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Polizones veinteañeros

Veinticinco inspectores controlan cada día que los usuarios del tranvía validen sus billetes

 13:42  
Un inspector comprueba el billete de uno de los usuarios del tranvía.
Un inspector comprueba el billete de uno de los usuarios del tranvía.  manuel lérida

ANDRÉS LOBATO
SANTA CRUZ DE TENERIFE
Jóvenes por debajo de los veinte años y de ambos sexos. Éste es el retrato de aquellos que pretenden utilizar sin pagar el tranvía que une Santa Cruz de Tenerife y La Laguna y el perfil más buscado por Miguel y Diego y el resto de sus compañeros durante su jornada laboral. Todos ellos integran un grupo de 25 inspectores de Metropolitano de Tenerife que se encarga de velar por el buen funcionamiento del servicio y de luchar contra el fraude en un transporte utilizado diariamente por más de 40.000 personas.

Tanto Miguel como Diego saben que su trabajo no siempre es bien recibido por los usuarios del tranvía, aunque subrayan que su función no se centra en sancionar, sino que, mayoritariamente, informan y atienden las necesidades de santacruceros y laguneros a la hora de utilizar este transporte.

Ambos aseguran que los que pretenden utilizar el tranvía sin pagar son solamente una pequeña minoría y que el civismo y la responsabilidad son las notas predominantes en los cerca de 1.200.000 pasajeros que utilizan este servicio cada mes. De hecho, la media mensual de multas por no validar el billete gira en torno a las trescientas, una cifra ínfima, según indican, en relación con el volumen de clientes. Sin embargo, la influencia de la crisis y la alta tasa de desempleo que afecta al conjunto del país y con especial virulencia a Canarias sí ha provocado cierto aumento en el número de infractores sancionados, pasando de una media de 220 al mes en 2009 a los actuales 300. A juicio de Metropolitano de Tenerife, la empresa gestora del tranvía, la tendencia es que el número de personas que pretenden utilizar este servicio sin pagar y las consiguientes sanciones continúen creciendo durante los próximos meses.

Con muchas horas de trabajo a sus espaldas, Miguel y Diego ya reconocen con un simple vistazo sobre el vagón a los que intentan viajar de forma gratuita en este transporte público. "Hay una serie de signos que les delatan rápidamente. Algunos permanecen todo el trayecto pegados al validador, otros miran con nerviosismo a un lado y a otro esperando nuestra llegada e incluso hay gente que echa a correr cuando ve nuestro uniforme", manifiestan para segundos después añadir que, en su opinión, la inmensa mayoría de usuarios valora muy positivamente su labor para combatir el fraude.

Por ello, tanto Diego como Miguel consideran que el grupo de inspectores no goza de mala prensa entre la ciudadanía tinerfeña. "La gente nos trata de un modo muy correcto y los que no lo hacen son una pequeña minoría", comentan pese a segundos después reconocer que, en ciertas ocasiones, tras pedirle el billete a algún pasajero, éste ha reaccionado con insultos, gritos e incluso con un conato de enfrentamiento físico saldado a la postre con una denuncia interpuesta por los inspectores.

Paciencia y psicología

"No somos policías, sino un grupo de personas que fiscaliza el buen funcionamiento del tranvía y eso hay cierta gente que no lo ve bien", señalan para después subrayar que su labor diaria requiere una alta dosis de paciencia y psicología en el trato con los usuarios "ya que somos la cara visible de Metropolitano".

En su opinión, su labor de control repercute de manera directa en la calidad del servicio de este medio de transporte, así como en la propia seguridad de sus viajeros. "Cuando localizamos a alguien que no ha validado su billete, le explicamos que en caso de accidente el único aval que tiene es el bono a la hora de presentar una reclamación o para acceder a las indemnizaciones derivadas", señalan.

Otra de las situaciones "delicadas" que viven con mayor cotidianidad los inspectores durante su jornada laboral es consecuencia del traslado de bicicletas a bordo del vagón. "El reglamento del tranvía permite que haya dos simultáneamente en la zona reservada para los viajeros con movilidad reducida y carritos. El problema llega cuando alguien pretende subir una tercera bicicleta o no hay espacio suficiente para que viajen junto con los carros y todos intentan que sea el otro el que ceda su puesto", afirman.

Ambos miembros de la plantilla de Metropolitano de Tenerife creen que la solución a estos conflictos, en los que a veces tienen que ejercer como "conciliadores", pasa porque los "usuarios dejen a un lado los piques existentes entre ellos y que hagan un uso cívico de las prioridades" establecidas en dicho reglamento.

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