LAURA DOCAMPO | SANTA CRUZ DE TENERIFE
La apacible tranquilidad del callejón Daniel Fernández del Castillo se rompió este lunes cuando Dácil Castro de Ganzo, una vecina de la urbanización Vuelta de los Pájaros, de 85 años, fue atropellada por un furgón de reparto de alimentos congelados. Las graves heridas que le provocó el vehículo, al hacer marcha atrás sin percatarse de su presencia, le costaron la vida. Pero lejos de ser un hecho aislado, los vecinos denuncian que, a pocos metros, en el paso de peatones ubicado a la salida de la urbanización, "cada día la gente arriesga la vida para cruzar la calle".
Así lo atestigua Daniel Ruano, vigilante de seguridad del centro asistencial de la Mutua de Accidentes, ubicado justo enfrente de la salida de la urbanización. "Todos los días tenemos dos o tres sustos con el paso de zebra. Ayer mismo casi atropellan a un bebé. Un coche frenó, pero el que venía al lado tuvo que clavar los frenos para no llevarse por delante el carrito", detalla Ruano.
Ruano y su compañera de la Mutua Ana María Molina Rodríguez achacan la peligrosidad de esta senda a varias causas: la alta velocidad a la que circulan los coches por la vía, la curva cerrada que hay metros antes del paso peatonal, la pendiente de la zona y el mal estado del asfalto.
"Muchos empleados de nuestra empresa han estado a punto de ser atropellados y también hemos atendido a muchos peatones que han sufrido caídas o pequeños envistes", puntualiza Molina.
Fue justamente el equipo médico de la Mutua, compuesto por tres facultativos y dos enfermeros, el que atendió a la vecina atropellada el pasado lunes. "Fue algo rarísimo, porque el callejón donde sucedió es muy tranquilo. La gente se suele quedar de que no hay acera en el margen donde fue atropellada, pero en este caso hubo mucha mala suerte", apunta uno de los sanitarios que auxilio a Dácil Castro hasta que llegó, veinte minutos después, la ambulancia medicalizada del 112.
La zona residencial de Vuelta de los Pájaros está rodeada por la Carretera General que une Santa Cruz y La Laguna. Los dos pasos de peatones que están obligados a cruzar los vecinos, para acceder a los comercios más cercanos, atraviesan ésta vía, una de las más transitadas del área metropolitana.
Sara Tomás, de 29 años, creció en la urbanización y asegura que "siempre ha sido un problema cruzar la carretera. "Yo recuerdo que cuando era niña pasaba corriendo porque me daba miedo". Muy afectada por la muerte de su vecina, asegura que "la gente mayor no puede cruzar por ahí" porque "los coches salen del semáforo a toda prisa, toman la curva que hay antes del paso peatonal y muchas veces no llegan a frenar".
Tomás también fue testigo de una de estas peligrosas escenas. "Hace poco, a una mujer le pasaron rozando dos coches. Iban tan rápido que se le volaron el pelo. Se quedó pálida, temblando en estado de shock", recuerda.
Alberto Vera González es otro residente del barrio que confirma que "los vecinos temen caminar por la carretera". En este tramo hay acera de un solo lado de la vía y añade:"En el paso de más arriba murió mucha gente antes de que pusieran el semáforo", concluye.
Un barrio con prostitutas, robos y socavón
Los clientes de la cafetería La Antorcha, ubicada frente a la entrada a la urbanización residencial de Vuelta de los Pájaros se lamentaban ayer de la muerte de Dácil Castro de Ganzo mientras leían su esquela en la prensa. "En el momento no nos dimos cuenta de lo que había pasado", dice el encargado del local en referencia al accidente para añadir "aquí hay cruces peligrosos y faltan aceras, pero esos no son los mayores problemas que tenemos".
El responsable de la farmacia Rafael Rodríguez López fue más explicito al señalar la inseguridad y la prostitución como las principales preocupaciones de los vecinos. "La gente se queja de lo avandonado que está todo. Las aceras, la iluminación, el asfalto...Y cada vez que reclaman, el Ayuntamiento y el Cabildo no hacen más que echarse la culpa unos a otros. Hace años que la prostitución ha invadido las calles y siguen ahí. También hay muchos robos. A mí me han robado con armas y cuchillos", confiesa con indignación el farmaceútico.
A todo esto se ha sumado, tras la última tormenta que sufrió Tenerife, el pasado 1 de febrero, un gigantesco socavón al final de la misma calle donde Castro fue atropellada. Los vecinos aseguran que "no deja de crecer", acercándose peligrosamente a una vivienda cercanas. "Tenemos miedo porque dicen que debajo hay un barranco y que toda la calle está en peligro de derrumbe", apunta Sara Tomás. Su casa está en esa misma calle, muy próxima a la vivienda amarilla de la esquina, donde hasta el lunes vivía Dácil Castro de Ganzo.