MARYORIE GONZÁLEZ
Una calle, un parque o una plaza que lleve el nombre de Pepe Tarrasa. Esto es lo que desean los familiares y amigos de José Rodríguez Rodríguez, el presidente de la Asociación de Vecinos 8 de Mayo que dejó huérfano al barrio capitalino de Ofra tras su fallecimiento el pasado 7 de julio.
Pepe Tarrasa se despertaba todos los días a primera hora de la mañana y tras su desayuno se dirigía a la asociación que presidía. Una vez abiertas las puertas de lo que fue su segunda casa se disponía a ayudar a cualquiera que apareciera por allí. Con una amplia sonrisa y una paciencia infinita escuchaba a todos los vecinos de su amado barrio, hallando siempre las soluciones para cada uno de los problemas que les presentaban los ciudadanos.
"Humilde, cercano, afable, atento, servicial, generoso y sobre todo un luchador". De esta manera lo describen los que compartieron con él muchas de sus jornadas de trabajo en favor de la comunidad. Entre ellos está Carmelo Gutiérrez Hernández, antiguo secretario de la asociación y ahora vicepresidente. Se conocieron desde que eran tan sólo unos niños. "Vivimos momentos maravillosos", comenta Gutiérrez, al tiempo que explica que "los mejores ratos los pasamos juntos trabajando codo con codo en la comunidad".
La propuesta por parte del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife para dedicar una calle a Tarrasa fue acogida por todos sus conocidos con gran entusiasmo. Ahora sólo esperan que esta iniciativa resulte igual de bien recibida en los próximos plenos donde se debata la iniciativa.
El concejal de Ciudadanos por Santa Cruz, Guillermo Guigou, sólo tiene palabras de elogios para Tarrasa. "Para aquellos que le conocimos fue un ejemplo de dedicación a los demás", señala.
Gutiérrez estuvo más de 15 años junto a su amigo Tarrasa trabajando en la asociación. "Aparte de ser mi presidente, es mi padre", comenta emocionado Gutiérrez mientras mira una de sus fotografías.
Llama la atención observar que sus allegados se refieren al "gran Tarrasa" siempre hablando en presente, como si de alguna forma aún estuviera con ellos. Y es que según José María Ponce, yerno de Pepe Tarrasa, "siempre seguirá vivo entre nosotros".
Pepe Tarrasa murió muy joven. Según su yerno, "nos dejó sin previo aviso, demasiado pronto para que el barrio de Ofra se hiciera una idea". Padecía una extraña enfermedad degenerativa y con 68 años tuvo que decir adiós. El barrio de Ofra no se imaginaba que en tan sólo una semana se precipitaría la marcha para siempre la persona que tanto batalló por todos ellos.
Una semana antes de fallecer organizó una macro excursión con el club de la tercera edad del barrio. "Fuimos a playa de Las Américas y a Fañabé. De vuelta, paramos para ver la Virgen de Candelaria", comenta Gutiérrez.
Sus familiares se enorgullecen al recordar que estuvo hasta sus últimos días luchando por los demás. "Organizaba todo tipo de excursiones , talleres y actuaciones que sacaran de la rutina a los residentes del barrio", explica su yerno José María.
La trayectoria de Pepe Tarrasa es de sobra conocida por todos. Fue un hombre muy popular gracias en parte a su labor como feriante durante 14 años. El oficio le llevó a conocer numerosos pueblos de la Isla y a tratar con todo tipo de personas, lo que le aportó un amplio conocimiento sobre sus gentes. Su carácter amigable hizo que entablara numerosas relaciones allá por donde iba. "Nunca dejaba indiferente a nadie, siempre tenía buenas palabras y sabios consejos para todos", recalca su fiel amigo Santiago Gutiérrez.
Su hija Mari Cruz Rodríguez se encuentra todavía muy afectada por la desaparición del líder vecinal. Señala que cualquier palabra resulta pobre para expresar todo lo que siente y lo que significó este hombre en su vida. "Fue el mejor abuelo, suegro, padre e hijo", sostiene. La marcha de Tarrasa ha abierto una gran brecha en el barrio de Ofra. Sus amigos y familiares continuarán con el legado que les dejó, siempre pensando en contentarle. "Esperamos que se sienta orgulloso allá donde esté", comentan.
Defensor de los jóvenes
Pepe Tarrasa luchó por apartar a la juventud de las plazas y parques. Persiguiendo siempre que los jóvenes se dedicaran plenamente al deporte y a la vida sana. Fundó varios equipos de fútbol, kárate, boxeo, baloncesto y hasta de petanca. "Todo con tal de que salieran de esos vicios y tuvieran un objetivo", explica su compañero de la Asociación 8 de Mayo, Carmelo Gutiérrez.
Tarrasa era un hombre netamente entregado al deporte, principalmente al fútbol. Precisamente de este deporte le viene su apodo, puesto que realizó unas pruebas en el equipo de la localidad de Tarrasa, en Cataluña, de donde regresaría poco tiempo después tras no habituarse a esta tierra. "Fue un excelente portero, defendió siempre su portería con todas sus fuerzas", explica su yerno José María Ponce.
Ganó muchos partidos, en otros supo aceptar la derrota. Como buen portero paró los goles más aplastantes que le propinó la propia vida, como el de su enfermedad degenerativa.
Tras su fallecimiento los jóvenes, su otra familia, quedó huérfana. Más de 300 jóvenes que han seguido los pasos de Tarrasa continúan intentando ganar todos los encuentros por muy difícil que se lo ponga el contrincante. Los próximos goles y canastas se los dedicarán a su mentor Tarrasa.
La familia ya trabaja en la asociación que presidió. En la pared principal, un gran mural con la foto de Pepe presidirá la habitación. "Siempre estará con nosotros", recalca su hija Mari Cruz.
El próximo 24 de septiembre Tarrasa cumpliría 69 años. El barrio prepara un homenaje que enaltezca su figura.