TERESA NICOLÁS | SANTIAGO DEL TEIDE
Bandos y más bandos de la Alcaldía seguían ayer pegados en los postes de las farolas grises de la calle José González Fortes que conduce hasta el puerto y en una intersección hasta la calle de Los Guíos, que lleva a la playa. A día de hoy maldita para quienes perdieron a sus seres queridos, que probablemente piensen que ahora sobran bandos y antes, cuando el pasado 2 de octubre se cayeron las primeras piedras que avisaban una vez más de un problema remoto en la zona, nada alertó del acechante peligro.
Los pocos turistas que paseaban ayer por la mañana por Los Gigantes y que al final llegaban hasta el fondo de saco de la calle de Los Guíos se econtraban de nuevo con más bandos que informaban de lo siguiente: "Por resolución de esta Alcaldía se decreta el cierre provisional al uso público de la playa de Los Guíos, sito en el Acantilado de Los Gigantes, como medida preventiva para garantizar la seguridad de los usuarios, por el grave peligro de desprendimientos. Queda por tanto prohibido el uso y disfrute de dicha zona de playa hasta nuevo aviso. Lo que se hace público para general conocimiento y cumplimiento, Santiago del Teide, 2 de noviembre". Junto al bando pegado en la valla que impide el acceso total a la playa, velas y flores casi marchitas, pero aún con olor, recuerdan a las dos víctimas del accidente y tras el parapeto , un coche de la Guardia Civil, un camión, y más adentro, ya en la playa, dos palas mecánicas seguían todavía ayer descombrando las piedras y rocas que se deslizaron desde la parte más frágil del acantilado al mar enterrando bajo su peso a las dos mujeres.
Sentados junto a la palmera de la placita al final de esa calle, una pareja de comerciantes comentaba mientras veía el ir y venir de la Benemérita, la Local y personal civil con carpetas bajo el brazo, "el hartazgo" por el abandono que viene sufriendo también el muro de la calle de Los Guíos, que no deja de ser una prolongación más de un acantilado mutilado por el urbanismo salvaje que se aprecia en toda la zona. "Y ahora, para colmo", decían, quejándose por la crisis, "la playa cerrada, cuando ya esto se veía venir", comentaban con enfado entre ellos. Otra mujer de la pequeña calle comercial, empleada de una de las tiendas de esa misma vía, lamentaba la despreocupación municipal que, casi siempre, en épocas de lluvia, se manifiesta con la caída del muro cubierto de plantas. La última vez, indicó "fue en octubre del año pasado, lo que acabó obligando al cierre de la calle. Pero ayer, para que todo luciera, los jardineros del Ayuntamiento plantaban flores de temporada para adornarlo.