VICTORIA CABRERA | SANTA CRUZ DE TENERIFE
E l Parque Marítimo de Santa Cruz fue la última obra diseñada por César Manrique. Juan Alfredo Amigó y Juan Luis Olcina fueron los ingenieros que dirigieron los trabajos, que se iniciaron en el año 1993, unos meses después del fallecimiento del artista lanzaroteño. La empresa que realizó las obras fue Dragados y Construcciones. La idea de crear un espacio de ocio junto al mar en Santa Cruz nació mucho antes. En un primer momento, se sugirió construir un parque marítimo en la dársena exterior del Puerto capitalino, ya que ésta tenía defectos en la construcción que la hacían impracticable para la actividad para el que se había creado. En aquellos momentos, la autoridad portuaria se negó a ceder los terrenos, pero la idea ya había calado hondo en la ciudadanía y en los representantes municipales.
Manuel Hermoso, en su época de alcalde, fue quien dio el impulso definitivo al proyecto que hoy conocemos. Tras rechazar, por insuficiente, una parcela en las proximidades de la citada dársena, consigue unos terrenos en la zona de Cabo Llanos. Se trataba de una zona degradada. Juan Alfredo Amigó recuerda así el estado del solar: "Había basura por todas partes; ratas, carrozas de Carnaval y camiones viejos abandonados, una perrera...". Y añade: "Aquel lugar pasó de ser lo peor a ser una de las mejores zonas de la ciudad, se convirtió un basurero en un jardín".
En el proyecto del Parque Marítimo primó el respeto por el entorno y la armonía con la naturaleza canaria que caracterizan los trabajos de César Manrique. Consta de cinco partes diferenciadas: la zona del Castillo Negro y la Casa de La Pólvora; los solarios y piscinas, el restaurante la Cascada, el estacionamiento de automóviles y el Palmetum.
Amigó y Olcina tuvieron que desarrollar la idea sin contar con el consejo del artista, al que, por otra parte, conocían bien, ya que habían trabajado con él en otras ocasiones. "César pudo ver la maqueta del proyecto terminada y asistir a la colocación de la primera piedra", dice Amigó, quien rememora las dificultades que surgieron al aparecer petróleo en el subsuelo. "Hubo que hacer un dique de contención especial en el Castillo Negro", asegura el ingeniero, que explica también que el foso que se hizo en esta emblemática edificación no existía originariamente, pero sí fue sugerida por César Manrique. Amigó destaca también la obra de la plaza del Castillo Negro, que se realizó a base de "piedra, madera y flores".
El parque en sí tiene más de 41.000 metros cuadrados de superficie, en los que se encuentran más de 10.000 metros cuadrados de piscinas de agua salada y 22.000 metros de solarios. El recinto también alberga restaurantes, gimnasio, ludoteca, jacuzzi de aguas termales, zonas de entretenimiento para niños, instalaciones deportivas e incluso una pequeña playa recuperada del abandono. Los solarios y piscinas se proyectaron teniendo en cuenta las características de su entorno. Y, cómo no, el Castillo Negro fue uno de esos referentes. Sobre las piscinas, Juan Alfredo Amigó resalta que su gran tamaño no se debe a que estuviera pensada para albergar un importante número de bañistas, sino que se buscaba "crear una imagen espectacular, con esa lámina inmensa de agua azul".
La piedra y la madera son los materiales protagonistas de toda la construcción, junto con el blanco, elemento característico de la obra de Manrique. En el parque hay bastantes zonas hechas con piedra tallada: las murallas, las garitas, las puertas en forma de arco... Pero los enclaves más importantes están integrados por piedras en estado natural. En toda la superficie del solarios podemos encontrar agrupamientos de rocas basálticas. Junto a la piscina más grande podemos ver una extensión de lava negra que invade parcialmente sus límites y entre cuyas grietas se desliza una cascada. Amigó resalta lo delicado que resultó el trabajo en esta zona en concreto, ya que hubo que colocar unos pilotes, porque los terrenos no eran firmes, puesto que era donde estaba el basurero.
Juan Alfredo Amigó también resalta la espectacularidad del Palmentum, cuya obra aún no se ha culminado, pero que ya cuenta con 300 especies de palmeras diferentes. Sólo para la primera fase del proyecto, la que corresponde a las piscinas, solarios y la playa, hubo que realizar en aquellos momentos una inversión cercana a los 12 millones de euros, dos mil millones de pesetas, que salieron de las arcas municipales, insulares y regionales y, principalmente europeas (fondos Feder). Una cantidad todavía superior sería necesaria par culminar el proyecto, la gran plaza cultural de entrada –que integrará el Castillo Negro, la ermita de Regla y la Casa de la Pólvora– y del Palmetum. Destacable fue la actuación del alcalde de Santa Cruz José Emilio García Gómez, en el proceso inicial de consecución de fondos , y en los trámites burocráticos y políticos que fue preciso realizar para la buena marcha de la obra, cuya primera fase se inauguró en 1995, hace ahora poco más de catorce años. En un principio, el parque se concibió para el ocio diurno, aunque con el tiempo fue derivando también hacia actividades nocturnas.
