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´boom´ comercial

El desarrollo del casco histórico de Aguere lo convierte en la ´Milla de Oro´ de Tenerife

Los inversores empiezan a hacer cola y se dispara la especulación alrededor de unos locales que se cotizan a un mínimo de 39 euros el metro cuadrado l La peatonalización y el tranvía han sido claves

 16:36  
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Calle La Carrera.
Calle La Carrera.  delia padrón

LAURA DOCAMPO Un entorno monumental, paseantes que inundan las calles peatonalizadas, un ordenamiento urbanístico claro, la conectividad del tranvía, un terreno llano que facilita los paseos, espontáneos que ponen el toque musical... La revolución urbanística que ha sufrido el casco histórico de La Laguna ha traído todo un boom comercial sin parangón en ningún otro lugar de la Isla. Los precios y la especulación de los locales se dispara y la rehabilitación de viviendas incrementa una disponibilidad de metros cuadrados limitada.

El casco de La Laguna se ha convertido en la Milla de Oro de Tenerife, a contracorriente de estos tiempos de crisis, desempleo y cierre de empresas. En la zona comercial, conformada por las peatonales Herradores, La Carrera y San Agustín, la recesión parece haber pasado de largo y hasta hay listas de espera de empresarios dispuestos a invertir lo que haga falta para hacerse un hueco.

Durante los primeros seis meses del año, mientras los carteles de Se alquila proliferaban en los escaparates de otras zonas de compras de la Isla, el área de Urbanismo del Ayuntamiento de La Laguna otorgó 29 licencias de apertura de nuevos comercios en el casco. Aunque la cifra parezca exigua, representa un incremento del 241% respecto al mismo periodo de 2009, en una zona delimitada por tres vías principales de poco más de medio kilómetro de largo cada una. Y es que ni siquiera el elevado coste de los locales ha ralentizado la fuerte demanda que existe sobre las peatonales. Esto ha empujado el precio de los alquileres hasta un promedio de 39 euros el metro cuadrado, mientras en el resto de la ciudad gira en torno a los 13 euros.

Enrique González es un joven emprendedor que acaba de conseguir un local en la calle San Agustín. Pasó meses buscando y se siente afortunado por haber encontrado algo que se adapta a su presupuesto. "Cuando empecé a buscar no había nada en alquiler, excepto algunos locales grandes por los que me pedían entre 3.000 y 9.000 euros mensuales. Eso me desilusionó un poco, porque no me podía permitir pagar eso". "Salía prácticamente todos los días a mirar si había alguno nuevo en alquiler y por suerte, al cabo de un tiempo apareció, uno pequeño en San Agustín", puntualizó. Pagará 700 euros, pero el contrato incluye una cláusula en la que se estipula que una vez que esa parte de la calle sea peatonal pasará a costar 1.000 euros y, además, todos los años tendrá una actualización del 5%, aunque el IPC ni se mueva.

"En el casco no se instala quien quiere, sino quien puede", sentencia Julián González, gerente de la Asociación de Profesionales de la Pequeña y Mediana Empresa de La Laguna, Alapyme. Según él, esta parte de Aguere "ha sido siempre un polo de atracción". Antaño lo fueron por su condición de cabecera de la comarca y sede administrativa del municipio, algo que continúa sucediendo. Pero también fue un paso obligado entre la capital y el norte. Todavía algunos mapas señalan a Herradores como la carretera 820, que en el pasado unía Santa Cruz con Tacoronte. Por ahí también pasaba el antiguo tranvía que enlazaba la capital con Tacoronte. Algo similar sucedía en La Carrera, con el trajinar incesante de carruajes y caballos entre la Villa de Arriba y la de Abajo. "El casco ha sido históricamente el centro de todo y un paraíso para los comerciantes", resume González.

Sin embargo, desde su atalaya en la primera planta de un antiguo edificio de Herradores, el representante de cerca de un centenar de empresarios laguneros señala un punto de inflexión en el devenir de este auténtico boom comercial: "La declaración de Patrimonio de la Humanidad, en 2000, impulsó cambios muy importantes. El principal de ellos fue, sin duda, el Plan Espacial de Protección del Casco".

El Plan es el marco dentro del que se ha diseñado el modelo de urbe en el que se ha convertido el centro de La Laguna. Define esta zona comercial libre de coches y también limita su expansión o la instalación de grandes superficies. El documento propicia la preservación, además, de sus reliquias arquitectónicas, catalogando más de 600 inmuebles, algunos de ellos con cinco siglos de antigüedad. En paralelo a sus estrictas directivas, también ha abierto la puerta a un crecimiento comercial, al permitir por primera vez que los dueños de los grandes caserones que pueblan sus calles puedan cambiar su configuración interior, lo que propicia que muchos de los bajos se puedan convertir en nuevos locales.

Esta flexibilidad fue lo que hizo de la peatonalización "un éxito", según el concejal de Comercio del municipio, Juan Antonio Alonso. El edil apunta que "lejos de convertirse en un museo, la ciudad está más viva que nunca, no sólo en las tres calles principales, sino también en los aledaños, donde el sector de la restauración ha florecido con mucha fuerza".

