26 de marzo de 2017
26.03.2017

El empresario del café apuñalado

Los investigadores de la Policía Nacional no hallaron al culpable del asesinato de José Ramallo en el año 1982

26.03.2017 | 06:05
El empresario del café apuñalado

Un hombre bondadoso, desprendido y sin enemigos

  • José Ramallo Afonso, nacido en 1919 en Tacoronte, era un hombre afable y trabajador que se casó con Carmen Perdomo Toledo, nacida en 1921, en Arrecife de Lanzarote y de cuya unión nacieron tres hijos, José Víctor, María Eugenia y Pedro Roberto. Según todos los que le conocieron era una persona de carácter bondadoso, desprendido y muy trabajador. Su viuda relató a la Policía Nacional que ignoraba que su marido pudiera tener rencillas con terceras personas o que alguien pudiera desearle algún mal. El hecho de que el domicilio no presentase señales de forzamiento ni que el asesino robase dinero o joyas, a pesar de que José Ramallo guardaba en casa un millón de pesetas y joyas, complicó aun más las diligencias, que se centraron pronto un círculo cercano a la víctima. A ello se unió el hecho de que su asesino lo mató de varias puñaladas al igual que al pastor alemán. Esto indicaría que ambos se conocían. Durante la inspección ocular tampoco se encontraron indicios de luchas entre ambos, a pesar de que los investigadores analizaron las uñas de José Ramallo, por si hubiese restos de pelos, el resultado fue negativo. Esto también avalaría de que eran conocidos. Fuentes policiales consultadas por este medio apuntaron que una de las pistas giraron en torno a unos sicarios que pudieron ser contratados por un enemigo declarado del fallecido, pero nunca se llegó a una conclusión. Otra de las líneas de investigación tuvo que ver con su negocio de café, una pequeña empresa familiar que lograba mantenerse en el mercado a pesar de la competencia. Sin embargo, poco a poco todas las pistas fueron cerrándose ante la evidente falta de pruebas. Transcurridos 32 años de esta crimen, su muerte pasará a engrosar la lista de casos que todavía faltan por esclarecer en la crónica negra del archipiélago Canario junto a otros como Ubaldo Santana, Arístides Hernández de Paz, Juan Jovino Díaz Marrero, Magdalina Jordanova, Gherad Weber, Antonio Miguel Rancel Vargas, José Vicente Sacramento Socas o Jorge Antonio Fernández Ramos, entre otros.

Eran las 20:00 horas del domingo 16 de diciembre de 1984 cuando José Ramallo Afonso, de 65 años, industrial y propietario de Cafés Perdomo, llegó a su domiciliode la carretera de El Rosario, kilómetro 1,750, esquina con la calle Alcalde Mandillo Tejera, en la capital tinerfeña. Lo hizo en compañía de su esposa, Carmen Perdomo Toledo, de 63 años, con la que había salido a dar una vuelta a bordo de un turismo BMW de su propiedad. El matrimonio llegó a la vivienda, según relató la esposa a los investigadores del Grupo I de Homicidios de la Policía Nacional, después de salir a las cinco de la tarde.

Nada más bajarse del coche, José Ramallo se quedó en la entrada de la casa. Carmen Perdomo le preguntó: "¿Vas a tardar mucho?". Como quiera que su marido no subía ni tampoco contestaba a las llamadas, la mujer pensó que se había ido a algún sitio y que se entretuvo buscando un taladro. Al ver que José Ramallo tardaba en subir, ella bajó. Se encontró con su marido caído en el suelo.

Carmen trató de reanimarlo, creyendo que había sido víctima de un mareo, al tiempo que intentó levantarle la cabeza. En ese momento descubrió que estaba muerto. Carmen Perdomo entró corriendo en el domicilio y llamó a su hija, que a su vez dio la voz de alarma al resto de hermanos, dos varones.

Estos se presentaron poco después en el domicilio, a donde fueron en el coche de su cuñado. Entre todos lo recogieron del suelo, lo metieron en el turismo del marido de la hija de la víctima y lo evacuaron hasta el Hospital Nuestra Señora de La Candelaria, ubicado muy próximo al lugar de los hechos.

José Ramallo ingresó cadáver. Fue el médico de guardia del centro sanitario quien puso los hechos en conocimiento del titular del Juzgado de Instrucción nº 3 de Santa Cruz de Tenerife, que se encontraba en funciones de guardia, manifestando que un varón había fallecido y que presentaba varias puñaladas en el cuello y el pecho. De inmediato, la maquinaria policial se puso en marcha. Dos inspectores de la Policía Nacional se trasladaron hasta el domicilio.

La puerta de acceso les fue franqueada por los dos hijos varones. Las diligencias policiales con número 67/84, a las cuales tuvo acceso la opinión de tenerife, relatan la inspección ocular con gran minuciosidad. "La oscuridad era total cuando los hijos encontraron el cadáver de su padre. Las luces estaban apagadas. Solo había una tercera farola encendida junto a los bloques 17 y 18 de Los Verodes, complejo de viviendas situada a 20 metros de la fábrica de café.