Al acto inaugural, que se realizó el 6 de febrero de 1995, asistieron numerosas autoridades nacionales y locales, entre las que cabría destacar a Manuel Hermoso, en calidad de presidente de la Comunidad Autónoma; Adán Martín, presidente del Cabildo tinerfeño en la época; el presidente de la Autoridad Portuaria, Pedro Anatael Meneses; y el secretario de Estado para los Servicios del Transporte, Manuel Panadero, entre otros. En su discurso, el alcalde, José Emilio García Gómez, dijo que "la ciudad, que ya es europea, ha vuelto al mar por donde nació hace quinientos años".
Tras las palabras de apertura del acto, las autoridades accedieron hasta el interior del recinto donde descubrieron una placa con el nombre del diseñador del proyecto, el artista lanzaroteño desaparecido César Manrique, para quien Hermoso y García Gómez tuvieron palabras de recuerdo.
En aquellos momentos, la prensa veía el Parque Marítimo de Santa Cruz como una apuesta de futuro. Sin embargo, 14 años después, las piscinas se encuentran cerradas al público y deteriorándose a pasos agigantados por la falta de uso. Problemas con la gestión del recinto y denuncias por la celebración de eventos ilegales han llevado a que estas instalaciones, tan necesarias en una ciudad que, aunque está en el litoral, vive a espaldas de éste, se encuentren en esta situación.
La Fundación recabará información
Si César Manrique levantara la cabeza, probablemente se llevaría un disgusto al ver el Parque Marítimo de Santa Cruz cerrado y deteriorándose por el abandono. Al menos así lo cree Fernando Ruiz, conservador jefe de la Fundación que lleva el nombre del fallecido arquitecto lanzaroteño, de renombre internacional, quien asegura que ha tenido conocimiento de lo que sucede con el complejo de piscinas de Santa Cruz de Tenerife recientemente, por las informaciones aparecidas en los medios de comunicación, pero que no tiene detalle exacto de la situación.
Fernando Ruiz considera un atrevimiento ponerse en la piel de César Manrique para decir lo que sentiría el escultor ante la situación del Parque Marítimo. "Imagino que no sería plato de buen gusto" para el escultor ver cerradas una de sus obras, manifiesta, y añade "no sería de su agrado" y los ciudadanos de Santa Cruz, que tanto le querían, "lo saben e imaginan su disgusto".
Fernando Ruiz sabe que ha habido problemas de gestión, asunto en el que no entra, pero reconoce que en estos casos el patrimonio siempre resulta afectado. Ruiz añade que la Fundación César Manrique "recabará información" de la situación en que se encuentra el Parque Marítimo para conocer el alcance de ese deterioro y si éste afecta o no a la obra del desaparecido arquitecto.
Hasta ahora "nadie se ha puesto en contacto con nosotros", asegura el conservador jefe de la fundación, quien considera que si hay que hacer alguna intervención que afecte al proyecto original de Manrique, lo razonable es que se consulte a la fundación. Finalmente, Fernando Ruiz añade que en este caso concreto, al no estar declarado el complejo de piscinas Bien de Interés Cultural, "poco puede hacer la Fundación desde el punto de vista jurídico", aunque –añade– "lo lógico es esperar que las administraciones protejan su patrimonio público".
Colas en la apertura
El Parque Marítimo de Santa Cruz de Tenerife abrió sus puertas al público por primera vez el miércoles, 8 de febrero de 1995. Más de mil personas estrenaron las piscinas. La prensa de la época se hizo eco del acontecimiento en sus portadas, en las que incluyeron también imágenes de los primeros usuarios de las piscinas, muchos de los cuales hicieron cola para entrar al recinto desde las diez de la mañana. Los medios de comunicación destacaban en aquel entonces que la satisfacción general y la tranquilidad habían sido las notas dominantes del primer día de apertura de las instalaciones de este centro de ocio e informaban que en el mismo estaba prohibido llevar plátanos, aparatos de radio o cassettes, balones, botellas o sándwiches. José Acevedo y su esposa Aída Pérez fueron los primeros clientes que pisaron el recinto diseñado por el artista lanzaroteño César Manrique y recibieron de manos del Alexis Aldana, jefe de personal de la empresa concesionaria de los servicios, un obsequio que consistía en un ramo de flores, una bolsa deportiva y una toalla. También recibieron un bono para poder acceder gratis a las instalaciones durante un mes. En aquellos momento se anunciaban visitas gratuitas de escolares al parque, la creación de un carnet para jubilados y la emisión de tarjetas mensuales y quincenales, con descuentos. El precio de la entrada era de 200 pesetas, y el resto de los servicios (tumbonas, sombrillas, guardarropa) había que pagarlo aparte. Entre los numerosos usuarios que se acercaron al parque el primer día se apertura se encontraba el alcalde, José Emilio García Gómez, quien manifestaba a los periodistas que no había ido a bañarse, sino a "curiosear" y comprobar "si la gente empezaba a venir y cuál era su comportamiento." En aquellos momentos, las instalaciones se reducían a las piscinas y la playa, aún no se había acondicionado el entorno del Castillo Negro, ni se había realizado el Palmetum.