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El día después de la tormenta

´Eso no es un trueno´

 
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Manuel camina entre el agua y el lodo que asolo su vivienda.
Manuel camina entre el agua y el lodo que asolo su vivienda. Delia Padrón

La tormenta sufrida en el norte de la Isla ha dejado miles de vecinos afectados. Cada uno con su tragedia personal: animales domésticos ahogados, viviendas anegadas y vehículos enterrados por metros de lodo y escombros.

PEDRO H. MURILLO | LA OROTAVA
El lunes 16 de noviembre quedará marcado en las paredes de miles de viviendas de la zona norte. Los enfoscados, las yeserías podrán reparar los destrozos provocados en las viviendas de los municipios del Valle de La Orotava que se vieron devastadas por una de las tormentas más virulentas desde el Delta. Ese día, el 16 de noviembre, el cielo amaneció extrañamente despejado y hacía un calor picón. Todo ello predecía una tarde lluviosa pero nunca la terrible catástrofe que se avecinó a las 16:30 horas, cuando una tormenta con aparato eléctrico descargó toda su furia en el Valle. Las copiosas precipitaciones, que llegaron a los 100 litros por metro cuadrado, hicieron saltar las alcantarillas y las huertas se anegaron. Los canteros realizaron funciones de presas improvisadas, hasta que cedieron por la fuerza del agua provocando miles de pequeñas riadas. En el barrio de la Cruz Santa, Manuel vive con su mujer y sus dos hijos. Ayer, lo perdió casi todo, cuando una pared de más de cinco metros de agua inundó su vivienda. "Estábamos en el garaje con mi mujer cuando oímos un golpe fuerte. Nos miramos y le dije, eso no es un trueno, así que cogimos a los niños y salimos corriendo", explica Manuel mientras en brazos en jara observa el lodazal en el que se ha convertido su garaje. "Mi vida está enterrada en el barro", dijo llorando, cubierto de lodo. En el caso de Manuel, en tan sólo 15 segundos una tromba de agua anegó el garaje llegando a un nivel de cinco metros de altura, la fuerza del impacto reventó la puerta de hierro de su vivienda y arrastró tres coches. Todos sus animales domésticos murieron ahogados. Lo mismo ocurrió en el barranco El Secadero en donde el agua arrastró más de cinco coches como si "volarán" hasta el cauce del barranco. Nadie daba crédito a lo que sucedía mientras intentaban parar el agua mediante improvisados diques en forma de colchas maderas, carritos de niños y bidones frente a las puertas de sus casas. Cada uno de los afectados miran con agradecimiento a los bomberos que intentan abrir la circulación de las calles y achicando agua de las viviendas, sin embargo la ira no es para el personal de emergencias sino por la pregunta que todos se formulan: "¿Por qué no nos avisaron a tiempo?".

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