ANDRÉS LOBATO
La publicación de las normas municipales sobre las condiciones de uso de las playas de Santa Cruz pone de relieve la paradoja existente entre las acciones permitidas y en claro desuso, y aquellas que, a pesar de estar prohibidas, son visibles habitualmente en estos espacios. Entre las primeras figura la práctica del nudismo, una actividad que, pese a la inexistencia de una normativa que la acote, cada vez cuenta con menos adeptos en la ciudad.
Entre las segundas se encuentran situaciones como la presencia de animales, los juegos de pelota y la instalación de tiendas de campaña en las playas bajo la competencia municipal. Esta serie de incumplimientos son denunciados frecuentemente por parte de los ciudadanos de Santa Cruz, que sufren la vulneración de estas normas.
Esta relación de condiciones para el mantenimiento de estos espacios establece las medidas de "protección higiénico-sanitarias y aquellas destinadas a garantizar la seguridad de las personas, bienes, el patrimonio común y, en general, evitar molestias a terceros", aunque, en la práctica, casi se podría decir que son el resumen de las conductas que habitualmente se llevan a cabo en las playas de todos los lugares.
Todo lo contrario pasa con el naturismo. Ninguna normativa limita a los amantes de esta actividad llevarla a cabo en la totalidad de las playas. Sin embargo, su número es cada vez menor en la capital y son sólo visibles en Las Gaviotas. Este enclave, tradicionalmente naturista, ha experimentado en la última década un progresivo proceso de textilización. Como consecuencia de ello, el número de bañistas textiles supera con creces a los desnudos, aunque ambos colectivos conviven sin mayores problemas.
Pasear unos minutos por estas playas es más que suficiente para comprobar cómo una buena parte de estas normas se quedan en papel mojado. Uno de los incumplimientos más comunes es la presencia de animales. En Las Gaviotas, a pesar del cártel que informa de la prohibición, basta dar unos pasos sobre la arena para ver a las mascotas corretear junto a la orilla. Esta situación se repite con menor intensidad en la parte final de Las Teresitas, la playa preferida por los santacruceros.
Otra de las normas prohíbe los juegos de pelota u análogos, ya que podrían causar molestias al resto de usuarios. Sin embargo, la orilla de las dos playas anteriormente citadas acogen diariamente decenas de partidos de palas y fútbol.
Del mismo modo, la ordenanza impide la instalación de tiendas de campaña y rulottes, tanto sobre la arena como en sus inmediaciones. Sin embargo, cada día varios pequeños iglúes se reparten por Las Gaviotas y también aparecen caravanas en el aparcamiento de Las Teresitas. El fenómeno toma grandes dimensiones en la carretera que bordea la costa de Taganana, Almáciga y Benijo. Allí, desde el viernes se congregan decenas de personas con sus furgonetas y tiendas, conformando una comunidad que se disuelve el domingo.
Mención aparte merecen los dueños de embarcaciones de recreo que, incumpliendo las normas de seguridad, tienen por costumbre acercarse e invadir las zonas para los bañistas. Esta circunstancia es especialmente visible los fines de semana en Las Gaviotas, cuando las lanchas se aproximan más de lo debido a la orilla, con la consiguiente alerta de los bañistas.
Estas diez normas para el uso de las playas de la capital también establece otros vetos, como la imposibilidad de arrojar basuras, el uso de jabón en las duchas o la limpieza de enseres y otros objetos en el mar. En relación a este decálogo, la concejal de Calidad Ambiental, Sheila Trujillo, afirma que el objetivo es intentar que las playas mantengan su mejor cara. "Son principalmente de carácter cívico. Se intenta que se cumplan de manera eficaz", apuntó para posteriormente añadir que, en su opinión, "mayoritariamente se respetan".
Según explicó, la puesta en marcha de esta ordenanza sirve para despertar "poco a poco" una mayor "conciencia" entre la ciudadanía en aspectos como la limpieza. A su juicio, en la actualidad resulta "difícil" ver elementos prohibidos en las playas como, por ejemplo, los perros o las tiendas de campaña.