MELANIE REIRIZ (IDEAPRESS) | SANTA CRUZ DE TENERIFE
Pocos laguneros saben que en el Archivo Municipal de La Laguna están conservados los libros de privilegios aprobados por varios monarcas tras la Conquista, entre las que destacan las consideraciones adoptadas por Carlos III para Tenerife el 14 de diciembre de 1762, un documento que ha formado tanta parte del desarrollo de la Isla que puede considerarse como parte del origen del conjunto de peculiaridades económicas y fiscales de las que disfruta Canarias en la actualidad y que se han ido conformando a lo largo de los siglos en función de las necesidades insulares.
La lucha por obtener privilegios para la Isla de los diversos monarcas que rigieron el país a lo largo de los siglos ha dejado como legado un conjunto de documentos muy bien conservados en el Archivo, entre los que destaca este libro en concreto al preservar en su totalidad su aspecto original, incluido el sello de plomo con la imagen de Carlos III que los demás volúmenes, también conservados en estas dependencias del Ayuntamiento de La Laguna, perdieron con el paso de los siglos.
En sus inicios, muchos privilegios tenían como objetivo facilitar el aumento de población insular, por lo que los vecinos de La Laguna y los del resto de la Isla se vieron poco a poco exentos de pagar "pechos y tributos" durante 25 años a partir de la conquista. Al término de ese plazo, suplicaron una prórroga, que fue aprobada sucesivamente por otros monarcas como Felipe III, Felipe IV, Carlos II, Felipe V, Fernando VI y, por supuesto, Carlos III, quien reflejó los privilegios concedidos en un documento realizado completamente a mano en el que destacan, a primera vista, sus trabajadas ilustraciones y su colorido. Está confeccionado en vitela, uno de los mejores pergaminos que existen, proviene del estómago o piel del becerro abortado o no nacido. Sobresalen sus adornadas letras capitulares que inician cada capítulo de este documento que, el 14 de diciembre de 1762, reflejó la voluntad del monarca en aquel momento.
En parte, además de por los cuidados que se les presta en el Archivo Histórico de La Laguna, estos documentos han llegado hasta nuestros días porque, tal y como explica el profesor de Historia Moderna, Oswaldo Brito, en la edición actual impresa y comentada de este libro, impulsada por el Cabildo de Tenerife y el Ayuntamiento de la ciudad de Aguere, a la Isla no se le exigió la aportación de los documentos originales de los privilegios a ratificarse por la Cancillería Real por el temor a su desaparición en su transporte a la Corte a través de una peligrosa travesía marítima.
Las primeras concesiones que se lograron, y que tuvieron mucha repercusión en La Laguna como sede del Cabildo de la época, se cernían, según el profesor Vicente Suárez Grifón, principalmente sobre objetivos administrativos, económicos y militares. Pero la singularidad acabó por convertirse en una constante histórica de tal modo que, en el inicio de cada reinado, representantes de la Isla acudían ya por costumbre al rey a solicitar que, a cambio de su fidelidad, les guardase y confirmase sus privilegios y cédulas reales que les habían sido concedidas desde los tiempos de la conquista. Entre ellos, los de más importancia eran los relacionados con el sistema fiscal y mercantil. Por este motivo, la Isla disfrutó de un sistema fiscal privilegiado, caracterizado por la casi total ausencia de impuestos interiores de naturaleza indirecta, lo que permitió a La Laguna especialmente el comenzar a crecer y desarrollarse. Pero también se tuvieron que pagar donativos que permitieron no sólo la continuidad de los privilegios fiscales y mercantiles, sino la perpetuación y consideración como rentas propias del cabildo de aquellos arbitrios concedidos para la recaudación de dichos donativos.
Privilegios iniciales
La Isla contó desde muy pronto con privilegios generales que afectaron al sistema de fiscalidad y régimen económico aplicable a la misma, así como privilegios específicos, con un alcance jurídico más limitado y una temporalidad más incierta. La Laguna, como capital, fue una de las más beneficiadas por esta circunstancia. De hecho, ya en 1496 comenzaron las concesiones temporales, que se hicieron perpetuas a partir de 1528. Algunos de los más importantes fueron el privilegio de examinar a los candidatos a escribanos, con carácter indefinido, alcanzado en 1510. En 1520 el Cabildo, todavía en La Laguna, fue dotado con unas sustanciales rentas, sin duda, las más importantes del Archipiélago.