida les serví dos Coca-Colas a los pequeños". Luego Rueda les dio de comer e intentó normalizar la situación para que no sintiesen vergüenza. "Esto es lo bueno del café pendiente: que esta familia puede volver y preguntar sin pensar que se aprovechan del bar ni que sus hijos se enteren de que están mendigando comida porque esa comida ya está pagada", reflexiona Rueda.

Tenerife

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