ANDRÉS LOBATO
Una jornada festiva, poco más de 65 kilómetros de trayecto y una velocidad media de veinte kilómetros por la hora. Los accesos al pico del Teide se convirtieron ayer en las vías más transitadas de toda la Isla. A la llamada de la nieve, cientos de tinerfeños saltaron como un resorte a primera hora de la mañana y pusieron rumbo a la cumbre más emblemática de Tenerife para disfrutar de una jornada blanca rodeado por los suyos.
El obligado madrugón y la preparación de las vituallas para pasar un largo día en la montaña fueron los prolegómenos de una jornada que a algunos se les atragantó pasados solo unos pocos metros de ascenso. Como hormigas en busca de su hormiguero, decenas de vehículos tejieron kilométricas colas en los carreteras hacia las laderas nevadas de la cumbre. Sin embargo, no todos alcanzarían la meta marcada al inicio de la jornada pese a las incesantes quejas y malas caras de los más pequeños. Ese honor estaba reservado para los más perseverantes y pacientes, aquellos capaces de aguantar durante más de tres y media horas en el interior de sus coches hasta vislumbrar las primeras manchas blancas junto a la carretera.
Los obstáculos para los amantes de la nieve llegaron muy pronto. En las primeras curvas del ascenso desde La Laguna los conductores ya tuvieron la oportunidad de comprobar cual sería la tónica del resto del trayecto. La larga caravana, la circulación intermitente y la escasa velocidad se cobraron las primeras bajas de la comitiva en el cruce de Arafo, donde algunos ya desistieron en su intento de pisar la nieve y tomaron rumbo hacia otros puntos de la Isla para disfrutar el festivo alejados de un atasco que no dejaba de crecer.
"Estamos muy desilusionados por intentar subir al Teide y tener que bajarnos sin conseguirlo, sobre todo por las pocas oportunidades que tenemos al año para tocar nieve", lamentó Isaac Tejera mientras trataba de consolar a la pequeña Samay, de tan solo seis años y que ayer ansiaba construir un muñeco de nieve por primera vez.
Sin embargo, no todos los conductores fueron tan cautos como Isaac. Pese a la prohibición de circular en sentido descendente a partir del cruce de Arafo, decenas de tinerfeños, cansados de no avanzar, hicieron caso omiso a las señales informativas y dieron media vuelta a sus vehículos. La dicha por dejar atrás el atasco les duró apenas unos minutos, ya que en la misma intersección los agentes de la Guardia Civil les informaron que la infracción les supondría una multa cercana a los 500 euros y la retirada de varios puntos de su permiso de conducir.
A los que optaron por continuar la ascensión todavía les restaría más de una hora de lenta circulación y largos parones para dejar atrás la espesa niebla presente entre los pinares y ver las primeras manchas blancas. Con decenas de vehículos estacionados junto a la carretera, el siguiente problema para los tinerfeños fue encontrar el lugar idóneo para estacionar el coche y, posteriormente, dejarse llevar por el encanto de la nieve. Fue entonces cuando la tensión y las malas caras presentes durante toda la ascensión desaparecieron de un plumazo para dejar paso a los bolazos, los muñecos de nieve y los plásticos. "Es un festivo raro, con madrugón, sandwich y tres horas y media de coche y atasco. ¿Merece la pena? Por mí me hubiera quedado en casa, pero por los niños lo hacemos todo. Verles como disfrutan hace que valga la pena", admitió Daniela Barriuso mientras fotografiaba a sus sonrientes hijos sobre la nieve.