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El trampolín de la Conquista

300 hombres al mando del gaditano Fernández de Lugo fundaron Santa Cruz en 1494

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NAIMA PÉREZ
SANTA CRUZ DE TENERIFE
No es la de Santa Cruz de Tenerife la historia de la fundación de una ciudad al uso. De hecho, el lugar en el que desembarcaron por primera vez los castellanos para conquistar la Isla, con el Adelantado Alonso Fernández de Lugo al frente, no tuvo el desarrollo típico de un sitio que se acaba de fundar, al menos hasta siglo y medio después de la fecha que oficialmente se ha establecido como origen de Santa Cruz: el 3 de mayo de 1494.

En realidad, la hoy capital de Tenerife, que ayer cumplió su 518 aniversario, fue la "cabeza de puente", algo así como el campamento base por donde la tropa capitaneada por el militar gaditano desembarcaba los víveres y enseres que necesitaba para su misión. "Fernández de Lugo estaba más interesado en la zona norte de Tenerife, donde sabía que existía una resistencia de habitantes prehispánicos; en el sur estaban de su lado, ya que la población de ese lugar había sido cristianizada con anterioridad por misioneros franciscanos, probablemente hacia 1450". Así lo cuenta Manuel Hernández, profesor de Historia de América de la Universidad de La Laguna (ULL), quien atribuye a la exactitud de esta fecha y de la cruz fundacional una fuerte carga simbólica.

Fernández de Lugo, que había participado en la conquista de Gran Canaria en 1478, había ganado tras aquella contienda algunas de las tierras más fértiles de Agaete, donde había instalado un ingenio azucarero que vendió para financiar la conquista de La Palma (1494) y Tenerife (1496), la última Isla en ser conquistada. Con el objetivo, pues, de anexionar a la Corona de Castilla la última de las Canarias, el militar desembarcó en la zona conocida como Añazo (Santa Cruz), perteneciente al Menceyato de Anaga, en ese mes de mayo de 1494, "aunque hay quienes hablan de abril", aclara Hernández.

Primer desembarco

Se desconoce el punto exacto por el que llegó a Añazo el Adelantado, pero muchos coinciden en que tuvo que hacerlo por la zona comprendida entre el barranco de Santos y el barranquillo del Aceite (actual calle Imeldo Serís, antigua Barranquilla).

El cronista oficial de Santa Cruz de Tenerife, Luis Cola Benítez, baraja incluso la posibilidad de que aquel primer desembarco de unos 300 hombres se hiciera por el Castillo de San Juan, también conocido como Castillo Negro, al otro lado del barranco de Santos, que dividió la ciudad en sus orígenes en dos lados. En cualquier caso, lo que perseguía el conquistador era esa zona idónea, "protegida entre dos barrancos, que le permitiera adentrarse hacia el interior", añade Cola.

Aquella primera incursión de 1494 se topó con resistencia guanche en la zona de Gracia, pero logró seguir hasta Aguere, donde también le hizo frente la población aborigen, con el mencey Tinguaro a la cabeza. El séquito castellano logró proseguir en su ruta hasta el Valle de La Orotava, una zona próspera donde sabían que podían recoger alimentación para la tropa.

Sin embargo, en esta ocasión los guanches dieron la campanada y abatieron al ejército conquistador en la conocida Matanza de Acentejo, precisamente en el municipio que hoy lleva tal nombre. Al Adelantado no le quedó otra opción que retirarse a Gran Canaria para recabar nuevos apoyos logísticos y económicos que le permitieran llevar a buen puerto su objetivo inicial.

Entre esos apoyos estuvo el del duque de Medina Sidonia, que vivía en Cádiz, quien financió parte de la operación militar del conquistador dos años después, en 1496. Entonces, ya mejor equipado, fue cuando la Isla cayó en manos castellanas en una nueva batalla, conocida como la Victoria de Acentejo, también hoy municipio del norte de Tenerife.

Santa Cruz, ese lugar de desembarco en la última Isla por conquistar, contaba a principios del siglo XVI con 350 habitantes, según datos de Manuel Hernández. "No eran los guanches de Santa Cruz una población nómada", añade Luis Cola. Esta pequeña población vivía en cuevas, situadas en los márgenes de los numerosos barrancos, y su actividad principal era la ganadería. Allí crecía una vegetación termófila, entre cuyas especies se encontraban dragos, palmeras, sabinas, acebuches o almácigos. Ya más cerca de la costa se daban especies xerófilas, como las tabaibas o los cardones.

Los castellanos, de hecho, usaron al principio estas cuevas para refugiarse, después de que muchos aborígenes salieran huyendo hacia el interior, a La Laguna. Pero pronto empezaron a levantar sus propias casas. Éstas eran de argamasa, una mezcla de piedras, barro y madera. "No había otro material para hacerlas", aclara el historiador, quien añade que se cree, incluso, que San Andrés y Taganana tenían más población que Añazo, "porque aquella tierra era más apta para el pastoreo".

