13 de abril de 2018
13.04.2018

Una activista que se refugió en Canarias es asesinada por su marido en Murcia

La pareja de la colombiana Doris Valenzuela le propinó varias puñaladas hasta acabar con su vida

13.04.2018 | 11:29
Doris Valenzuela durante la entrevista concedida a LA PROVINCIA - Diario de Las Palmas.

"Por suerte tengo un esposo y unos hijos que me apoyan pero no sucede en todos los casos. Hay compañeras mías que se llevan golpizas de sus propios maridos, en vez de apoyarlas frente al criminal de afuera, tiene otro dentro de la casa también, porque un hombre que golpea a una mujer es un criminal". Quien hace esas declaraciones en una entrevista concedida el pasado mes de noviembre a La Provincia -del mismo grupo editorial que la opinión de tenerife- es Doris Valenzuela, una activista colombiana que abandonó su país huyendo de la muerte, pero el destino hizo que la encontrara el pasado martes en Murcia a mano de esa pareja a la que se refería en una pregunta sobre violecia de género, que le asestó varias puñaladas en plena calle.

Quienes conocieron a Doris Valenzuela, de 39 años, aseguran de ella que era "una mujer fuerte", incansable, que luchó por la defensa de los derechos de pequeñas comunidades colombianas a través del colectivo Conpaz (Comunidades Construyendo Paz en los Territorios) y del Espacio Humanitario Puente Nayero, organización esta última que lideraba. Las continuas amenazas de muerte, los asesinatos de dos de sus hijos, uno de nueve meses al recibir un disparo en el año 2000 y el otro, de 16, por parte de los paramilitares por negarse a ser reclutado, así como la violación de una de sus hijas; hizo que tuviera que refugiarse con su familia en La Palma durante un año.

Valenzuela nació en Buenaventura, en el Valle del Cauca, en 1979. Con apenas veinte años comenzó a vivir bajo las amenazas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que expulsó a su familia de sus tierras de cultivo para así poder explotar yacimientos de oro. "Vinieron de noche a la casa, me sacaron y quemaron con todo adentro, intentaron violarme y asesinaron en mis brazzos a mi hijo, tení anueve meses, el 21 de septiembre de 2000, a las 22.10 horas; esas fechas no se olvidan", señalaba en la entrevista concedida con motivo de su participación en un prograna de Radio Ecca, en la que explicó su trabajo como activista en el colectivo Conpaz, en el que luchaba para evitar que las comunidades indigenas y afrodescendientes abandonen sus tierras en las que se quiere ejecutar macroproyectos urbanísticos.

Las muertes de sus vástagos no hicieron que abandonara sus tierras. Continuó en la lucha, pero finlamente no pudo más. "El tope fueron los asesinatos de una familia completa dentro del espacio humanitario", recordaba. Y fue entonces cuando se acogió al programa de protección temporal de defensores de los derechos humanos de Amnistía Internacional (AI). En febrero de 2016 comenzó a vivir en Santa Cruz de La Palma junto a su marido y dos de sus tres hijos. Allí comenzó una nueva vida. Y empezó a recorrer las Islas para dar a conocer la lucha de su pueblo contra los paramilitares.

En uno de esos viajes llegó a la capital grancanaria. Participó en un programa de Radio ECCA, donde contó cómo fue perseguida en su país y los hecho que le obligaron a pedir refugio en España. En el artículo publicado en el periódico La Provincia declaraba: "El narcotráfico es la columna vertebral de todo, tanto de la guerrilla de las FARC, como del ELN (Ejército de Liberación Nacional), los paramilitares gaitanisas, las bacrim (bandas criminales) o el Gobierno nacional, todos son lo mismo, detrás siempre está la droga y en nuestros territorios nos machacán siempre por la tierra".

En su intervención denunció la "impunidad total" que existía en algunas zonas de Colombia y criticó duramente el proceso de paz que vive su país ya que, en su opinión, "está cojeando de una pata". "No por parte de las FARC sino del Gobierno, porque están incumpliendo tanto con los guerrilleros como con el pueblo de todas las maneras. El referéndum nunca se debió convocar, se sabía que iba a salir no".

En La Palma, Doris Valenzuela y su familia fue acogida con los brazos abiertos. La delegada de Amnistía Internacional en la Isla, Montserrat Román, señaló ayer que estaba "desolada" por lo sucedido. "Ha sido algo tremendo, después de tantos años trabajando por defender los derechos humanos tanto en Colombia como aquí", es "tremendo" que "le haya tocado a ella después de una vida de sufrimiento y lucha".

Román describió a la activista como "una mujer valiente". "Nuestro grupo ha estado muy contento de haber podido ver su ejemplo, su trabajo, su valor, su fuerza, su vlaentía, sus ganas de trabajar por los demas, y estamos absolutamente consternados", declaró. Durante el año que estuvo residiendo en la Isla Bonita junto al presunto asesino y sus tres hijos, Valenzuela participó en actividades con visitas a los colegios. "Fue un ejemplo para el alumnado", explicó la delegada de AI, quién añadió que "los alumnos y alumnas intervenían, le preguntaban muchas cosas, se sorprendían por su fuerza, por esa sonrisa con la que conseguía seguir para adelante" pese al sufrimiento que le había tocado vivir. "Fue un ejemplo muy importante para la juventud porque dio testimonio de su trabajo en Colombia", enfatizó.

Ese testimonio lo llevó también a la Península, donde dio varias charlas. Aunque estaba muy contenta en España, Valenzuela señaló en varias ocasiones que su sueño era regresar a su país cuando ya estuviera en paz. Y su objetivo, pese a la lejanía, era seguir luchando "con amor y respeto".

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