Santa Cruz

Los herederos de Weyler

El bisnieto del militar que da nombre a la plaza santacrucera critica que se tergiverse su trayectoria

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El bisnieto del que fuera capitán general de Canarias, Fernando Weyler, bajo el Puente Galcerán, nombre puesto por el militar.
El bisnieto del que fuera capitán general de Canarias, Fernando Weyler, bajo el Puente Galcerán, nombre puesto por el militar.  carsten w. lauritsen

YLENIA LORENZO
SANTA CRUZ DE TENERIFE
Fernando es bisnieto de Valeriano Weyler, un hombre "afable que no se andaba con chiquitas y al que le horrorizaban las ostentaciones". Una plaza de Santa Cruz lleva su apellido desde hace 72 años en homenaje a su bisabuelo. Tanto tiempo después, el concejal nacionalista del Ayuntamiento capitalino, Hilario Rodríguez, a través de la Asociación Cultural Secundino Delgado, ha planteado cambiarle el nombre por el de 31 de marzo, porque "la Plaza Weyler alude a un militar cuyos métodos represivos en Cuba inspiraron a los nazis".
Sin embargo, Fernando Weyler defiende que su bisabuelo vino al Archipiélago para luchar por los isleños y sus actuaciones no tuvieron nada que ver con el fascismo. El heredero del que fuera capitán general de Canarias de 1878 a 1883 reivindica la memoria de este antiguo hombre de guerra.
Valeriano Weyler nació en Palma de Mallorca en 1838. Cursó sus estudios en la Academia de Infantería de Toledo. Ascendió a comandante con tan solo 24 años y con esa edad fue destinado a Cuba, que pertenecía a España por aquel entonces.
Lo que se encontró en el archipiélago de las Antillas no fue un campo de rosas. Tuvo que tomar medidas "muy duras que él mismo lamentó, pero lo que caracterizó a este general fue su cumplimiento del deber por encima de cualquier cosa", comenta su bisnieto, uno de los Weyler que quedan en la Isla y residente en Los Realejos. Los periódicos norteamericanos "machacaron" la imagen de Valeriano y aludieron a él como El carnicero. El propósito, según Fernando, era crear un estado de opinión que facilitara a Estados Unidos entrar en Cuba, como acabó ocurriendo luego.
Muchos españoles tomaron su imagen de carnicero. "No oculto que fue muy duro, porque al fin y al cabo Valeriano quería acabar con los suministros de los insurrectos. No tuvo más remedio que despoblar el campo, aunque no tiene nada que ver con los campos de concentración, pues se ha exagerado todo", señala Fernando.
Después de participar en la misión española en la República Dominicana, llega a Tenerife en 1878 como capitán general de Canarias. En este periodo impulsó la construcción del edificio de la Capitanía General €frente a la Plaza Weyler€ y la construcción del Hospital Militar, entre otros proyectos. En ese mismo año, es nombrado teniente por sus servicios a la corona en la última batalla de las guerras carlistas. Debido a un episodio de esta contienda, el propio Valeriano puso el nombre al Puente Galcerán.
Fernando comenta que Valeriano era un hombre que "no se andaba con chiquitas". Era muy recto y tenía claro cuál era su función. Explica que dejó una labor muy extensa por el bien de los canarios porque comprobó que el Archipiélago estaba abandonado. "Canarias fue un destino muy grato para él porque aquí no había guerra".
Cuando cesó en el cargo después de seis años de su nombramiento, se fueron con el agradecimiento de la gente y los medios de comunicación isleños. De ahí que lo nombraran hijo adoptivo de Santa Cruz y que 10 años después de su muerte €en 1930€ le pusieran su apellido a la plaza de la capital tinerfeña.
"Valeriano iba hecho un desastre, con una soga de esparto amarrando los pantalones. Era muy culto y muy estricto. Una vez le regalaron unas palomas mensajeras y cuando un tiempo después le preguntaron cómo estaban, el capitán contestó: Estaban buenísimas", dice Fernando entre risas. "Me hubiera gustado conocerlo".
Nadie se llevaba a engaños con él, ni siquiera sus cuatro hijos. "Mi abuelo le pidió unos pijamas cuando ingresó en la academia militar y él le dijo: Para dormir no hace falta nada más que sueño". "Mi abuelo fue senador, periodista y abogado y, aunque hizo la carrera militar, era más humanista que su padre. Le tocó la lotería y tenía una sobriedad tremenda. No presumía de nada, al igual que mi bisabuelo Valeriano".
"El nacionalismo canario e independentista ha utilizado la memoria del que fuera capitán general de Canarias como el enemigo a batir". "Si quieren convencer de que esa ideología es la mejor vía para el Archipiélago, que lo hagan, pero no a costa de acabar con la memoria de alguien que lo único que hizo fue luchar por las Islas".
Comenta que nunca se sublevó contra el poder establecido y jamás sucumbió a las presiones políticas de ejecutar golpes de Estado, menos con la dictadura de Primo de Rivera, porque decía que los militares estaban para defender a su país y no para estar en el poder. Sin embargo, "dejó una labor muy extensa por el bien de los canarios". "Se trasladó a la Península con la finalidad de buscar los recursos necesarios para sus proyectos y, por aquella época, los viajes eran penosos porque tenías que coger veleros y luego el tren hasta Madrid". Al fin y al cabo, "siempre tuvo al Archipiélago en su corazón".
Valeriano estuvo 77 años al servicio del Ejército. Falleció a los 92 años "padeciendo todo tipo de enfermedades y atentados". El 70% de su fortuna fue donada al Estado. La generación Weyler se fue con el general, pero en 1959 el padre de Fernando regresó a la Isla gracias a las historias que le contaba Valeriano de Tenerife.
"El pasado 5 de abril se cumplieron 134 años de la llegada de don Valeriano Weyler y Nicolau a Canarias como capitán general". Así comienza un artículo escrito por Fernando, que lo único que persigue es que la gente conozca a su bisabuelo. El bisnieto de Valeriano se define como un tinerfeño que vive en Los Realejos, que se dedica al marketing y que no ha heredado grandes cosas. De hecho, "lo que tengo es más bien de mi padre, que era pintor", agrega.

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