Tras la tormenta llegó la calma, pero también el dolor de haber perdido casi todo: electrodomésticos, ganado, animales de compañía, vehículos y recuerdos. Los municipios de Los Realejos y Puerto de la Cruz fueron los más damnificados por las intensas precipitaciones que dejaron 100 litros por metro cuadrado en menos de tres horas. Las localidades de La Orotava, La Guancha y San Juan de la Rambla no fueron ajenas a la tromba de agua. Las carreteras quedaron inutilizadas mientras que numerosas viviendas fueron anegadas por el fango y el agua. Sin embargo, la solidaridad se hizo patente entre todos los vecinos de la comarca del Valle de La Orotava. No faltaron manos para empuñar palas y escobillones, intentando limpiar el lodo que lo impregnaba todo como un manto. La humedad se hacía con los salones de estar, con los garajes con las puertas, algunas apuntaladas tras ser arrancadas por las riadas. Muchas vías secundarias de Los Realejos simplemente dejaron de existir y sólo se podía vislumbrar los márgenes de inmensos lagos de fango. Miles de personas esperaban pacientes ante los cortes intermitentes de la TF- 5 y contemplaban, con la luz del día, una devastación de la que la comarca del Valle de La Orotava tardará en recuperarse.