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Carnaval de Tenerife

Un viaje por el túnel del tiempo de la fiesta

El Carnaval de Santa Cruz no es el más antiguo de la Isla

 
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Durante varios años la Gala de Elección de la Reina se celebró en la plaza de España. En la imagen, preparativos del escenario.
Durante varios años la Gala de Elección de la Reina se celebró en la plaza de España. En la imagen, preparativos del escenario.  La Opinión

VICTORIA CABRERA | SANTA CRUZ DE TENERIFE La Historia del Carnaval es el lema elegido para la edición de 2010 de la fiesta más internacional de Santa Cruz de Tenerife. Pero ¿desde cuándo se celebran en la Isla las carnestolendas?, ¿cuándo se eligió la primera reina del Carnaval?, ¿cuándo y cómo surgieron las rondallas? ¿Y las murgas? Para encontrar las respuestas a estas y otras preguntas, Sergio García, director de la Gala de Elección de la Reina del próximo año, ha tenido que bucear en el túnel del tiempo.

Aunque hoy en día es el más importante, no sólo de la isla sino también de Canarias y España, el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife no es el más antiguo de la Isla. Según los datos recabados por Sergio García, la Isla celebra a Don Carnal desde hace cuatrocientos años, prácticamente desde los primeros asentamientos europeos, aunque no hay constancia escrita hasta el siglo XVII. En sus orígenes, la fiesta estuvo más presente en localidades del norte de la Isla como Garachico, La Orotava, Icod o La Laguna. Santa Cruz era apenas una aldea de pescadores que dependía administrativamente de la ciudad de Aguere.

Durante los más de 400 años de historia de la fiesta en Tenerife, éstas han sufrido prohibiciones totales, parciales, o limitaciones de algunos de sus aspectos, que se alternaban con periodos en los que eran permitidos o, simplemente, se hacía la vista gorda. Tan sólo ha habido dos épocas en la que las carnestolendas se han celebrado con normalidad. La primera, comprendida entre 1852 y 1936. La segunda, a partir de 1960, disfrazadas como Fiestas de Invierno.

Pero pese a las prohibiciones, los tinerfeños nunca renunciaron a celebrar las carnestolendas. Los únicos momentos en que se dejaron de celebrar los festejos fueron en los años de la epidemia de fiebre bubónica y durante la Guerra Civil Española, por razones obvias.

A lo largo del siglo XVIII se prohíben en numerosas ocasiones los bailes populares en las casas o tabernas. Según testimonios de escritores y viajeros, las familias pudientes de la Isla y de la ciudad acostumbraban a celebrar bailes, fiestas y representaciones teatrales al modo del Carnaval italiano.

Entre el pueblo llano, los bailes surgían de forma espontánea. Se formaban parrandas populares en tabernas, casas y calles. También se producían batallas de huevos de talco, de polvos y de agua.

En esa época ya se inician lo que se ha denominado las tapadas. Señoras y señoritas de la época inician esta costumbre para, sin ser reconocidas, mezclarse en las fiestas del pueblo, mucho más divertidas, y, también, para vigilar a vecinos y allegados.

El viejo Carnaval

La influencia italiana permanecerá en el siglo XIX. Las mejores familias realizaban fiestas a las que asistían hasta los comandantes generales. El pueblo seguía celebrando sus fiestas en las tabernas o en las calles. En cualquier plaza o esquina grupos de personas se reunían para cantar y bailar aires de la tierra.

A las tapadas le sucederían las máscaras a base de sábanas o trapos, a las que se conocían con el nombre de zarrapastrosas. Es en esa época cuando surge la broma de ¿me conoces mascarita?, al tiempo que con el abanico abanador se arremetía cariñosamente contra la víctima.

En esta época surgen las comparsas y grupos de máscaras que ejecutan danzas. También son frecuentes las parrandas y estudiantinas y surgen las batallas de serpentinas y los desfiles de camelladas. Las fiestas se celebran con gran animación y brillantez en muchas poblaciones de la Isla.

Se crea la Sociedad Filarmónica que, con Santa Cecilia, la Agrupación del Círculo de Amistad y el Orfeón Santa Cruz introducirán la música lírica en la fiesta. Serán las precursoras de las actuales rondallas.

