19 de noviembre de 2016

Batman no apareció cuando le dieron la paliza a Dini

El guionista de animación cuenta con personajes de comic la superación del asalto callejero que sufrió en los noventa

19.11.2016 | 02:35
Paul Dini, junto a la imagen del Batman de la serie animada que le dio fama. Debajo, viñetas del guionista convaleciente junto al superhéroe.

Una noche de 1993 Paul Dini fue a cenar con Vivian a un restaurante de Los Angeles. Dini era guionista en la exitosa serie de animación de Batman que estaba haciendo Warner Bros. Vivian, "la chica de sus sueños", era una actriz joven y guapa que hacía películas acabadas en números romanos rodadas directamente para videoclub. Dini había sido un niño neoyorquino friki amenazado por los abusones, consolado por miles de horas de dibujos animados. Pero en ese momento era un tipo de 36 años que trabajaba todo el día y pretendía irse a la cama con la guapa actriz segundona que aspiraba a que aquel gordinflas de gafas le presentara a Steven Spielberg y soñaba que después de aquel encuentro su carrera cogiera un impulso meteórico.

La cena no acabó como esperaba Dini.

Vivian parloteó sobre ella misma de la entrada a los postres, citó a su amigo (¿amigo?) Mitch, un fotógrafo de Entertainment weekly que le hacía retratos, le dejó una cinta de vídeo para que se la hiciera llegar a Spielberg y dejó claro a Paul que era "muy mono" y que lo quería solo como amigo. En la calle, Vivian se ofreció a llevarle en coche pero Paul le dijo que prefería ir andando. Caminó en sentido contrario a su casa, para sugerirle que tenía otro plan. En su paseo nocturno vio venir a un par de jóvenes con sudadera deportiva. Dini se dijo: "No seas el capullo que cambia de acera solo porque ve a un par de tíos negros".

Recibió una paliza de seis páginas. Le fracturaron la nariz, le destrozaron el arco cigomático, le magullaron la cara, el torso, el muslo izquierdo. Al cirujano le llevó horas reconstruir los huesos de alrededor del ojo con la ayuda de clavos una pequeña placa de metal.

Esta paliza, sus antecedentes y sus consecuencias es lo que cuenta Dini en Noche oscura (ECC Cómics), subtitulado una historia verídica de Batman y dibujado por un estupendo Eduardo Risso (Córdoba, Argentina, 1959). Batman y verídico, superhéroes y biografía, personajes de ficción multinacionales y experiencia personal traumática: estamos ante una historieta transgénero que utiliza personajes de comic-book y un relato de novela gráfica.

Batman y sus enemigos están en el monólogo que construye Dini para explicar lo que sintió esos días, incluida la vergüenza por el chiste amargo en el que un guionista de Batman sea asaltado, pateado y atracado por un par de delincuentes comunes sin que se presente "el señor de la noche" en su auxilio. Dini cuenta que los personajes de ficción se mudaron a su cabeza en la infancia, cuando la realidad resultó desagradable respecto a los dibujos animados.

La lectura es transgénero porque el guión a veces se comporta como un Batman de Alan Grant y a veces como el Maus de Art Spiegelman. Hay testimonio y sinceridad pero también una forma de narrar según las convenciones del relato mainstream de cómic o de cine. La estructura del guión es convencional y parte de la argumentación del relato también: en parte, porque Dini recibió psicoterapia desde chaval y aplica el método que lleva a las respuestas de profundización y, en parte, porque responde correctamente a muchas de las convenciones ideológicas que conocemos por Hollywood pero no están entre las nuestras. (De momento, aquí la gente lamenta que dos desconocidos le hayan dado una paliza pero no tiende a culparse por no haber tomado las precauciones y haber dejado traslucir vulnerabilidad con su actitud corporal. Tampoco lo siguiente suele ser acudir a una armería para comprar una pistola. Nuestra organización familiar y social no dejaría el camino tan expedito hasta la barra nocturna donde entregarse a la bebida solitaria. De momento).

Con un caso argumental de novela gráfica, Dini hace un relato en las convenciones del comic-book del mainstream, muy ingenioso en la aplicación "verídica" del Jocker, Dos Caras, Poison Ivy y en la aplicación y explicación de la realidad por medio de un mundo ficticio cerrado, y muy lejos de los episodios biográficos de Harvey Pekar en American Splendor, por poner otro ejemplo de habitante en la misma sociedad que utiliza otro método narrativo y otro estilo dentro del comic-book alternativo. (Por cierto, mainstream o indie, Batman y American Splendor forman parte de DC Entertainment, una de las empresas de Warner Bros, propiedad de Time Warner).

Con sus recuerdos y sus superhéroes, Dini cuenta los miedos médicos y sociales que siguieron, los consuelos amistosos, la caída de autoestima, la crisis creativa y laboral, la depresión, la reflexión, la curación y la recuperación. Se llega un poco cansado a las últimas páginas de esta historia -no podría ser de otra manera- de superación.

En su género, Dini ha sido siempre en la buena ola. El galáctico George Lucas le contrató en 1984 para trabajar en las series animadas Ewoks o Droids, dos derivados del imperio Star Wars. En Batman creó a Renée Montoya, una policía hispana, quizá la primera lesbiana en la ficción de los tebeos superheroicos y a Harley Quinn, la desquiciada y revoltosa enamorada del Jocker con la que hizo en cómic una delicia titulada Amor Loco.

Paul Dini tiene premios Eisner, Harvey, los más preciados de la historieta y premios Emmys televisivos. Como estas historias deben acabar bien sin dejar flecos, Paul Dini está feliz en su matrimonio con Misty Lee, una maga y actriz de doblaje con la que comparte dos boston terrier llamados Mugsy y Deuce, también famosos porque fueron tratados por César Millán en uno de los programas de El encantador de perros.

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