Pendientes del megáfono

Una furgoneta con altavoces avisa de las restricciones a los vecinos de La Victoria

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Equipo de megafonía instalado en un coche municipal para informar a los vecinos de La Victoria.
Equipo de megafonía instalado en un coche municipal para informar a los vecinos de La Victoria.  carsten w. lauritsen

L. DOCAMPO
LA VICTORIA ACENTEJO
La contaminación del agua acaparó ayer todas las conversaciones, disparó las ventas de agua embotellada y complicó bastante el trabajo en muchos negocios de La Victoria, Santa Úrsula y La Matanza. "La gente no habla de otra cosa", admitió Víctor Manuel Afonso, dependiente de la estación de servicio Shell de La Victoria. Mientras rellenaba los tanques de los vehículos que paraban a repostar, Afonso mantenía el oído pegado al 103.4 del dial de la FM "Esta es la radio más escuchada por aquí y la gente quiere saber si puede cocinar o bañarse con esta agua", apuntó el vendedor.
En la otra acera de la carretera general, el bar La Pólvora era un hervidero pasadas las 11 de la mañana. Imanol Hernández no dejaba de despachar cafés como cualquier otro día. "En esta zona no hemos notado nada. El agua sale cristalina y no huele a gasoil, como dicen que pasa en los barrios de la parte alta. Por precaución no servimos agua del grifo a los clientes, pero la estamos usando para la cafetera", explicó el joven.
Por las 26 calles que permanecían sin suministro circulaba ayer una furgoneta municipal con la megafonía a todo volumen informando a los vecinos sobre la prohibición de beber, cocinar o bañarse con agua del grifo. "Debido al vertido de hidrocarburos solo podrá utilizarse para cisternas y limpieza de suelos, hasta nuevo aviso", pregonaban los altavoces.
Sin entender del todo cómo el gasoil pudo acabar dentro de la galería de Pino Soler en los altos de La Orotava, un grupo de vecinos jubilados, algunos de ellos extrabajadores de galerías, debatían ayer las causas y las consecuencias del incidente. "No entendiendo cómo puede caer un bidón de combustible dentro de la galería cuando eso se usa para los motores que están en la caseta. Además, cómo es que cae abierto", se preguntaba Vidal Armas mientras José Hernández confesaba haberse bañado y preparado el desayuno para él y su padre de 83 años con agua del grifo.
"Yo puse el agua al fuego para hacer la manzanilla y no olía a nada. Si hubiera tenido gasolina se hubiera notado", señaló Hernández. Ni Armas, ni Hernández ni Enrique González recordaban ayer que hubiera habido un vertido como este que afectara a tantos municipios. "Al principio pensé que era un sabotaje, pero no creo que nadie entre en una galería que no conoce para hacer algo así. Nosotros por las dudas fuimos a cargar unos bidones a una llave aquí cerca y tenemos reservas por si la cosa se complica", añadió González.
A medida que se acercaba la hora del almuerzo, el trasiego en la casa de comidas Aromas era cada vez más intenso. Para amenizar la espera de sus clientes, Mayerlin Semo sirve cafés Nespresso en tazas de plástico desechables. "Prefiero no usar la del grifo ni siquiera para lavar la loza. Abrí el negocio hace tres semanas y no quiero problemas", apunta la cocinera de este local ubicado frente al Ayuntamiento de La Victoria.
En la calle Barranco Pino, una de la afectadas, Ignacio Afonso aseguraba no haberse enterado de lo que sucedía hasta ayer por la mañana. "Cuando me levanté me lavé los dientes y me di cuenta de que el agua olía mucho a gasoil y, además, no era transparente", explicó. Para abastecerse fue a comprar unas botellas a un autoservicio, mientras que otros vecinos prefirieron ir a una fuente cercana. "Las llaves están sin agua, pero dicen que pasando Santa Úrsula ya está buena", comentó.
En el autoservicio Yanes, del centro de La Victoria, las ventas de bidones de agua se duplicaron durante la jornada de ayer. "Ha venido mucha gente que comenta que está usando agua del grifo para cocinar y la embotellada para beber", apuntaba Carmen Armas.
En el guachinche Casa Vieja, de la calle Pedro Hernández, los turistas almorzaban ajenos al vertido. Enfrente, Cándida Hernández y Adolfo Guzmán descargaban garrafones de su coche. "En mis 60 años no he visto algo igual. Me enteré a medianoche [del jueves] por la megafonía y todavía no me lo creo", recalcó la mujer.

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