26 de febrero de 2017
26.02.2017
La Crónica Negra Sucesos que conmocionaron a Canarias

Dos balazos por una deuda de drogas

El cadáver de Ubaldo Santana fue descubierto el 25 de abril de 2004 con dos impactos de bala en la finca El Poleo de El Rosario

26.02.2017 | 04:45
Dos balazos por una deuda de drogas

El crimen de Ubaldo Santana Déniz, conocido como Luis Miguel entre sus amigos, nacido en mayo de 1957 en Arucas (Gran Canaria) y acaecido el 24 de abril de 2004, forma parte de la lista de asesinatos sin esclarecer en Canarias, al menos con un culpable condenado, aunque para la Guardia Civil su ejecutor formara parte del círculo más íntimo de la víctima.

Habría que remontarse a días antes del 24 de abril, fecha en la que una persona que paseaba con sus perros por las inmediaciones de la finca Poleo, en La Esperanza, descubrió lo que parecía el cuerpo sin vida de una persona. Asustado, deciduó poner los hechos en conocimiento de la Policía Local de El Rosario. Una patrulla se traslada al lugar y descubre entre la maleza y con la camisa subida, como si el cuerpo hubiese sido arrastrado para apartarlo de miradas indiscretas, el cadáver de un varón. La víctima presentaba a primera vista dos impactos de bala, uno en la cabeza y otro en el pecho.

De inmediato se comunica el suceso a la Comandancia de la Guardia Civil de Santa Cruz de Tenerife, que desplaza a una patrulla de rural que acota la zona hasta la llegada del Equipo de Policía Judicial y de la comisión judicial.

El cuerpo es localizado sobre las 14:30 horas en una zona anexa a la finca, rodeado de un charco de sangre. La primera inspección ocular arroja como resultado que el cuerpo presenta dos impactos de bala del calibre 9 milímetros corto, arma que fue de dotación en la posguerra española en los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y en el Ejército. La víctima tenía un reloj de pulsera, pero carecía de cualquier documento identificativo.

Una vez que el hecho trasciende a la opinión pública, un hombre que el día anterior pasaba por el lugar relata a la Policía Local que sobre las 14:00 horas vio "en la finca dos coches, un todoterreno y un coche de alquiler, un Opel Astra de color verde y en el suelo un hombre ensangrentado". Además, este testigo accidental avisó a la Guardia Civil de lo que había visto. Una pareja se desplaza a la zona pero no ubica el lugar y lo dan en las novedades como algo que sucedió o que ya no está.

¿Pero quién era la víctima? Los investigadores de la Policía Judicial averiguan que al fallecido le constaban antecedentes por tráfico de drogas y había cumplido pena de prisión en Tenerife II. Previamente a esto había tenido o regentaba un pub en La Laguna, el Noelia, sito en el Cuadrilátero. Esta es la línea de investigación por la que se encaminan las pesquisas, la de una persona relacionada con el tráfico de drogas y particularmente con el de hachís.

Con esta pista pronto averiguan que cuando estuvo en prisión hizo amistad con un ciudadano marroquí con el que compartió módulo aunque no celda, de nombre Alí y que también fue condenado por un delito de tráfico de drogas y al que consiguen localizar.

Este hombre les narra que eran amigos y que el fallecido vivía en una habitación que había alquilado a unos ciudadanos colombianos en la zona de la Avenida Venezuela en la capital tinerfeña.

En el avance de la investigación, la Guardia Civil se traslada hasta este domicilio y localiza en el interior de la habitación del fallecido cinco kilos de hachís en pastillas.

LLamada en Abades

En el transcurso del interrogatorio, Alí cuenta a la Guardia Civil lo que sucedió el día antes entre ambos. Esta persona recibió una llamada de Ubaldo para quedar al día siguiente e ir a darse un baño a la playa, concretamente en Abades (Arico), para después comer juntos. Cada uno va por su cuenta. La víctima iba en un coche de alquiler, un Opel Astra, turismo que coincide con el que vio el testigo en la finca El Poleo.

Ambos se zambulleron en el agua sobre las 11:00 horas y poco después Ubaldo recibe una llamada de teléfono. "Voy a Santa Cruz, regreso y comemos juntos", le dijo a su amigo Alí. Sin embargo, Ubaldo Santana Déniz no regresó jamás. Si le extrañó a su amigo que la víctima fuese a llamar desde una cabina y no desde el teléfono donde había recibido la llamada.

Es este detalle del coche el que sirve de hilo conductor a la Guardia Civil para tratar de recomponer las últimas 24 horas de Ubaldo. El testigo y Alí relataron que el coche era de una agencia de alquiler que tiene sede en Los Rodeos, por lo que los investigadores se trasladan hasta el lugar y solicitan averiguar a nombre de quien se alquiló el turismo puesto que la víctima no tenía carné. Esta documentación revela que se trata de un hombre natural de la Isla, de nombre Ricardo, vinculado con el fallecido y todo indicaba en ese momento que también estaba vinculado al mundo de la droga.

Este individuo es interrogado y cuenta a la Guardia Civil que efectivamente él se encargaba de alquilarle los coches al no tener Ubaldo carné y luego se los dejaba por el tiempo que había pedido. La mañana antes de su asesinato así lo hizo. Pero para ello, Ricardo contaba con la colaboración de un amigo, Carlos, que trabajaba en esa casa de rent a car y que la Benemérita averigua que es propietario de un todoterreno, concretamente un Nissan Patrol, igual al que el testigo había visto en la finca el día antes del hallazgo del cuerpo sin vida de Ubaldo Santana Déniz.

