31 de diciembre de 2017
31.12.2017

Un año y medio lleno de incógnitas

El juzgado archivó el caso por falta de pruebas pero la Guardia Civil lleva meses sospechando del hombre de 41 años ahora detenido

31.12.2017 | 00:29
La joven Diana Quer López-Pinel, desaparecida el 22 de agosto de 2016 en A Pobra do Caramiñal.

Las pesquisas se centraron en tres sospechosos de Rianxo y Boiro

  • La investigación desde un principio parecía girar sobre tres sospechosos a los cuales la Guardia Civil llegó a vigilar e intervenir sus teléfonos durante un mes. Uno de estas tres personas investigadas ya habría estado detenida por tráfico de drogas. Es algo que coincide con el perfil del sospechoso descrito en un informe policial del mes de octubre. Según este, se trataría de un varón de entre 30 y 40 años, con antecedentes por casos de violencia o abusos y vecino de la zona de Rianxo. Los otros investigados residirían en Boiro. Uno de ellos sería el ahora detenido, el rianxeiro José Enrique Abuín Gey, alias El Chicle, que había sido interrogado por este caso. Las declaraciones que se han tomado a personas del entono de la joven o supuestos implicados en su desaparición llegó a superar las 200. Sin embargo la Guardia Civil dio credibilidad al testimonio de varios jóvenes que aseguraron ver llegar a Diana la noche de su desaparición al puerto de Taragoña en un vehículo y subirse a otro de grandes dimensiones en el que la esperaría un hombre de "malas pintas". Una pista clave es que varias cámaras grabaron el vehículo de El Chicle cerca de donde pudo desaparecer Quer. A. P. / E. V.

El paradero de Diana Quer, la joven madrileña de 18 años desaparecida el 22 de agosto de 2016, sigue siendo una incógnita. Un caso cerrado judicialmente en abril por falta de avances, pero que ahora vuelve a la actualidad con la detención en Boiro de un hombre de 41 años, apodado El Chicle, junto a su pareja. La Guardia Civil sospecha que este hombre es el responsable de lo ocurrido aquella noche en la que se perdió el rastro de la joven tras asistir a las fiestas A Pobra do Caramiñal, la localidad coruñesa en la que veraneaba con su madre y su hermana. Lo piensan desde hace unos meses al vivir muy cerca de donde pudo desaparecer la joven y encajar con el posible perfil del secuestrador. Pero lo piensan con más fuerza desde hace unas semanas cuando se logró confirmar que tanto su teléfono móvil como su vehículo le situaban en la zona de la desaparición de Diana, cerca de una pizzería, a un kilómetro de la casa donde ella pasaba el verano con su familia.

Todo lo relacionado con este caso es un misterio desde que su madre diera la voz de alarma un día después, cuando por la mañana acudió a la habitación de su hija en la casa familiar de A Pobra y ésta estaba vacía. Rianxo, Taragoña, Ribeira; fábricas abandonadas, fincas, zonas arboladas; un monovolumen, un hombre con "malas pintas", investigación de los feriantes... Las hipótesis y los escenarios recorridos por los investigadores para esclarecer los hechos son muchos, pero el paradero de la joven y lo que ocurrió esa noche es aún un enigma.

Pese al archivo provisional decretado el pasado abril por el juzgado de Primera Instancia e Instrucción 1 de Ribeira ante la falta de autores, la investigación del caso nunca se llegó a cerrar. Así, en agosto, cuando se cumplía un año de la desaparición, la Guardia Civil realizó un amplio despliegue en A Pobra durante las fiestas del Carme dos Pincheiros -las mismas en las que desapareció Diana- en busca de pistas que arrojasen algo de luz sobre el paradero de la joven.

La investigación no ha tenido pausa desde el inicio del caso sin descartarse ninguna tesis. Diana Quer desapareció sin llevar ni tarjetas de crédito, ni DNI ni apenas dinero. Sólo su teléfono móvil, el que dio, hasta el momento, las evidencias más importantes para los investigadores. Gracias a él se pudo saber parte del recorrido que hizo aquella madrugada: una ruta en vehículo desde A Pobra hasta la cercana localidad de Rianxo, concretamente hasta Taragoña, donde se pierde la pista. Ahí, en ese punto, bajo el puente de la autovía, era también donde aparecía, en octubre de 2016, el móvil de la desaparecida.

Otro misterio en estas pesquisas es quién lo lanzó al mar. También enigmáticos resultaron los últimos mensajes de WhatsApp que Diana enviaba aquella madrugada del 22 de agosto a un amigo de Madrid afirmando que se estaba "acojonando" ya que "un gitano" la llamaba y le decía "morena, ven aquí". Una línea de investigación que, al menos en esos primeros momentos de las pesquisas, pronto se descartó.

Aunque la memoria interna del teléfono -un IPhone 6- no aportó mucha información. El último movimiento de su móvil está fijado a las 03:30 horas, pero una señal de telefonía la captó a las 04:10 en el puente de Taragoña. No se sabe más.

La investigación desde un inicio siempre tuvo abiertas dos hipótesis: la marcha voluntaria o el secuestro. Sin embargo sus padres siempre han mantenido la versión de que su hija no se fue de manera voluntaria. "Nuestra hija está retenida", revelaron en su primera y única comparecencia juntos ante la prensa. En el auto emitido por el juez se revela que "existen indicios de una desaparición no voluntaria" de Diana, "pudiendo haber tenido lugar otros ilícitos graves frente a ella".

A lo largo de los meses fueron muchas las llamadas, más de 700 según la asociación SOS Desaparecidos, de personas anónimas que decían haber visto a Diana Quer en múltiples sitios de España. Sin embargo, las investigaciones de la Guardia Civil se centraron en la comarca del Barbanza y sus municipios. Y como punto más claro Taragoña, donde la antena de telefonía captó la señal de su móvil la noche de su desaparición. Poco después se descubrió que la chica se había movido en un vehículo por la autovía do Barbanza desde A Pobra hasta Taragoña. El devenir de las pesquisas llevaron días después a los agentes a Boiro, otro municipio de la comarca donde estarían asentados varios de los sospechosos. Las declaraciones a personas del entorno de la joven o implicados en su desaparición llegó a superar las 200. Sin embargo la Guardia Civil dio credibilidad al testimonio de varios jóvenes que aseguraron ver llegar a Diana la noche de su desaparición al puerto de Taragoña en un vehículo y subirse a otro de grandes dimensiones en el que la esperaría un hombre de "malas pintas".

El difícil clima familiar, tras un complicado divorcio de sus padres, fue uno de los indicios que en principio llegaron a sustentar una posible marcha voluntaria de la joven. La separación fue un proceso "terrible", según calificó el padre, y habría hecho mella tanto en Diana como en su hermana de 16 años, Valeria. Incluso con fugas temporales de ambas niñas. Varios mensajes entre Diana y su madre pusieron de manifiesto la mala relación entre padre e hija días antes del viaje a A Pobra do Caramiñal.

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