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SOL RINCÓN BOROBIA
SANTA CRUZ DE TENERIFE
Puerto de la Cruz logró ayer batir el récord mundial de la mayor pella de gofio, una marca que hasta ahora ostentaba la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. La dulce criatura pesó 2.396 kilos, casi 600 más que la realizada en el mes de mayo en la capital de la provincia oriental.
En cuanto el equipo que elaboró esta gran bola supo que había conseguido el récord, lo celebró por todo lo alto: compartiendo la rica masa con los portuenses, que hacían cola para probarla con un plato de paella.
La elaboración de la pella no resultó fácil. El grupo de amigos que se puso manos a la obra con esta iniciativa tuvo que ir de puerta en puerta para pedir la colaboración desinteresada de empresas y particulares.
Además, y para conseguir dinero con el que sufragar los gastos, los responsables de esta idea han pasado la última semana haciendo bolas pequeñas de gofio que repartían entre la gente a cambio de donativos. Y vaya si funcionó. De hecho, bien podría decirse que esta degustación batió otro récord, ya que un ciudadano dio 220 euros por una de esas pellitas.
Dolores García, una de las protagonistas de la jornada de ayer, explicó que la idea de hacer la masa más grande de gofio fue de un amigo, que prefiere guardar el anonimato. A partir de ahí, el proyecto fue tomando forma. Se necesitaron 10 kilos de almendras, otros 10 de manises, 15 kilos de miel de Tenerife, manteca, masa y agua. Según informó esta mujer, todos los molinos de gofio que hay en el Norte han participado gratuitamente, además de los ciudadanos que han tenido a bien echar una mano.
"Han sido 15 días a piñón", resumió esta tinerfeña que, según los cálculos hechos, la pella de gofio que ayer batió el récord tiene un valor aproximado de 40.000 euros. Como no hizo falta utilizar todos los ingredientes, los que sobraron se donarán al Hogar Santa Rita de personas mayores, a los Hermanos de la Cruz Blanca y a una serie de organizaciones no gubernamentales.
El trabajo en equipo fue fundamental para lograr superar la marca mundial. Cada uno de los colaboradores ayudó en lo que pudo, en mayor o menor medida. Entre ellos, destaca Sixto Pérez, propietario de una panadería industrial del polígono de Las Arenas. Este hombre, cansado, sudoroso, salpicado de gofio de los pies a la cabeza, pero feliz, explicó que puso a disposición sus cuatro máquinas amasadoras, que comenzaron a funcionar el sábado a las cuatro de la tarde y terminaron ese mismo día a las once de la noche. Además de él, siete personas ayudaron en esta tarea, ya que había que poner masa en las máquinas continuamente y a pulso.
Pero el esfuerzo mereció la pena. Todos los que contribuyeron acabaron manchados de gofio, aunque alegres y satisfechos. Y todavía les quedaron fuerzas para repartir la pella y paella entre los ciudadanos que se acercaron a celebrarlo.
Los 2.396 kilos de esta gran masa de gofio fueron registrados y certificados por un notario, al igual que todo el proceso de elaboración, para dejar constancia de su legalidad. Ahora, el siguiente paso es presentar el documento notarial al Récord Guinnes, para que a su vez lo inscriba en su famoso libro.
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