Espontaneidad y humor

Ya entrados en el siglo XX, el viejo Carnaval alcanza su máximo apogeo, las fiestas y bailes son incontables en Santa Cruz y en otros municipios de la Isla. Las celebraciones en los domicilios particulares y las representaciones teatrales desaparecen. Los huevos de talco, los polvos y los juegos de agua también quedan en el olvido. Las tapadas también pasan a formar parte de la historia.

A principios de este siglo se hacen patentes los grupos líricos con orfeones y rondallas. El primer concurso de rondallas se celebrará en 1910. También se multiplican las estudiantinas, se organizan cosos de batallas de confetis y serpentinas, concursos de disfraces, de agrupaciones, de carrozas y de coches. Las primeras murgas se incorporan a la fiesta en el año 1917. Su humor, sátira y la critica social de sus letras significarán una revolución de la fiesta. En el siglo XX aparecerán también los primeros personajes del carnaval.

En 1935 se celebra la elección de la que se considera la primera Reina de esta popular fiesta. El título de Miss Carnaval recaería en Onagra Lorenzo Díaz, que lució la fantasía Vampiresa 1933.

Será en este siglo cuando el Carnaval se convierta en una fiesta más participativa, popular, alegre y divertida. Todos los estamentos sociales participan en las carnestolendas, bien en las que se celebran en las sociedad o en las plazas y calles de las ciudades.

En 1936 estalla la Guerra Civil y se prohíbe el Carnaval. Acabada la contienda, en 1940, el pueblo se resiste a perder su fiesta y empleando mil argucias comienza a organizar en las sociedades fiestas bailables bajo el anuncio de una reunión o un té. La celebración popular tardaría más en llegar.

Poco a poco, pasando por períodos represivos duros con otros en que se hacía la vista gorda, se va recuperando la fiesta, aunque siguen siendo ilegales.

En la década de los 60 del siglo pasado llega lo que podría considerarse el Carnaval moderno. Se celebra ya casi con total normalidad, aunque siguen sin ser legales. En 1961 la fiesta se celebra con la denominación de Fiestas de Invierno y cuenta ya con un programa oficial de actos.

Es en esos momentos cuando se retoman los actos que se celebraban antes de la Guerra Civil y van apareciendo otros nuevos. Así, en 1962 se comienza a editar el cartel anunciador de las fiestas y en 1965 se inicia la elección de la Reina de las Fiestas del Carnaval.

Surgieron otros muchos grupos que se multiplicarían, añadiendo nuevas facetas a la fiesta. Un aporte importantísimo es el de la música y sones caribeños de las comparsas. Figuras internacionales de la talla de Celia Cruz, que junto a la Billo´s Caracas Boys acuden invitadas a las fiestas y lograron introducir la fiesta en el Libro Guinness de los récords al congregar a más de 250.000 personas en un actuación celebrada al aire libre.

En los últimos años han surgido nuevos actos que han calado fuertemente entre los chicharreros, como es el Carnaval de Día, que se inició hace dos años con gran éxito, y el concurso de La Canción de la Risa que, aunque más minoritario, también ha tenido gran aceptación.
En la actualidad, el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife aspira a conseguir el título de Patrimonio de la Humanidad.

Homenaje a don carnal

Desde el mismo momento en que lo llamaron para proponerle dirigir la Gala de Elección de la Reina del Carnaval, Sergio García tenía claro que quería rendir un homenaje a la fiesta, y la mejor forma para ello era hacer un recorrido a través de su historia. El artista quiere que el pueblo y la misma gente del Carnaval conozca los antecedentes de lo que es hoy una "fiesta única en el mundo por su carácter multicultural". Pero para ello, García ha tenido que realizar un trabajo previo de documentación, recurriendo a libros como El Carnaval: la fiesta prohibida, de Gilberto Alemán; La Historia del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, de Amparo Santos y José Solorzano Sánchez; y El disfraz en el Carnaval, de Isabel Rueda. También ha indagado en alguna tesis doctoral en la que se hace un estudio antropológico de estos populares festejos. "Tenemos que estar orgullosos de lo que hemos creado a través de 400 años de historia", dice García, que se conforma con que 50.000 personas conozcan un poco más de la fiesta.

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