NOÉ RAMÓN | SANTA CRUZ D E TENERIFE
En los jardines de Santa Cruz de Tenerife han proliferado setas tóxicas de la especie chlorophyllum moeybdytef. Las esporas de estas setas llegaron en la tierra importada desde Estados Unidos que se ha utilizado para el césped de las zonas verdes de Santa Cruz. Tal y como indica el micólogo Ángel Bañares, se trata de una especie exótica propia de los climas tropicales, o lo que es lo mismo precisa de grandes cantidades de agua y de mucho sol. Lo primero lo obtiene del riego frecuente de estos espacios y lo segundo viene garantizado por las altas temperaturas de Canarias. Por ello su aparición ha menudeado, durante las últimas fechas.
El peligro es que resulta muy dañina para los animales y los niños y es posible que se den casos de intoxicación. Además, puede ser ingerida por aquellos que no conozcan del peligro que entraña. Este problema se ha localizado también en otros puntos del Archipiélago, como el Sur de Gran Canaria y en La Palma. Como se puede apreciar en las fotografías, se trata de una especie cuya cabeza oscila entre 7 a 20 centímetros de diámetro que al principio es globosa y después aplanada. Tiene una base bulbosa y un anillo móvil. Ha aparecido en Canarias en terrenos de cultivos y zonas verdes especialmente en enclaves urbanizados.
Curiosamente su longevidad puede alcanzar hasta cientos de años y puede producir millones de esporas. No ha proliferado más ya que cuando se cortan los céspedes desaparecen. El propio Bañares ha elaborado un informe a petición del Gobierno de Canarias para conocer el impacto que puede tener esta especie.
Erradicación. Bañares indica que el método de erradicación conlleva eliminar completamente su sustrato y en especial los gramones americanos, pero dada su posible existencia fuera de las zonas verdes y su medio de reproducción es prácticamente imposible erradicarla del todo, pues las setas no son más que frutos del hongo. Se puede inhibir su proliferación a través de fungicidas aunque nunca se destruirá totalmente. Durante las últimas fechas de verano han crecido a causa del intenso calor.
Envenenamiento
La primera vez que se detectó la presencia de esta especie en Canarias fue en el año 1992, no obstante tras conocer que había llegado a través de la tierra que se utiliza para el césped vía Estados Unidos, se sospecha que el origen puede remontarse a hace tres décadas. Las causas de la introducción son involuntarias y a través de jardines particulares cuyos propietarios adquirieron este tipo de tierra. Se advierte que el riesgo que puede implicar sobre las especies endémicas, nativas o introducidas es el envenenamiento especialmente sobre los animales de pequeño tamaño y también se han dado casos entre los niños. Así, en el estudio elaborado por el micólogo Ángel Bañares se indica que se trata de una especie tóxica para el hombre, pudiendo ser mortal si se consumo en grandes cantidades, agravado por el hecho de su frágil confusión con otra comestible presente en Canarias como es la C. rhacodes. El autor apunta que se conoce el efecto tóxico sobre pequeños animales de otros países. No se dispone de información concreta sobre la situación legal de las especies afectadas o que tenga incidencia en las protegidas, endémicas o raras de Canarias.