29 de enero de 2017
29.01.2017

La Iglesia aparta a un cura por abusos sexuales a menores entre 1988 y 1989

Un exseminarista denunció los hechos en una carta al Papa

02.02.2017 | 14:29
La Iglesia aparta a un cura por abusos sexuales a menores entre 1988 y 1989

El sacerdote José Manuel Ramos Gordón, delegado de Patrimonio del Obispado de Astorga y párroco de Tábara y otros pueblos de la comarca durante 26 años, permanece apartado de las parroquias desde el 1 de julio de 2016 por cometer abusos sexuales, al menos, contra dos hermanos gemelos menores de edad durante el curso 1988/89, siendo profesor en el Seminario Menor de La Bañeza.

Un decreto firmado por el obispo de Astorga, Juan Antonio Menéndez, con fecha de 6 de mayo de 2016, acuerda la "privación del oficio de párroco durante un periodo no inferior a un año, en el que tendrá un seguimiento tutelado por un sacerdote, realizará ejercicios espirituales de mes y desarrollará labores asistenciales a favor de los sacerdotes ancianos e impedidos, así como otras tareas caritativas".

Esta decisión explica la precipitada e inesperada marcha de quien fuera cura en la comarca desde 1990; "dicen que el obispo le ha ascendido a un puesto de más responsabilidad", era el comentario que circulaba por los pueblos para explicar su repentina marcha. Nada más lejos de la realidad, la verdadera causa fue la acusación de pederastia, reconocida por el propio Ramos Gordón, contra "al menos" dos exseminaristas de 14 años en el momento de los hechos.

Juan Antonio Menéndez, obispo de la Diócesis de Astorga desde 2015, heredó este caso, del que le informaron puntualmente tanto su predecesor Camilo Lorenzo Iglesias como "los sacerdotes de la curia diocesana que han intervenido en el desarrollo del procedimiento".

Un procedimiento administrativo penal instruido por la Diócesis de Astorga durante 2015, a raíz de la denuncia realizada por F. L., exseminarista, en una carta dirigida al papa Francisco en noviembre de 2014, contra José Manuel Ramos Gordón, con la acusación de abusos sexuales perpetrados por este cura contra el denunciante y "algunos alumnos más" del Seminario Menor de La Bañeza cuando estudiaban octavo de EGB.

El abusador se ha manifestado "arrepentido" y el propio obispo de Astorga, por carta, ha pedido "humildemente perdón" a la víctima en nombre de la Iglesia, a la vez que expresaba su "profundo dolor" por hechos "tan deplorables y que han causado tanto sufrimiento a usted y a otros alumnos de nuestro Seminario Menor". El prelado afirma que "puedo asegurarle, en primer lugar, que se ha actuado con toda diligencia, siguiendo las directrices de la Santa Sede y de la legislación canónica vigente". A la vez que le brinda "todo mi apoyo como pastor de esta Iglesia de Astorga, puedo garantizarle que se harán todos los esfuerzos para evitar que en el futuro puedan repetirse hechos semejantes como los que usted ha sufrido".

El de José Manuel Ramos Gordón es el primer caso de pederastia verificado, reconocido y castigado por la Iglesia católica -a través de la Santa Sede- que trasciende en la Comunidad de Castilla y León. Una acusación admitida por el propio religioso durante el proceso canónico penal abierto por El Vaticano y que ha instruido el Obispado de Astorga, nombrando instructor del procedimiento al vicario judicial, Julio Alonso.

Con fecha 6 de mayo de 2016 ordenó la ejecución de las medidas "que yo mismo (el obispo) había establecido el 10 de febrero de 2016 y que fueron ratificadas por la Congregación para la Doctrina de la Fe, en Rescripto de 5 de abril de 2016".

La salida a la luz de un escándalo de pederastia en Granada -el llamado caso Romanones en el que está procesado un sacerdote acusado de abusar sexualmente de un menor de edad desde 2004, cuando tenía 14 años- fue el detonante de la denuncia. "Los últimos acontecimientos me han hecho revivir mi experiencia y heridas que pensaba habían cicatrizado" confiesa F. L. en la carta al Pontífice.

Arrepentimiento

Una vez reconocidos los hechos y con la imposición del castigo al religioso, el obispo de Astorga expresa a la víctima la "voluntad de Nuestra Santa Madre Iglesia de que se repare el daño causado, se restablezca la justicia y se consiga la enmienda del acusado". Y en ese sentido le confirma que "D. José Manuel Ramos está sinceramente arrepentido de lo sucedido y pide humildemente perdón por su conducta moralmente inaceptable y gravemente dañina para él y para la Iglesia de la que es ministro, y para la Diócesis de Astorga a la que pertenece. Y que ha aceptado con toda humildad la pena que se le ha impuesto".

Sin embargo para el denunciante de los abusos, que 28 años después sufre importantes secuelas psicológicas por las vejaciones sufridas, la pena impuesta al pederasta "es ridícula". "Esto condicionó mi futuro, me robaron mi infancia, mi ilusión, mi inocencia. Mientras los demás niños de mi edad estudiaban y soñaban con un futuro, a mí me negaron el mío" cuenta en una de las dos cartas que ha escrito al papa Francisco. "Sé muy bien que nada en este mundo podrá superar suficientemente el daño causado" admite el prelado Juan Antonio Menéndez en la carta a la víctima.

"Le pido humildemente perdón en nombre de la Iglesia, a la que represento, y me pongo a disposición para ayudarlo a usted y a su familia en lo que necesiten. Si usted lo tiene a bien, puede visitarme en el Obispado de Astorga. Estaré gustoso de recibirlo y de expresarle en persona la solicitud de Nuestra Santa Madre Iglesia por todos sus hijos".

Ofrecimientos insuficientes para quien sostiene que frente a ese año de "inhabilitación" para ser párroco impuesto por la Santa Sede, nos encontramos ante unos "hechos aberrantes" y conductas "muy graves, constitutivas de delitos condenados con penas de cárcel". Penas que nunca cumplirá el abusador al tratarse de unos hechos prescritos, según la justicia ordinaria, lo que impide la persecución.

En la carta al papa Francisco, F. L., que sigue residiendo en Castilla y León, no solo relata los abusos sexuales, también el encubrimiento de los hechos por parte de otros sacerdotes y las represalias que tanto él, como su hermano sufrieron a raíz de contar estos hechos al entonces rector de La Bañeza, Gregorio Rodríguez. "Ha llegado el momento de decirlo, porque lo que nos hicieron nos marcó y esos estigmas estarán ahí siempre", afirma.

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