14 de enero de 2017
Amalgama

Personas electrónicas

14.01.2017 | 02:32

El Parlamento Europeo dispone de un Informe sobre las Personas Electrónicas que justifica, en base al desarrollo actual de la Inteligencia Artificial, que los robots o máquinas inteligentes coticen a la Seguridad Social y paguen impuestos. El camino de destrucción de puestos de trabajo con la extensión de las nuevas tecnologías está adquiriendo tal velocidad que, al igual que con el envejecimiento de la población y la inversión de la pirámide de edad, la presión sobre la caja de la Seguridad Social, encargada de prestar servicios a quienes pierden el trabajo y a quienes se jubilan o prejubilan por esta causa, es tan grande que, evidentemente, se está considerando a las máquinas inteligentes como sujetos pasivos de imposición tributaria y social. En la Deusto Business School se opina en contra de esta solución presupuestaria, y en palabras de su director de programas, David Ruiz, "los robots no quitan empleo, el hecho de intentar que paguen a la Seguridad Social para reemplazar la cotización de las personas a las que sustituyen es una hipótesis que no está demostrada", y teme que este gravamen desincentive la innovación, de forma que es mejor incentivar fiscalmente la Investigación y el Desarrollo, en lugar de hacer recaer gravamen sobre los robots. Ruiz de Olano compara lo que está pasando con lo que ocurrió en otro momento histórico en el que surgieron las máquinas, en la época de la Revolución Industrial, las cuáles quitaron trabajos a ciertos operarios, pero lo dieron a otros, y es de esperar que hoy en día, los actuales y futuros robots quiten trabajo a ciertas personas, pero lo den, por ejemplo, a quienes tienen que mantenerlos, tanto en su software como en su hardware. El cálculo de Ruiz de Olano es muy superficial, porque podría ser que la capacidad de los robots para sustituir gran porcentaje del trabajo que se hace, prácticamente dejaría labores para unos pocos gestores humanos, una vez la robotización inteligente se popularice. De hecho, otros expertos opinan lo contrario, por ejemplo, Gayle Allard, del IE Business School, quien prevé de esta megamecanización robótica, tres consecuencias, a saber: mayor desigualdad a consecuencia de que el trabajo humano dejaría de ser intensivo en los procesos productivos, y el capital tendería a prescindir máximamente de él, con lo que colateralmente implicaría de precarización del trabajo humano por poca demanda; por otra parte, la clase media se reduciría y habría menos dinero para gastar; y finalmente nos encontraríamos ante una menor recaudación. El informe de la Unión Europea define la persona electrónica como la que es capaz de adquirir autonomía mediante sensores o a través del intercambio de datos con su entorno, además de poder analizarlos, de tener capacidad de aprender a partir de la experiencia y la interacción, y capacidad de adaptar su comportamiento y acciones al entorno. Se incorpora, incluso, una personalidad jurídica para la persona electrónica, de forma que se le da derechos y se le carga de obligaciones, con inclusión del deber de reparar los daños que puedan causar. En los antiguos códigos de justicia militar se condenaba a semovientes o máquinas de guerra por dolos causados en el desempeño de sus actos propios. La generación de un sujeto pasivo humano para la aplicación de la justicia pareció ser un adelanto conceptual en la maraña de los justiciables. Pero ahora parece, o bien que hay nuevos sujetos justiciables que hacen competencia al humano, o bien, que el derecho se sale del sujeto humano y envuelve a las máquinas inteligentes que crea, tal vez porque ya se sospecha de ellas como con capacidad de emanciparse y adquirir conciencia propia. Todo se define siempre perfectamente cuando la tributación aparece por la puerta, pues es el microscopio más preciso para detectar a los sujetos conscientes, que son siempre aquellos que pagan.

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