A la Policía Judicial no le cabe le menor duda de que ambos varones tienen algún grado de implicación en estos hechos, por lo que van en busca nuevamente de Ricardo, más conocido como Richard.

Sin embargo, este había huido. A través de su tarjeta de crédito, la Guardia Civil le sigue los pasos y tras una extracción de dinero en un cajero automático del aeropuerto de Barajas sabe que está en Madrid. No obstante, habrán de pasar varios días hasta que vuelvan a tener noticias suyas. Esta vez el banco informa a la Guardia Civil de que la tarjeta está operando en Bruselas (Bélgica), país donde el huido tiene una hija.

Mientras, en la Isla los investigadores tratan de localizar el Opel Astra de color verde, por si de la inspección ocular del mismo se pudiera encontrar algún vestigio o huella. Este fue localizado varios días después en el Aeropuerto Reina Sofía. Lo dejaron allí bien estacionado y con las llaves puestas.

El siguiente interrogatorio recae sobre Carlos y este relata a la Policía Judicial que se estuvo quedando en la Playa de La Tejita, en El Médano, por aquellos días, en un coche Opel Astra de color verde. Y añade más, ese turismo se lo había dejado Richard el mismo día en que apareció muerto Ubaldo.

Con estos datos, la Guardia Civil comienza a cerrar el círculo de sospechosos en el que solo caben tres personas, Alí, Richard y Carlos. Se trata de personas que mantuvieron alguna relación con el fallecido o bien tenían antecedentes por tráfico de drogas. Los agentes comienzan a solicitar a las distintas operadoras de telefonía móvil el tráfico de llamadas y se determina que entre Ubaldo y Richard hubo distintas llamadas en la mañana del domingo 24, concretamente en las horas que precedieron a su muerte. Interrogado acerca de este hecho, manifestó que la justificación a tanta llamada fue porque le pidió que le devolviera el coche.

ADN en uñas y pelos

A partir de ese momento, la Guardia Civil pone a Richard en busca y captura. Los investigadores detectan su presencia en la localidad ciudadrealeña de Tomelloso, curiosamente la localidad natal de Carlos.

Una vez en esa ciudad comienza a recibir giros que le envía su amigo Carlos. Cuando este último fue detenido, al ser interrogado por el motivo de estos envíos de dinero, apuntó que el propio Richard le había dicho donde tenía guardado el dinero y que le fuese enviando poco a poco ciertas cantidades.

A su regreso, el 29 de julio de 2004, es detenido ante la carga de indicios que la Guardia Civil encontró para su posible inculpación; sin embargo fue puesto en libertad ya que se negó a declarar.

Tras numerosas investigaciones, el juzgado decidió llamar a declarar a Carlos, motivo por el que se aperturaron las diligencias previas con número 2652/2004.

Los agentes recogieron numerosas pruebas biológicas en la escena del crimen. Además, recuperaron dos vainas disparadas para ver si el laboratorio de criminalística del Instituto Armado era capaz de identificar el arma, pero esto no fue posible.

También se tomó muestras de ADN al fallecido y se miró con detenimiento las uñas, lugar donde a veces suelen quedar restos en caso de que hubiese lucha, pero este análisis tampoco dio resultado. Todas las trazas analizadas eran del fallecido.

Los investigadores hallaron pelos en las ropas de Ubaldo, pero estos no eran aptos porque no tenían suficiente cabeza mitocondrial. Pesquisas posteriores permiten determinar que Carlos recoge el coche Opel Astra en el barrio de Somosierra, sitio donde Richard tiene una vivienda. Ante todo este cúmulo de pruebas, la Guardia Civil solicitó la intervención del número de teléfono de Richard y a los pocos días dejó de utilizarlo.

Como quiera que las pruebas practicadas apenas permitían avanzar en la investigación, los guardias civiles hablaron con la hermana de la víctima que había guardado todas las cartas que Ubaldo le escribió desde prisión durante los dos años que permaneció privado de libertad, por si de su análisis pudiera encontrarse otras vías o hipótesis, pero apenas permitieron descubrir nada nuevo, salvo lo duro que se le hacía la vida en la cárcel, sus ganas de comenzar una nueva vida y la búsqueda de una segunda oportunidad.

Finalmente, el juzgado decretó la puesta en libertad de Carlos, cuya detención había ordenado, así como la de Richard, que había sido arrestado a instancias del Instituto Armado. A este último la Guardia Civil le practicó la prueba de la parafina con el fin de determinar si había manipulado pólvora, pero también resultó negativa. Asimismo, los investigadores inspeccionaron los dos automóviles que teóricamente habían estado en la escena del crimen, pero de su análisis no se llegó a ninguna conclusión.

Hipótesis del móvil

En cuanto a la hipótesis de cual fue el móvil que sirvió para acabar con la vida de Ubaldo Santana Déniz, los investigadores no albergan ninguna duda "una deuda impagada o un trato no cumplido en el ámbito de la droga, se paga con la vida".

El cadáver de Ubaldo Santana Déniz fue entregado a sus familiares días después y trasladado hasta Las Palmas de Gran Canaria, concretamente al tanatorio de Miller Bajo y de ahí conducido a la parroquia de San Pedro Apóstol, en Bañaderos, en el municipio de Arucas, de donde era natural y finalmente recibir sepultura en el cementerio católico de aquella ciudad.

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