SANTA CRUZ

Nueva vida para el San Martín

El acuerdo del Ayuntamiento y la familia Baudet para la expropiación del viejo cine por 1,2 millones de euros abre la vía al futuro centro polivalente de El Toscal

 09:49  
Fachada del Teatro-Cine San Martín, en la calle de mismo nombre.
Fachada del Teatro-Cine San Martín, en la calle de mismo nombre. carsten w. lauritsen

NAIMA PÉREZ
SANTA CRUZ DE TENERIFE
En pleno centro de Santa Cruz, en el popular barrio de El Toscal, se erige un edificio, mitad teatro-cine, mitad viviendas, que nació en 1953 en pleno esplendor del boom cinematográfico en la ciudad, una época en la que proliferaban este tipo de salas. Propiedad de los herederos del empresario de cine y teatro Ramón Baudet Grandy, fallecido en 1936, atravesó por un calvario de negociaciones para su adquisición por parte del Ayuntamiento desde que en 1984 cerrara como cine, ahogado por la proliferación de los multicines y los vídeo clubs. Con el anuncio esta semana de la Gerencia de Urbanismo del desbloqueo de su expropiación a cambio del pago en tres veces de 1,2 millones de euros, el futuro de esta instalación, que se convertirá en un centro ciudadano polivalente, parece que empieza a ver la luz.

Existen ciertas dudas en torno al origen del edificio. Alberto Darias Príncipe, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de La Laguna (ULL), escribe en su libro Santa Cruz de Tenerife. Ciudad, arquitectura y memoria histórica (1500-1981) que el Teatro-Cine San Martín fue un encargo de Ramón Baudet Grandy al arquitecto José Enrique Marrero Regalado en 1935. La petición era un edificio "para compartir entre viviendas y un cine en un solar en forma de martillo con frente a la calle San Martín y salida a la calle San Miguel". Sin embargo, el proyecto, añade Darias Príncipe, se quedó algunos años en el estudio de Marrero Regalado y no se retomó hasta 13 años después, ya muerto Baudet Grandy, cuando en 1948 se concretó la idea: se pretendía lograr una sala de espectáculos holgada, con capacidad para entre 750 y 1.000 espectadores, en una superficie superior a los 1.500 metros cuadrados y un presupuesto global de 411.612 pesetas (2.473 euros).

Pero el proyecto era inviable, apunta el catedrático lagunero, pues el edificio no se adaptaba al reglamento de Policía de Espectáculos Públicos de 1935 al tener su salida en una vía de menos de 15 metros de ancho. Así que cuatro años después, en 1952, se hizo el tercer y definitivo intento por sacarlo adelante, con algunas adaptaciones necesarias, esta vez bajo la dirección arquitectónica de Félix Sáenz Marrero, sobrino de Marrero Regalado.

José Ramón Baudet, representante legal de algunos de los herederos en litigio durante años y miembro de la familia, explica que el motivo del fracaso de aquel primer intento por construir el edificio fue el estallido de la Guerra Civil en 1936 y que un año antes, en 1935, el empresario Baudet Grandy había puesto en marcha la construcción de otro de sus negocios: el Teatro Baudet, en la entonces avenida General Mola, hoy de las Islas Canarias.

Sin embargo, esta versión cronológica no la comparte Carlos Baudet Antequera, nieto de Grandy y tío de José Ramón, que hoy habita en una de las viviendas situadas en los altos del Teatro-Cine San Martín. Apunta que el proyecto del San Martín, que achaca a Marrero Regalado, se acometió por primera vez en 1952 y un año después se inauguró. "El solar original era de dos familias y para construir el inmueble, mi abuelo tuvo que iniciar un expediente de dominio, porque los dueños no aparecían", recuerda. Baudet Antequera, empleado jubilado de banca, apunta que el Teatro Baudet ni siquiera pudo inaugurarse en 1935, sino en 1944, una vez pasada la Guerra Civil, y que el San Martín vino después.

Construido finalmente el inmueble, éste quedó repartido de la siguiente manera: los bajos, donde se montó el teatro-cine, dos locales accesorios y tres plantas más un ático con un total de cinco viviendas, hoy propiedad de varios herederos, entre ellos Carlos Baudet, su hija, un hermano y una sobrina. La restante está vacía tras varios años de alquiler. José Ramón Baudet apunta también que el aspecto actual del edificio no es el inicial de 1952, ya que en 1968 se proyectó una ampliación para incluir tres viviendas a las dos iniciales. Añade que el San Martín cerró sus puertas en 1984, ahogado por el auge de los multicines y los videoclubs, además de por la propia localización del inmueble. Sin embargo, Baudet Antequera sitúa su cierre dos años antes, en 1982.

Ya en 1985 el Ayuntamiento decide alquiler el viejo cine para destinarlo a polideportivo y unos años después, entre 1987 y 1988, tal y como apunta Antequera, la Corporación municipal le plantea a sus propietarios que comprarían todo el inmueble, incluidas las viviendas y los locales accesorios, y que además les repondrían las cinco viviendas en otro solar propiedad del Ayuntamiento. "Nos dijeron que para ello teníamos que dejar libres los alquileres que tuviéramos en ese momento y así lo hicimos", recuerda. "Incluso encargamos a unos abogados la elaboración de un documento oficial en forma de convenio con el Consistorio que nos costó 5 millones de pesetas, pero se echaron atrás argumentando que les costaba muy caro construirnos las viviendas nuevas, con lo que tampoco siguieron adelante con la compra del cine". "Nos dejaron literalmente en ropa interior", añade Baudet Antequera, que pidió sin éxito al Ayuntamiento que los eximiera del pago del IBI, una vez que en el Plan General de Ordenación de 1992 se declaró el edificio como zona de equipamiento municipal y ya no podían volver a alquilar viviendas ni tener ingresos por esa vía.

El siguiente PGO, el de 2004, volvía a recoger el uso público del inmueble, por lo que los herederos Baudet tenían que tratar de llegar a un acuerdo para desprenderse del cine. Ese momento parece que ha llegado con el anuncio de Urbanismo de pagar en tres partes (segundo semestre de 2012 y primer y segundo semestre de 2013) un total de 1,2 millones de euros. En realidad, con este paso se procede al pago de una expropiación que se había iniciado pero que no se había pagado.

La solución, en realidad, no es la elegida por los herederos, que habrían preferido un pago único, pero la circunstancias y la necesidad de liquidez de algunos de ellos ha hecho que se acepte la propuesta de división del pago del Ayuntamiento. "Al menos desde que paguen el primer plazo ya serán ellos los responsables de asumir el IBI y el mantenimiento", apunta Carlos Baudet. El largo proceso terminará previsiblemente este mes cuando se dé el visto bueno a estos pagos en el Consejo Rector de la Gerencia de Urbanismo y el edificio pase oficialmente a manos municipales.

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