ALMUDENA CRUZ | SANTA CRUZ DE TENERIFE
La Fundación Cristino de Vera vivió ayer su puesta de largo y, como no podía ser de otra forma (pese que la presencia de los Reyes desató el inevitable y habitual bullicio en los exteriores de la casona de la calle San Agustín) fue el pintor el verdadero protagonista de un acto en el que Don Juan Carlos y Doña Sofía prefirieron mantenterse en un segundo plano.
Para el Premio Canarias, uno de los artistas más universales con los que ha contribuido el Archipiélago en los reglones de la historia del arte, quedó el honor de compartir con sus ilustres invitados las dependencias recién estrenadas de la que desde ahora será testigo de su inigualable legado pictórico y su incomparable herencia cultural y filosófica.
No obstante, y pese a la abrumadora y más que numerosa presencia institucional, con la mayoría de los altos cargos del Gobierno de Canarias, Cabildo de Tenerife y de la corporación lagunera, fue el propio artista el que ejerció como maestro de ceremonias. También estuvo presente en el acto de inauguración la Ministra de Ciencia y Tecnología, Cristina Garmendia, que acompañará a los Reyes, hoy, en la puesta en servicio del Gran Telescopio de Canarias (GTC), en La Palma.
Fueron muchos los interrogantes que se plantearon en la improvisada sala de prensa que los responsables de seguridad de la Casa Real habilitaron en el que se convertirá pronto en el centro de documentación de la Fundación. Preguntas que los protocolos de seguridad que, forzosa y lógicamente, acompañan siempre a los miembros de la Familia Real, no permitieron solventar.
Los periodistas presentes en la ceremonia siguieron la visita a través de un monitor de televisión que no dejaba escuchar las, seguramente, hermosas palabras que Cristino de Vera le dedicó a Doña Sofía. Lo que sí que se intuyó, y para eso no hacía falta el sonido, es la estrecha relación que une al artista con la reina. Los gestos, las miradas y el interés más que pantente de la Reina, apasionada confesa por el arte, fueron pruebas más que suficientes.
De Vera, por su parte, estrenó su fundación como quien estrena un nuevo hogar, con el deseo de compartir y acoger, con la evidente súplica de hacer valer ese silencio con el que tanto premia y que tanto aprecia. El silencio es -sin duda- uno de los legados de este artista, el silencio que ayer rompieron la algarabía de los gritos de los espontáneos y los saludos de los invitados pero que reinará, desde hoy, en la Fundación Cristino de Vera.
El pintor, Premio Nacional de Artes Plásticas, guardó su discurso vital del tumulto y le dedicó más atención a los cuadros. Frente su obra gesticuló, sonrió y bromeó, junto a los Reyes, con ojos nuevos e ilusionados. Y lo logró, fue el protagonista aun sin pretenderlo, como siempre, sin forzar atenciones ni dirigir el acto. Fue el protagonista porque es él el que ha llenado de arte, con su generosidad, las paredes de una casa que muestra -desde hoy- ciento nueve obras que son prueba y testigo de la factura del tinerfeño desde 1957 hasta 2007.
Mientras, en el exterior, los espontáneos esperaban un saludo de los Reyes, muchos de ellos -probablemente- no estaban al corriente de la genialidad ni la filiación de ese hombre espigado y tremendamente cercano hasta que el presidente del Cabildo de Tenerife, Ricardo Melchior, lo presentó en alto. Él no quiso hacer excepciones y se hizo acompañar, como siempre, por su inseparable e inconfundible sombrero negro.
Ajustado al guión
El acto fue rápido, medido al milímetro, y transcurrió según lo previsto por los organizadores, con celeridad y sin que la intervención de los Reyes se extendiera más allá del típico y repetido gesto de descorrer la cortina que cubría una placa conmemorativa. El texto que dejará para el futuro la constancia de una inauguración que, pese al protocolo y la seriedad del acontecimiento, se desdibujará pronto para dar paso a lo realmente importante: a las ideas, al sosiego, al "bálsamo del silencio" que tanto promulga el artista.
En el medio, dos discursos, el sincero y cercano del presidente de CajaCanarias, Álvaro Arvelo, que volvió a dedicar unas cariñosas palabras a un artista al que ha acompañado durante años en un camino que culminó ayer en la inauguración de un espacio "para las preguntas, para el debate", como ha asegurado el máximo responsable de la entidad de ahorros en numerosas ocasiones.
El patio central de la Fundación Cristino de Vera y las cinco salas que acogen la obra donada por el pintor tinerfeño, espera ahora a que lleguen los verdaderos invitados, los que aprenderán con y de Cristino de Vera. Verán, con suerte, si se atreven a emplear el suficiente tiempo y a olvidarse de los viejos prejuicios , que el legado del artista va más allá de su obra, que el edificio que ahora lleva su nombre pretender ser también expresión de su filosofía.
"Gracias por acompañar a este viejo pintor"
Las primeras palabras de Cristino de Vera en su recién inaugurada fundación fueron, ayer, para Juan Cas y Domingo Pérez Minik. "Gracias desde el interior a todos, a personas como Juan Cas y Domingo Pérez Mink, que seguro que me acompañan desde el invisible espacio en el que habita su espíritu". Y es que el artista siempre rinde especial homenaje a las personas que, personal o espiritualmente, han pasado por su vida y han dejado una huella que valora como imprescindible. "No soy más que un minúsculo eslabón en la cadena de todos los seres que he conocido", aseguró durante su discurso en el que no faltaron, tampoco, una referencia a los maestros intelectuales del pintor tinerfeño: "la sagrada quietud de Zurbarán, la obra de Van Gogh, la vida de Cezànne, el éxtasis del color del barroco. Que sus nombres suenen aquí, su presencia invisible estará hoy, seguro, en la caricia de vuestros sentimientos. Gracias por acompañar a este viejo pintor en este día", concluyó.
"Este patio busca ser plaza del pensamiento"
El presidente de CajaCanarias, Álvaro Arvelo, fue el encargado de abrir el breve turno de intervenciones y quiso, para la ocasión, agradecer "la presencia de sus Majestades los Reyes en nuestra intensa tierra". No obstante, pasó rápidamente a reconocer, en su discurso, la labor del pintor tinerfeño. "Todos somos deudores de los esfuerzos y desvelos de este artista, que ha elegido los caminos menos transitados del arte, ha elegido la soledad, que le ha protegido del ruido de su tiempo", aseguró el presidente de la entidad de ahorros.
Volvió, además, como ya hizo la semana pasada en la presentación oficial de la Fundación con los medios de comunicación de la Isla, a insistir en la vocación de un espacio que no nace, asegura, como un museo al uso. "Éste es un espacio de preguntas, este patio busca, con humildad, convertirse en una pequeña plaza para el pensamiento. La arquitectura es apenas un sólido telón de fondo para el espacio de silencio que albergará la obra del artista", explicó para, después, concluir diciendo "Cristino, te aguardan los que bien te quieren".