NOÉ RAMÓN | SANTA CRUZ DE TENERIFE
omo expertas cupletistas que mantienen en vilo a la audiencia hasta el clímax de su interpretación, Guillermo Guigou y Ángel Isidro Guimerá no dejaron entrever su posición sobre la moción del PP para rescindir los locales del Parque Bulevar hasta el final. En su primera intervención, Guigou desveló un poquito de la pierna y un poco más de la mano, pero no acabó de dar a conocer sus intenciones. Daba igual y él lo sabía. Al final, el resultado estaba amañado. Ciudadanos podía lucirse con su habitual discurso sobre la coherencia porque el alcalde ya había decidido que al final iba a hacer lo que quisiera. Para ello, días antes había llevado a la Junta Local de gobierno el contrato de alquiler de las oficinas. Apelando al carácter ejecutivo de esta decisión, luego intervino en el pleno con un gesto realmente poco tranquilizador para decir que la decisión última recaería en los miembros de la Junta de Gobierno. O sea, él, las pocas veces que va, y cuatro tenientes de alcalde más. A partir de aquí, se destapó una comedia de enredo con personajes que entraban y salían del salón de plenos con gesto airado y voces grandilocuentes. El asunto Parque Bulevar es un clásico del Ayuntamiento. Estas oficinas son propiedad del empresario Antonio Plasencia y su alquiler durante los últimos tres años –sin tener ningún tipo de uso ni ocupante conocido– ha sido largamente denunciado por la oposición y especialmente por Ciudadanos de Santa Cruz cuando eran claramente eso: oposición. Ahora están en un limbo político desde el que pueden disfrutar de lo mejor de los dos mundos con el permiso del alcalde, al que no parece importarle que habitualmente le dejen en evidencia delante de toda Santa Cruz. Parecía que Zerolo se había adaptado perfectamente a no ejercer el poder absoluto pero parece que no es así. Cuando acabó una nueva votación, que no le resultó desde luego nada favorable, anunció con gesto desencajado que la palabra última la tendría él. Muchos presuponían que Guigou babearía ante la posibilidad de instalarse en unas lujosas oficinas de más de 500 metros cuadrados con apenas 15 funcionarios a su alrededor. O lo que es lo mismo, una especie de despacho oval diseñado para Obama. Pero el concejal optó por la coherencia. Término harto ambiguo. ¿Qué es más coherente? ¿Refocilarse en un error o enmendarlo? ¿Cobrar dinero de un lado –no digo si mucho o poco– y morder luego la mano que te da de comer? ¿Pensar una cosa pero votar lo contrario? La verdad es que el debate cuasifilosófico daría mucho de sí. Para los concejales, ser coherentes es mantener siempre y en todo momento la misma posición por mucho que cambien los tiempos y dé vueltas la rueda del devenir. Ser inmutable a uno mismo. En este entramado a veces descuella el portavoz de Coalición Canaria, José Alberto Díaz Estébanez, en quien se adivina un poso de culpa en sus palabras y especialmente cuando sale en defensa del alcalde. Y más aún después de que cesara a Llanos, en lo que parece que tuvo mucho que ver. Durante el debate de la moción del Parque Bulevar, Zerolo intervino con un tono didáctico para esbozar la pequeña pero entrañable epopeya del éxodo de los funcionarios al extrarradio en medio de mil lamentaciones y golpes de pecho. Buscando un lugar donde descansar sus huesos después de ser desalojados de la tierra de promisión de General Antequera. En el debate incluso intervino Esther Sarrautte . No se sabe muy bien lo que dijo pero lo cierto es que debió de ser muy convincente porque fue la única vez que el portavoz socialista, José Ángel Martín, se quedó sin capacidad de respuesta. Tras la denuncia de alcaldada y de comparar a Zerolo con el inmortal Cantinflas por su capacidad para defender una cosa y la contraria, el orden del día se quedó en los huesos. A los vecinos se les arrebató la posibilidad de saber qué ocurrirá con la moción socialista en la que se pedía cumplir la sentencia que anuló la compraventa de la playa. La familia del concejal Ignacio González revoloteó todo el rato sobre el salón de plenos. Primero fue por una sugerencia de la concejal del PP Maribel Oñate manifestando sus dudas sobre si el concejal podía participar en la votación del Parque Bulevar dada las vinculaciones empresariales de Plasencia con González. La respuesta del concejal fue inmediata y acalorada, como en sus mejores tiempos. Pidió respeto para sus ancestros de los que a veces se aleja y a veces recurre según soplan los vientos. Curiosamente, cuando Llanos dijo que unos datos sobre la Refinería se los había pasado la Cámara de Comercio que preside su padre, el concejal lo desmintió al rato tras hacer una llamada fugaz. ¿Quién se puso al teléfono?