GORETTI ALONSO
SANTA CRUZ DE TENERIFE
Cuando a Pedro Pérez-Andreu se le ocurrió crear su fábrica de helados junto a dos amigos nadie pensó en las consecuencias. La principal ha sido el inmenso cariño que durante 50 años exactos miles de santacruceros les han brindado. Los helados California comenzaron siendo tan solo una afición. Su principal promotor era un abogado y militar con una gran devoción por comer helados. Crear esta empresa fue su capricho, una oportunidad empresarial de la que nunca se arrepintió.
El mayor secreto de estos helados es su crema, un producto que se fabrica a diario en una sala donde nadie, solo los privilegiados, puede entrar con una autorización previa y, por supuesto, sin cámaras de fotos. Está patentada y su sabor es inconfundible. Junto a la crema, el otro ingrediente indispensable del que se compone esta empresa es la flota de furgones que se encargan de vender cada día, de lunes a viernes, los helados por toda la Isla. En la actualidad son seis los vehículos de los que disponen. Todos están dotados con la equipación y la maquinaria necesaria para dispensar los helados.
La familia de Pérez-Andreu lo apoyó en todas las decisiones que tomó. Disfrutaban con lo que se hacía en el negocio y tenían claro que todos eran un poco más felices en el momento en el que se comía un helado. Cuando falleció hace 12 años, su hija Anuska Pérez-Andreu decidió emprender la aventura, pidió una excedencia de su puesto como profesora y junto a su marido compró la mayor parte de las acciones de esta pequeña gran empresa familiar en la que trabaja casi una decena de personas en estos momentos.
Aunque a lo largo de estas cinco décadas han intentado innovar se han dado cuenta de que es mejor no hacerlo. Al menos en su caso, han probado a introducir sabores alternativos, como el gofio, pero lo que triunfa en la calle después poco tiene que ver con esas alternativas. Solo disponen de crema de nata, fresa y de ambas combinadas. Junto a estas delicias hay siropes de más de diez sabores, adecuados a todos los gustos: chocolate, plátano, fresa, caramelo...
Esta familia se muestra infinitamente agradecida con el cariño que durante años le ha brindado la sociedad tinerfeña y, aunque la competencia es cada vez mayor, confían en su trayectoria y en su manera de trabajar para seguir estando siempre al pie del cañón. Otra de sus señas de identidad es su rigurosidad. Disponen de toda la documentación necesaria en materia laboral y sanitaria.
"Escucha... ¡California!". Esta es una de las frases más repetidas cuando se escucha en cualquier plaza, barrio, playa o fiesta la melodía de Lili Marleen, famosa canción alemana que cobró fama durante la Segunda Guerra Mundial, que siempre llevan puesta los pequeños camiones de esta empresa. La canción fue escogida desde un primer momento por su fundador. No existe ningún tipo de explicación sobre su elección salvo que la melodía le gustaba, sin más.
Después de 50 años trabajando a pleno rendimiento, dedicados de manera exclusiva a satisfacer los deseos de todos los vecinos de Tenerife, muchos de sus clientes son hijos e incluso algún pequeño nieto de los primeros que probaron los helados California.
Uno de los puntos clave donde nunca falta uno de los furgones de esta empresa es la Playa de Las Teresitas. Hasta hace unos años el lugar donde se paraban a vender su producto era el puesto número cuatro de esta habitual zona de baño. Ahora se colocan, por lo general, en el siete. Sin embargo, todo depende de la demanda y la cantidad de gente que haya en la playa y, al ser puntos de venta móviles, no dudan en trasladarse cuando la necesidad lo requiere.
Cada día le toca el turno a un compañero diferente. Todos los vendedores trabajan por comisión y Las Teresitas en sin duda uno de los puntos más calientes, donde más se vende sobre todo ahora que ha llegado el calor. El resto de lugares varía en función de la época del año: salidas de colegios, el Mercado, el rastro, fiestas de los pueblos, Carnaval, Navidad...
Hoy le toca el turno a Yeray Castro de colocarse en Las Teresitas para vender. Es el más joven, el último que ha llegado a la empresa. Sin embargo, ya es uno más de la familia. Tan solo hace un año que forma parte de este comercio pero ya controla como el que más.
Tanto en la playa como en cualquier otro lugar, los sabores que más triunfan son el vaso de helado de fresa y nata acompañado de sirope de chocolate o de fresa. Esta es la mezcla preferida por los clientes que residen en la Isla y que aprovechan sus momentos de ocio, ya sea tomando sol o durante un paseo tranquilo en cualquier avenida. Los turistas, sobre todo extranjeros, se decantan por el cono solo de nata y sin ningún tipo de sirope. "Ellos preguntan por vainilla, pero a todos, luego, les encanta nuestra nata", explica Castro.
María Oliva, una bañista, lo tiene claro. "Los California son los helados de toda la vida y no creo que conozca a nadie que no los haya probado al menos una vez en su vida", explica esta vecina que al escuchar la melodía característica ha salido de la arena en busca de su refrigerio. Algo similar le ocurre a Daniel Duque, que durante años disfrutó de estos helado que ahora le ofrece a su nieto siempre que puede. "Se nota el sabor de siempre y eso es un lujo que no hay que perderse", explicó.