En el análisis que hace el presidente de Fedeco, Luis de Miguel, surgen varias premisas del porqué de la buena marcha de la zona: "En el centro de La Laguna han creado algo magnífico. Al margen de la belleza del contexto, tienen a su favor que es llano. Eso es muy importante. Lo vemos en Santa Cruz, Icod de los Vinos o La Orotava, donde la gente baja por las calles de tiendas pero, debido a la pendiente de las calles, no sube.
Además, en La Laguna hay buenas infraestructuras, que unidas a otras variables como el hecho de ser una ciudad universitaria le confieren unas características muy propicias". "Nosotros tenemos asociados que nos confirman su buena marcha, pero también somos conscientes de que en otras zonas comerciales del municipio la realidad es diametralmente diferente", precisa.

A lo apuntado por De Miguel, el vicepresidente de la Cámara de Comercio de Santa Cruz de Tenerife y directivo de la Federación de Áreas Urbanas de Canarias (Facua), José Fernando Plasencia, suma otra variable que ha inclinado la balanza: el tranvía.

El impulso dado por este transporte público, que sólo en la víspera de Reyes de este año movió entre la capital y Aguere a nada menos que 64.000 pasajeros, ha cambiado los hábitos de los residentes en el área metropolitana. De hecho, según una encuesta realizada recientemente por la empresa gestora del tranvía, un 23% de los visitantes que utilizaron ese transporte para llegar a la Ciudad del Adelantado no hubiera ido si el tren ligero no existiera.

"La gente va a pasear a La Laguna. Es una urbe señorial con mucho encanto, que tiene una oferta gastronómica muy buena, actividad cultural, peatonales llanas y una densidad comercial interesante", resume Plasencia. Con todos estos ingredientes presentes, encuentra lógico que los locales sean escasos y caros: "Para los inversores, el casco es una garantía. Saben que los clientes potenciales pasarán por la puerta de su negocio, que no tendrán que salir a buscarlos más lejos. Además, al tener un ordenamiento urbanístico definido, también tienen la seguridad de que la competencia se mantendrá más o menos estable. El crecimiento está organizado y la entrada de grandes superficies limitada".

La consecuencia de esto es, según añade Juan Antonio Alonso, "la creación de una poderosa imagen de marca". Para lograrlo, la Administración local ha utilizado fondos propios, insulares, regionales, del Plan E y europeos para obras como el acondicionamiento de las calles para los transeúntes, la mejora de fachadas, las infraestructuras y la señalización, además de la rehabilitación de edificios singulares. "Por cada euro destinado al casco por el Ayuntamiento, calculamos que el sector privado ha invertido entre tres y cuatro. Esa es una de las claves de lo que ha sucedido aquí. El emprendedor asume el coste de instalar un negocio como una inversión, como el coste de oportunidad, no como un gasto. Por eso están dispuestos a pagar precios más elevados y a hacer apuestas más ambiciosas que quizá en otras zonas abiertas".

Con una propuesta diferenciada en cada una de las tres vías principales –que según define Julián González se centra en la cultura, en San Agustín; en la banca, en La Carrera; y en las tiendas, en Herradores–, en la oferta global de esta Milla de Oro prevalecen los negocios tradicionales de ropa, calzado y joyas. También hay grandes franquicias y se espera el desembarco de otras como el emporio Zara. La presencia de estos grandes almacenes funciona también como un reclamo tanto para el turismo interior como para los centenares de visitantes foráneos que recorren la ciudad monumental a diario.

La Corporación local y las asociaciones de empresarios se congratulan de los logros conseguidos en estos años de bonanza. "Nuestra fórmula es estudiada y copiada por otras regiones de Canarias y del exterior", apunta Alonso. La ciudad también fue galardonada, en 2009, con el premio honorífico que concede el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio por la renovación urbana y del pequeño y mediano comercio. Y lejos de acomodarse, dicen seguir buscando nuevas fórmulas para mantener la llama del consumo bien alta. Surgen así iniciativas como la Noche en Blanco –con la que se inaugura la iluminación navideña–, la Ruta de la Tapa, desfiles de moda, concursos de escaparates y otras actividades nuevas que se han puesto en marcha durante el último trimestre de este año.

El futuro de este gran bazar a cielo abierto está por escribirse. Desde Alapyme se señala el sendero de la formación, el marketing y las nuevas tecnologías como el que deberá transitarse de ahora en adelante para seguir en la misma dirección ascendente de la última década. Aunque también los empresarios expresan su temor ante la falta de un proyecto único que defina cómo se seguirá transformando la ciudad y critican, por supuesto, que tampoco exista un cronograma que marque el ritmo de cómo se darán esos cambios.

"Hasta ahora hemos celebrado una fiesta llena de aplausos, brindis y elogios. Pero eso ya pasó. Ahora toca seguir trabajando para afianzar este núcleo comercial que da puestos de trabajo, atrae visitantes y genera riqueza y vida para todo el municipio", afirma González. De momento, una docena de locales permanecen vacíos en la Milla de Oro a la espera de que un emprendedor los convierta en una referencia más del fenómeno comercial más pujante de todo Tenerife.

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