08 de enero de 2017
08.01.2017

Un vecino de Arrecife de 91 años muere por el humo de un incendio en su cuarto

Guillermo Espinosa vivía solo en una vivienda de la calle Juan Sebastián Elcano de Altavista

08.01.2017 | 02:34
Guillermo Espinosa en una imagen de archivo en lo alto del risco de Famara.

Paseos diarios por su calle

  • Guillermo Espinosa, que tenía tres hijos, vivía en el barrio de Altavista desde la década de los años 60 del pasado siglo cuando se desplazó a la capital lanzaroteña con su familia desde la localidad de Nazaret en el municipio de Teguise. Los vecinos de la calle Juan Sebastián Elcano estaban ayer impresionados por el fallecimiento. "Todos los días lo veíamos caminando con su bastón por esta calle de arriba a abajo", recuerda Pedro Pablo Ramírez. "Solo nos enteramos por el fuerte olor a plástico quemado", señala uno de los vecinos que llamó a la policía. "Al pobrecito lo sacaron los bomberos a la calle, tenía toda la cara negra y a pesar de estar más de media hora intentando reanimarle no se pudo hacer nada", aseguraba ayer otra de las personas que pudieron presenciar los hechos. D. R.

Cuando Guillermo Espinosa quiso reaccionar ya fue demasiado tarde. El intenso humo provocado por el cortocircuito de la lámpara de su mesilla de noche fue letal para acabar con su vida. Ni siquiera la reanimación cardiopulmonar que le practicaron los bomberos y los sanitarios de la ambulancia medicalizada que se desplazaron hasta su domicilio de la calle Juan Sebastián Elcano de Arrecife pasadas las nueve de la mañana de ayer fue suficiente para salvar su vida.

Según la investigación preliminar de la Policía Judicial de Arrecife, a la espera que se confirme cuando se le practique la autopsia, Guillermo Espinosa Cabrera, de 91 años, fallecía por la inhalación del humo provocado por el cortocircuito de la lámpara de la mesa de noche.

Se cree que el incendio que se propagó posteriormente a una parte de su colchón podría haber tenido lugar sobre las seis o las siete de la mañana. Según las pesquisas policiales, Guillermo intentó levantarse al percatarse del incendio aunque apenas pudo andar al caer al suelo aturdido por la inhalación del humo tóxico. La Policía cree que la víctima apenas pudo enterarse de lo sucedido al perder el conocimiento y darse un pequeño golpe en la cabeza.

La pequeña vivienda de Guillermo Espinosa de apenas unos 50 metros cuadrados, en el número 31 de la calle Juan Sebastián Elcano en el barrio de Altavista, se encontraba ayer ennegrecida por el humo, aunque apenas se habían quemado los enseres de la casa. De hecho, el fuego solo había afectado a una parte de su habitación que cuenta con una pequeña ventana a un patio interior cubierto.

Según el parte de incidencia del Consorcio Insular de Emergencias del Cabildo de Lanzarote los bomberos se desplazaron hasta la calle Juan Sebastián Elcano tras ser alertados por la Policía Local porque salía humo de una vivienda. "En el mismo se encontraba la policía local, los cuales nos comunican que en la vivienda vive un señor y que los vecinos no lo habían visto esa mañana, y que habían intentado abrir la puerta pero no lo consiguieron", señala el Consorcio.

Tras comprobar que tampoco había acceso al interior de la casa por la azotea los bomberos tuvieron que romper la puerta principal, "encontrándonos la vivienda inundada de humo y a un hombre tendido en el suelo en la puerta de un dormitorio en el cual se produjo el incendio", destaca el informe.

A partir de ahí los bomberos sacaron a la calle a Guillermo Espinosa "y comenzamos a reanimarlo ya que estaba en parada cardiorrespiratoria, a la vez que se extinguía el incendio. A la llegada de la ambulancia medicalizada continuaron ellos con la reanimación hasta que el médico decide parar y certificar su muerte", afirman.

"Terminada la extinción y una vez que se enfrió una botella de oxigeno que había en el dormitorio, esperamos hasta la llegada del forense, y cuando fue levantado el cuerpo dimos por finalizado el servicio", concluye el informe.

Hasta el lugar llegaron los tres hijos del fallecido momentos antes del levantamiento del cadáver. "La noche antes había estado en esta casa con mi padre", recuerda Miguel, uno de sus tres hijos. Guillermo, que estaba separado de su mujer que vive en la casa contigua, había trabajado en el campo en unas tierras de su propiedad hasta su jubilación.

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