DANIEL MILLET
Alfareros, pirograbadores, cesteros, jugueteros, forjadores, carpinteros... En el paseo serpenteante del Parque Etnográfico de este punto en las faldas del Teide hay una representación de prácticamente todas las profesiones que tienen algo que ver con la artesanía popular de Tenerife. En lo alto, mientras, el humo de las barbacoas del guachinche improvisado perfuman el ambiente con el olor a costillas con papas y pinchitos de carne de fiesta, y la música folclórica del grupo Echentive pone el ritmo. Hay hasta un puesto de croquetas, de la marca Mamauca, una empresa del sur de Tenerife que lleva un año y medio abriéndose camino. Están hechas al estilo tradicional canario, como prácticamente todo en los cerca de dos centenares de puestos.
La Feria de Pinolere, en La Orotava, finalizó ayer la edición de su 25 aniversario confirmando con creces que es la exhibición de artesanía más completa de cuantas se organizan en Tenerife. El recinto volvió a llenarse, aunque la distribución y el amplio espacio evitaron un agobio del que, eso sí, no se escaparon los cientos de vehículos que colapsaron la carretera hacia este enclave en las afueras del casco orotavense.
"Está siendo un éxito. La gente ha respondido muy bien, la variedad de productos es importante y se están haciendo muchas compras", dijo Jesús García, gerente de la Asociación Cultural Pinolere, mientras a su lado su hijo Adrián toma las imágenes que luego serán colgadas en la web de la organización y, en frente, el grupo de bailarines con trajes típicos provoca un corrillo con decenas de asistentes.
Un año más los cerca de 20.000 visitantes de los tres días de exhibiciones tenían de todo al alcance: mojos, vinos, dulces, muñecas, bisutería, objetos de barro, helados artesanales para vencer al calor, miel, marroquinería... Por el camino, una exposición sobre el papel del trigo en la cultura de La Palma, exposiciones de fotos o demostraciones de mañas de trabajo, sobre todo en la madera.
Pero hubo alguna pega. María Candelaria Hernández , de la marca de apicultura Tenerife Rural, se quejaba de que las ventas no habían funcionado como otros años. "Pagamos 150 euros por el puesto, pero el sábado no pasamos de los 100. ¿Que si se nota la crisis? Vaya que se nota. Si hasta hubo una crisis con las abejas por las escasas floraciones en la cumbre. Muchas llegaron de arriba muertas", apunta, para precisar que, eso sí, agradece "el fenomenal ambiente" que siempre garantiza Pinolere.
Había artesanos de prácticamente todas las Islas y también de la Península, como Javier Palacios, un maestro de la madera torneada venido desde Asturias. "Es la segunda vez que vengo y repetiré. Me encanta el ambiente que se vive aquí. Realmente he venido a pasarlo bien, más que a otra cosa". En un rellano cercano, Antonio Santana, más conocido como Pichi, hace malabares con un trompo pintado de los colores de Canarias. "El año pasado no pude venir de Gran Canaria. Pero este no me lo podía perder", aseguró en un descanso.