ANA MARTÍNEZ | CANDELARIA
Como es parte de la tradición en estos casos, la salida de la Morenita de su Basílica acumuló un poquito de retraso. De hecho, fue casi una hora y a las ocho de la mañana el trono aún andaba por delante del Ayuntamiento de Candelaria. Afortunadamente, la primera parte del camino era un buen tramo recto y llano en el que la comitiva pudo marchar a buen paso ya que, todo hay que decirlo, tampoco es que hubiera mucha gente en el paseo de Las Caletillas obstaculizando el paso.
Sin embargo, lo malo comenzó en cuanto hubo que virar para subir junto al hotel Tenerife Tour, una pendiente que se las trae y que ya empezó a provocar los primeros resoplidos entre los caminantes. Aunque pudieron reponerse un poco en el tramo siguiente (donde incluso una guagua del Imserso tuvo que esperar para salir desde el Punta del Rey), la cosa no hizo más que empeorar después de cruzar la autopista por el puente de Caletillas. La Cuesta de Las Tablas de convirtió en un suplicio para decenas de personas que no aguantaban el ritmo marcado por el vehículo de la Virgen y el intenso calor que hacía ya hacia las diez de la mañana.
Muchos -incluso los que habían venido de promesa desde algunos municipios del Sur o incluso desde puntos tan apartados de la Isla como Buenavista del Norte- iban en la avanzadilla concentrados en su propio paso. Pero muchos otros, entre ellos numerosas personas mayores que por nada de este mundo querían perder de vista el manto verde que cubría a la Patrona, no fueron capaces de resistir y se quedaron por el camino. A la llegada al cruce de Barranco Hondo, donde se hizo el traspaso del bastón de mando entre el alcalde de Candelaria, Gumersindo García, y el de El Rosario, Macario Benítez, incluso el trono tuvo que hacerse a un lado para dejar pasar a los servicios sanitarios que trasladaban a gente a la carpa de Cruz Roja allí instalada. Y la indignación de muchos peregrinos era casi un clamor. "¡Esto es denunciable!", comentaban algunos vecinos de Candelaria que venían haciendo el recorrido, "las ambulancias no daban abasto para recoger a la gente que se iba cayendo". Paqui, en bastante buena forma física, comentaba que nunca le había pasado nada igual. "Otras veces esto ha sido un paseo ideal; una peregrinación. Hoy está siendo una carrera contrarreloj".
No obstante, las paradas previstas se desarrollaron con normalidad -en El Rosario hubo baile típico y Chago Melián interpretó el Ave María en El Chorrillo- y tanto García Trujillo como Macario Benítez se mostraron emocionados. "Ella se va de embajadora y las semanas siguientes a su vuelta viene hasta más gente", dijo el alcalde candelariero. Benítez indicó que "la vez anterior hacía 300 años que no venía y fue un acto grandioso, para el recuerdo". Y no faltaron los momentos emotivos, como la presencia del prior de la Basílica, aunque en silla de ruedas, o de algunos peregrinos que parecían no tener límite de energía a pesar de ir con muletas. Ni los cantos alrededor de la imagen.
Para cuando Miguel Zerolo tomó el relevo en El Humilladero, la comitiva había recuperado casi media hora, pero Cruz Roja había atendido ya a 50 personas y trasladado a tres al hospital de La Candelaria, una de ellas tan mal que llegaron a temer "no poder reanimarlo". Pero son cosas del camino y cuando al fin la Virgen llegó al cruce de Taco, todo el mundo la esperaba ansioso en la calle. Con toda la ilusión.