La misma hace un triángulo de luz en el suelo de metro y medio aproximadamente de cateto y dos metros de hipotenusa. Se observa gran cantidad de sangre, parte de ella en coágulos junto a la entrada, a unos 25 centímetros de la puerta. Un vehículo Mercedes, también propiedad de José Ramallo, también está manchado. Los hijos trataron de meterlo en el vehículo para evacuarlo pero no fue posible ya que no encontraron las llaves.

Fue la esposa la que encontró el cadáver del finado en posición de cúbito lateral derecho, con los pies hacia la puerta y la pierna izquierda apoyada en el quicio de la misma. Además, estaba el otro coche, el BMW, en el garaje. La oficina no presenta nada anormal, salvo una libreta de teléfonos que está en el suelo. Aparece también en un jardín próximo al domicilio el cuerpo sin vida del perro guardián de la casa, totalmente empapado de agua, dada la lluvia que caía ese día. A unos cuatro metros encuentran una azada que empleaba la víctima para labores de jardinería.

No se aprecia ninguna señal de forzamiento de puertas y ventanas del domicilio ni en la fábrica colindante, que pudiera indicar que se llegara a intentar la perpetración de un robo en tales dependencias. Los investigadores descartaron por este motivo el robo y tomaron manifestación a la viuda y los tres hijos, una hembra y dos varones.

Carmen Perdomo relató que desde que se separó de él no transcurrió más de media hora. Al bajar encontró a su esposo caído en el suelo. Trató de reanimarlo, pero no lo consiguió, por lo que avisó a su hija y esta hizo lo propio con el resto de sus hermanos. En el interior del domicilio había en esos momentos una caja fuerte que contenía un millón de pesetas y joyas.

El siguiente en prestar testimonio ante la Policía fue su hijo José Víctor. Contó que recibió la noticia de su hermana Carmen Eugenia, que vive junto al declarante. De inmediato salió en compañía de su cuñado y su otro hermano Pedro Roberto. Estos encontraron a su madre presa de una fuerte excitación, ya que su esposo se hallaba tirado en el suelo y con el cuerpo cubierto de sangre. Estaba según estos de cubito supino, es decir boca arriba y las luces de la fábrica estaban apagadas. El otro hijo, Pedro Afons,o prestó declaración ante el Grupo IV de la Brigada Regional de Policía Judicial.

"Los brazos estaban relajados y caídos sobre el suelo. Ingresó cadáver en la Residencia Nuestra Señora de La Candelaria y desde que su hermana llamó hasta que llegó junto a su padre, no transcurrieron más de cinco minutos. En el hospital se les hizo entrega de toda la documentación que llevaba encima, salvo las llaves del domicilio y el almacén que no fueron encontradas", declaró.

El pastor alemán de nombre Mimoso, perro agresivo y corpulento, también estaba muerto. Todo estaba en perfecto orden y no se halló nada sospechoso. El listín telefónico estaba en el suelo, algo que le extrañó ya que su padre era una persona ordenada y metódica. Además, habían tres botellas de whisky Chivas Regal y una caja registradora con 1.000 pesetas que no estaba cerrada con llave. También se le hizo entrega de una cartera con 7.000 pesetas.

Durante la inspección ocular, los policías hallaron una serie de huellas que fueron enviadas a analizar. Los resultados llegaron poco después y estas correspondían a un empleado, identificado como M. A. C. S., de 18 años, el cual el día de los hechos estaba en un restaurante de Pico del Inglés, desde las 08:00 horas hasta que el dueño lo trasladó hasta su domicilio. El propietario del establecimiento corroboró la coartada del operario. Este contó que sus huellas estaban en las paredes ya que trabaja en esa zona de la fábrica. La Policía Nacional siguió el curso de las investigaciones hasta mayo de 1985, pero no consiguieron esclarecer nada que permitiera llegar hasta el asesino.

Lo que sí parece claro es que el autor y la víctima se conocían. Por este motivo acabó con la vida de José Ramallo Afonso y de su pastor alemán. Este hecho vendría confirmado por la ausencia de forzamiento en puertas o ventanas, lo que indica que probablemente poseía llaves del inmueble o alquien le facilitó su acceso. Además, los investigadores no encontraron una sola huella, salvo la de un joven trabajador que quedó descartado puesto que ese día estuvo en un restaurante en el macizo de Anaga.

Lo segundo que queda por dirimir en este crimen es el móvil. Si no hubo robo que fue lo que llevó a su asesino a acabar con la vida de José Afonso Ramallo? Solo él lo sabe y su asesino, que probablemente, transcurridos 32 años de su muerte se pasea por la Isla.

Ni sus compañeros de organizaciones empresariales tales como la Federación de la Alimentación y Consumo de Canarias (Facca) o la Asociación Provincial de Empresarios Detallistas de Santa Cruz de Tenerife (Adaco) pudieron aportar una pista esclarecedora.

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