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La seguridad en el litoral tinerfeño, a debate

Una bañista sostiene que en la playa no había precinto

Tacha de "indignante" que se hable de lo ocurrido "como si la culpa fuera de los muertos"

 
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Una testigo vio a varios menores junto al muro sepultado antes del desprendimiento.
Una testigo vio a varios menores junto al muro sepultado antes del desprendimiento. Manuel Lérida

BLANCA SALAZAR | ARONA Una usuaria de la playa de Los Guíos que el domingo estuvo tomando el sol bajo el acantilado hasta apenas 15-20 minutos antes de que un desprendimiento de rocas provocara dos víctimas mortales, tacha de indignante que "encima de que han muerto, algunos hablen del tema como si la culpa hubiera sido de las fallecidas por imprudentes" y asegura que, en contra de lo que han dicho algunos políticos y el socorrista de la playa, la zona limítrofe al acantilado afectada por los derrumbes "no estaba precintada, ni había ninguna señal que indicara peligro ni en ningún momento en las horas que yo estuve allí el socorrista alertó de que podía haber desprendimientos".

Esta bañista, que ha preferido ser identificada solamente como M.H., indica que ella y tres amigos más tenían sus toallas junto a una papelera que luego desapareció bajo las rocas, que eligieron esa ubicación "porque había sombra" y que, además, en esa zona de baño había otras dos amigas con sus niñas "que se fueron justo antes del desprendimiento porque habían ido a dar de comer a sus hijas" y otra amiga que estaba con su madre "y que sí presenciaron el accidente".

Y reseña que todos ellos "pueden dar fe de que la zona no estaba acordonada" y que el único precinto que había "estaba enrollado en cuatro varas de hierro que había a un lado de la playa y que, lejos de indicar peligro, creo que eran las cintas que se habían usado el día anterior para impedir el acceso al mar, ya que el sábado había unas olas impresionantes". Añade que el socorrista mantuvo la bandera roja en la playa hasta el mediodía "y a lo que se dedicó fue a reprender a quienes se acercaban a la orilla del mar, algo en lo que debimos fijarnos prácticamente todos los usuarios de la playa porque en realidad el mar estaba bueno y, de hecho, sobre las dos puso la bandera amarilla, supongo que porque se dio cuenta de que estaba haciendo el ridículo con su exceso de celo por prohibir el baño". Esta usuaria de la playa aporta ese dato como ejemplo "de que igual que nos fijamos en esas advertencias contra el baño, nos hubiéramos dado cuenta si hubiera avisado en algún momento de que nos podía caer una piedra encima".

Comenta que, por todo ello, "me da tanta rabia que se diga que las fallecidas fueron imprudentes" e insiste en que "para ser imprudente hay que exponerse a un peligro evidente, o saltarse alguna prohibición o advertencia expresa" y en este caso "no había nada de eso".
Cita también el hecho paradójico de que el domingo ella optó por ir a la playa "porque había algo de mar de fondo y podía ser peligroso salir a navegar en barco", anécdota que cita "porque fíjate, yo creí que estaba siendo prudente no saliendo navegar y resulta que casi me caen rocas encima".

Shock. Al preguntarle qué le pasó por la cabeza al enterarse de lo ocurrido, manifiesta que estaba en la zona portuaria tomando una cerveza cuando oyó las sirenas y cuando vio aterrizar un helicóptero de emergencias "y primero creí que podía haber algún ahogado; cuando me enteré de lo ocurrido entré en una especie de estado de shock que pasó a preocupación ante la duda de si a mis amigos les habría pasado algo".

Una vez que comprobó que sus conocidos estaban bien, vio las primeras imágenes del desprendimiento "y al ver que yo unos minutos antes había estado justo ahí, en un lateral de las rocas más grandes, entré en una especie de estado catatónico que supongo que será el normal cuando te percatas de que has estado tan cerca de la muerte". E incide en que luego iba iba recordando, por ejemplo, que bajo el acantalidado "había varios niños de 12-14 años con sus buguis apoyados en parte del muro" que quedó sepultado.

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