SONIA GALDÓN
Entre Ofra y Taco existe un tercer municipio en el que habitan los santalaguneros, con calles de 50 metros en las que los rótulos llevan dos escudos y donde sólo se limpia uno de los lados. Cientos de personas viven en la frontera, en la que se es chicharrero o lagunero sólo por apenas unos centímetros y donde exigir responsabilidades al ayuntamiento de turno o lograr que venga la Policía a resolver un problema se convierte en un conflicto administrativo del que no se libran ni las empresas de coches de lujo.
Cuando dos municipios tan cercanos como Santa Cruz y La Laguna crecen, es inevitable que los barrios se confundan y que los límites municipales se desdibujen, hasta el punto de que cada vez se habla más de Área Metropolitana para referirse a una población creciente que quiere vivir cerca de la ciudad, aunque en un territorio limitado. Dejando a un lado el debate sobre la unificación, la realidad es que las fronteras existen y que hay barrios, calles y hasta empresas que no tienen muy claro en qué municipio están, a quién pagar sus impuestos o a quién pedir una licencia de obra. Los límites desaparecen, pero la administración opera según el trazado de una línea y de la burocracia no se libran ni las grandes empresas.
El gerente del Centro Porsche Tenerife, Gonzalo Delgado, padeció las dificultades de intentar abrir un negocio en la frontera hace sólo dos años y medio. "Tuvimos muchos problemas para pedir las licencias de obras y apertura, y también para poner la dirección, porque no está nada claro en que municipio estamos", señala. La sede de la empresa está en la carretera general de El Rosario, entre Ofra y Taco, junto a las catenarias del tranvía, aunque una línea imaginaria parte las instalaciones a la mitad: una puerta está en Santa Cruz y la otra, en La Laguna.
Para evitar que una sola propiedad tenga que pagar el mismo impuesto dos veces, los municipios se han puesto de acuerdo y se reparten los cobros, por lo que "algunas tasas las pagamos a un ayuntamiento y el resto, al otro", explica Delgado. La administrativa y comercial de la compañía, Mónica Gómez, destaca que esta división también provoca problemas a sus clientes. "Estamos registrados en Santa Cruz, pero los taxistas a veces se niegan a recogernos pues aparece que estamos en el otro municipio y viceversa. Nos insisten en que les confirmemos que no hay problemas, para no tener encontronazos con los de la otra localidad".
Al otro lado de la carretera general, los vecinos de la calle Alegranza también saben lo que significa vivir en una frontera. Muy cerca de la montaña de Taco, sus casas se levantan a los lados de una vía de unos 30 metros de largo, cinco de ancho y que tiene cuatro placas de señalización, la mitad con el escudo de Santa Cruz y las otras dos, con el de La Laguna. Aquí hay menos de 20 viviendas y la línea invisible que recorre la calle las une más que las separa. Teresa Darias reside aquí desde hace más de 40 años. "Siempre he pagado los impuestos en La Laguna y nunca he tenido problemas". Aunque bromea, sus vecinos chicharreros tienen algunos privilegios que no acaba de comprender.
"Antes venía un camión de limpieza de Santa Cruz a baldear toda la calle y, desde que le dijeron que sólo un lado era de ese municipio, únicamente limpia esa mitad. De eso hace ya como un año y, de La Laguna, sólo han venido a barrer". Ramón escucha a su vecina y asiente, pero cree que los privilegiados son los del lado de Aguere. Aunque vive en la acera capitalina, asegura que todos los problemas de su calle se los ha resuelto el Consistorio de La Laguna, tanto que suele recurrir al Foro Ciudadano de la web municipal porque "nuestro Ayuntamiento no nos hace caso".
"Una de las farolas del lado de Santa Cruz llevaba estropeada tres años y, después de mucho insistir, recurrí al Foro, un sistema que funciona muy bien. Tardaron poco tiempo en arreglarla. Lo mismo ocurrió cuando se taponó el alcantarillado y no absorbía el agua de lluvia. Vinieron empleados de La Laguna y descubrieron que toda la tubería estaba llena de arena".
Ramón explica que éste es un barrio muy tranquilo y familiar. De ahí que esté preocupado porque varias personas hayan ocupado una casa que, ubicada al final de la calle, se aprecia en estado ruinoso. "A veces hay problemas; se pelean y queremos evitar que esta zona se convierta en un núcleo de venta de drogas. Pero, cuando llamamos a la Policía Local, siempre nos dicen que llamemos a la del otro municipio porque ahí no tienen competencias". Ante el temor de que sus hijos no puedan jugar en la calle, este vecino ha optado por ponerse en contacto con el Área de Seguridad Ciudadana de La Laguna.
La frontera que separa los dos municipios en la calle Alegranza continúa, en sentido Santa Cruz, por un lateral de Las Moraditas, el barrio de San Matías y la montaña de Taco. Precisamente, en esta zona se está tratando de dar una nueva imagen al barrio y aprovechar los terrenos vacíos para construir un gran parque periurbano. Sin embargo, la obra sigue estancada, pese a la entrada del Cabildo en el proyecto, porque una gran parte del suelo está en manos privadas, hay una cantera de extracción de áridos en la zona y cada mitad pertenece a un ayuntamiento.