Santa Cruz creció de forma muy lenta durante los siglos XVI y XVII, años en los que se produjeron no pocos ataques piratas. En 1588, por ejemplo, había 200 casas, la mayoría situada en el margen izquierdo del barranco de Santos. En ellas tenían su residencia marineros, pescadores y algunos agentes de los comerciantes dedicados a la exportación, personas más ricas, que tenían su residencia en La Laguna.

La primera construcción de que se tiene constancia en Santa Cruz fue la ermita de La Consolación, situada en la entrada de tierra donde posteriormente se erigió la primera fortificación (1575), el castillo de San Cristóbal, frente al hoy edificio principal del Cabildo Insular. Para ello hubo que derruir la ermita y trasladarla a la zona donde se encuentra el teatro Guimerá.

Le siguieron la parroquia de La Concepción, en su reducido tamaño inicial, y posteriormente la ermita de San Telmo, que aún hoy sigue en pie junto a la parada del tranvía Fundación (avenida Bravo Murillo). En el siglo XVII se levantaron los castillos de San Juan y Paso Alto. "Estos nuevos fortines hicieron del lugar (Santa Cruz) una plaza amurallada, la primera de Canarias", afirma Hernández.

El despegue

No fue hasta el siglo XVIII, cuenta el profesor de la ULL, hasta que se estableció la Intendencia General de Canarias (1718) –institución con competencias exclusivas en materia fiscal y económica–, que Santa Cruz no inició un desarrollo destacable, "la verdadera fundación del lugar", afirma el historiador. El crecimiento de la población fue entonces destacado: en 1739 se contabilizaba a 6.000 personas y en 1768, a 7.300, convirtiéndose Santa Cruz en la segunda localidad de Tenerife, por detrás de La Laguna.

La actividad prioritaria en los siglos XVI y XVII estaba vinculada al Puerto y al comercio. Desde aquí se exportaba vino y aguardiente a Inglaterra, Brasil y la América española. La localidad creció esos años muy despacio, incluso llegó a perder población a finales del siglo XVII, con la emigración a Santo Domingo, en el continente americano. De esta forma, si en 1676 Santa Cruz contaba con 2.400 personas, en 1707 tenía 1.700 habitantes. A partir de ahí se produjo el verdadero despegue.

Hernández explica que la Intendencia General convirtió el puerto de Santa Cruz en el único de Tenerife para comerciar con América y parada obligatoria de los barcos que volvían del otro lado del Atlántico. El objetivo de concentrar en Santa Cruz el tráfico marítimo con Canarias no fue otro que controlar el contrabando de tabaco, precisamente una lucha que le costó la vida en 1720 al intendente general, que murió asesinado de forma violenta en un motín orquestado por centenares de personas que vivían de ese contrabando. Lo cuenta Manuel Hernández en su libro El motín de Ceballos. Juan Antonio Ceballos, que así se llamaba el intendente, llegó a la Isla para desempeñar un cargo civil con competencias en materia fiscal y económica que hasta ese momento ejercía el Capitán General.

Santa Cruz de Tenerife no obtuvo la consideración de Villa hasta 1803, un título otorgado bajo el reinado de Carlos IV y que le aportaba jurisdicción propia (creación de un juzgado). Hasta ese momento existía sólo un juez de paz y todos los procesos judiciales se celebraban en La Laguna. Ya en 1822, la labor del comerciante, político y pensador José Murphy consiguió para Santa Cruz la designación de capital de Canarias.

Las incógnitas de un símbolo

Los 518 años desde la fundación de Santa Cruz siguen guardando la incógnita sobre la autenticidad de la famosa cruz que parte de la historia afirma que trajo el Adelantado Alonso Fernández de Lugo a la Isla y que clavó en el punto donde surgió el germen de la ciudad. Esa cruz, que procesiona cada 3 de mayo desde 1867, es para muchos uno de los símbolos que se conservan de la Conquista.

Si existió tal cruz es algo que no se plantea Manuel Hernández, profesor de Historia de América de la ULL, quien considera el elemento un simple símbolo. Sin embargo, el cronista oficial de Santa Cruz, Luis Cola, cuenta que durante años aquella cruz estuvo olvidada en la playa donde desembarcó el militar castellano. La recuperó el cura de la parroquia de La Concepción y la colocó en una de las paredes de la carnicería que montó muy cerca de la iglesia para ingresar algo de dinero. En 1740, "el alcalde de entonces, Juan de Arauz, prometió hacer una capilla para custodiarla", apunta Cola. Tras deambular por diferentes lugares de la ciudad, finalmente regresó a La Concepción, donde se conserva hoy.

En sus investigaciones y a través de la superposición de mapas antiguos, el cronista de Santa Cruz considera que el lugar exacto donde se plantó la cruz en el desembarco y se celebró la primera misa está en un solar pegado a la ermita de San Telmo, hoy propiedad del Cabildo de Tenerife. Sobre el origen de la cruz, estima que el Adelantado pudo traerla desde Agaete. "Si pudiera tomar una pequeña muestra de la madera demostraría que está hecha de pino canario", dice.

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