HARIDIAN DEL PINO | LA LAGUNA
Escondido detrás de la iglesia y entre los bloques de viviendas de la urbanización de Padre Anchieta se encuentra el comedor social de San Juan. Su ubicación y, el día a día, pueden llegar a impedir que muchos transeúntes se percaten de su presencia, así como de la importante y silenciosa labor que, cada día, desempeñan las 25 voluntarias del comedor pero "siempre hay alguna mano más que viene. Estaremos en torno a las 40 voluntarias" que dedican un ratito de su tiempo a la solidaridad, explicó la responsable del comedor de San Juan, Isabel Laver.
Este comedor, que empezó siendo un comedor escolar pero, con el paso del tiempo, se decidió convertirlo en un recurso para las personas necesitadas, atiende a unos 80 usuarios, una cantidad que se ha visto duplicada en los últimos meses. De hecho, Laver comentó que "en agosto acudieron 92 personas".
Unos cinco kilos de grano es lo que se gasta cada día en preparar la comida. Las cantidades del resto de los condimentos que llevará ese plato caliente "dependerá de lo que tengamos", asegura la responsable para añadir que "todos los días tenemos dos platos y el postre. Si tenemos fruta, la ponemos; si no, hacemos batidos". Hay veces que, incluso, se da "el milagro de la multiplicación de los panes y los peces porque hay días que puede llegar a sobrar la comida", explicaron.
En cuanto a los usuarios, los responsables aseguraron que "acuden más hombres que mujeres y son los mayores los que ponen tranquilidad entre los usuarios más jóvenes", que pueden ser más conflictivos.
Aunque el comedor cerrará sus puertas estas Navidades, Laver aseguró que "les facilitaremos unas bolsas con alimentos para que pasen esas fechas".