G. REDONDO
SANTA CRUZ DE TENERIFE
La crisis que cierra empresas, hace aumentar el paro y provoca enfado, desesperación y desilusión en infinidad de casas españolas parece que aún no puede con las ganas de fiesta. El municipio tinerfeño de El Rosario celebró ayer su fiesta grande, la romería en honor a Nuestra Señora de La Esperanza, con muchas menos carretas que en años anteriores pero las mismas ganas de disfrutar de los tinerfeños.
Unas 10.000 personas se acercaron al municipio tinerfeño para bailar, comer y brindar antes de que se acabe la fiesta. De las 27 carretas que repartieron vino, papas y gofio el año pasado, este año solo salieron 17. La sombra de la crisis que parece estar detrás de todas las malas noticias no ensombreció ayer la romería de La Esperanza. Y a pesar de que en esta edición salieron menos carretas las que lo hicieron "están más consolidadas", según comentó Ana Lupe Mora, primera teniente alcalde. Como la de La Peña La Verbena, formada por un grupo de amigos, que no paró de repartir chuletas, salchichas, vino y risas durante el traqueteo del paseo calle arriba y calle abajo. Los nueve amigos de esta carreta invirtieron algo más de 300 euros para disfrutar de la romería y hacer lo propio a quiénes acudieron al municipio tinerfeño.
Pasadas las dos de la tarde, la Banda Municipal marcaba el comienzo de la fiesta que llenó las calles de El Rosario de olor y dejó rastro a vino, carne, pan con chorizo, huevos duros, papas, mojo, gofio y ciruelas. También hubo €para los más pequeños€ cotufas que desde hace unos años se han colado en estas fiestas típicas como un regalo un tanto envenenado para el público asistente. Entre las personas que veían el paso de las carretas desde la sombra estaba Clementina Hernández, vecina de La Esperanza, acude todos los años a ver la romería porque hace falta "alegría, hay que salir a divertirse", afirmó, entre risas. Su amiga Benigna de la Rosa, destacó el arte de la fiesta, "son cosas de toda la vida" contó mientras aparecía una parranda cantando "Andrés, Andrés repásate el motor que se te sale el agua por el carburador" y continúa la fiesta.
"Hay menos carretas, menos gente y menos mal que refrescó el tiempo", comentó Domingo Cruz, un lagunero que nunca se pierde la fiesta que llena de alegría El Rosario el segundo domingo de agosto. A pesar de que ayer amaneció la Esperanza con una suave brisa que refrescó las altas temperaturas de días anteriores, el sol se hizo notar por lo que los gorros no faltaron en los atuendos de unos magos, más o menos típicos. Los sombreros de paja, negros y las gorras sirvieron no sólo para cubrirse del sol sino para conseguir más cantidad de carne, papas o pan con chorizo en los viajes hasta las carretas. Los brazos desde las alturas llenaban los gorros con un par de papas y llenaban los vasos salpicando los pies de los asistentes de vino del país y de algo de ilusión extra para continuar tragando las malas noticias diarias.
Con su vaso de vino y con amigos estaba el lagunero José Manuel Sigut que llevaba un gorro negro repleto de amuletos, desde un saco de papas "para que no falten", un escobillón para barrer o la estampita de San Benito, que uno no puedo renegar de su santo y menos en estos momentos. La música también sirve de bálsamo, como bien sabe, Quique Melián que lleva más de 40 años con el mismo laúd recorriendo romerías y dando el cante en infinidad de parrandas. El director de la agrupación Gualhequeya criticó que el fin de fiesta sea un baile con salsa y merengue, donde se olvida la tradición, por lo que fue a buscar donde parrandear en buena compañía. Y que no nos quiten la música.