Un asesino anda suelto en La Gomera

La Guardia Civil no ha podido resolver la muerte de Antonio Medina, expresidente insular del PP cuyo cadáver apareció con múltiples golpes en el año 1994

30.10.2016 | 04:27
Un asesino anda suelto en La Gomera

José Antonio (Toño), hijo de Antonio Medina Quintero, expresidente del Partido Popular en La Gomera, jamás imaginó que la tarde del día 26 de abril de 1994 sería la última que iba a ver con vida a su padre. A las 17:45 horas ambos intercambiaron los vehículos ante de dirigirse el primero hacia Valle Gran Rey y el segundo a su finca, en Las Nieves, donde sería asesinado. Ante la tardanza en llegar para pincharse la insulina, cosa que hacía tres veces al día ya que era diabético, su hijo Pedro sale con su madre a buscarlo. A las 23:50 horas, el hijo menor halla el cuerpo sin vida de su padre con numerosos golpes.

La muerte de Antonio Medina Quintero, asesinado cuando apenas le faltaban dos meses para cumplir los 50 años, lleva camino de convertirse en otro caso más que añadir a la leyenda negra de Canarias. Su asesino empleó una cuchilla de arar de una mula mecánica, probablemente junto a un astias -palo empleado por los cabreros- para acabar con su vida a golpes en una pequeña construcción que tenía Antonio Medina en una finca que poseía en Las Nieves, en el municipio de San Sebastián de La Gomera.

Medina Quintero era un hombre ampliamente conocido en la Isla Colombina puesto que, junto al hecho de haber sido presidente del Partido Popular de la Isla, contaba con una cadena de supermercados. Tenía tres en el momento de su muerte, uno en la capital de la Isla, otro en Valle Gran Rey y un tercero en Playa Santiago, los cuales eran atendidos por sus cuatro hijos.

Era una persona de costumbres. Todas las tardes quedaba con su hijo Toño y se intercambiaban los vehículos. Antonio padre se lleva un pequeño camión marca Mercedes, de color verde con matrícula TF-5327-K, y su hijo el coche del progenitor, una furgoneta Toyota con placas TF-0860-AH. Señalar que en esa época ya tenían teléfono móvil, lo que les permitía estar conectados en una Isla donde las comunicaciones presentaban grandes dificultades. El 26 de abril de 1994 hicieron lo mismo pero esta será la última vez que Toño verá a su padre con vida. El hijo continuó hacia Valle Gran Rey y paró junto al bar de Conchita, en Arure. De ahí partió a repartir televisores, un aparato de música y otros efectos.

Paredes manchadas de sangre

El día del asesinato, el hijo menor, Pedro Marcial, acababa de salir de la autoescuela donde se estaba sacando el carné de conducir. Una vez abandonó la misma estuvo un rato en el bar Guarapo. Posteriormente se dirigió a su casa, donde al no ver a su padre, le comentó a su madre, Cira Cabrera Cabeza, que estaba preocupado ya que eran las 21:15 horas y su padre no aparecía. Dada la tardanza, decidieron ir en su busca. Primero se dirigieron a la sede del PP insular y no lo vieron, por lo que partieron hacia la Finca de Las Nieves, ubicada en el kilómetro 18,900 de la carretera TF-713 que conduce de San Sebastián de La Gomera a Valle Gran Rey.

Nada más llegar, Pedro encuentra el cadáver de su padre en el suelo, en una terraza junto a dos pequeñas edificaciones. Las paredes y el suelo presentaban numerosas manchas de sangre. Cuando su madre preguntó qué había pasado, éste le dice que no suba, que se quede donde está, que el padre está muerto. De inmediato llamó a una ambulancia, que trasladó al fallecido al Hospital de San Sebastián de La Gomera. También hizo lo mismo con la Guardia Civil, que se presentó en la finca y acotó el lugar para preservar las posibles pruebas. Además, había que llamar al Equipo de Policía Judicial, en este caso al de Playa de las Américas, en Tenerife, el más cercano dado que La Gomera carecía de esta especialidad. A las cuatro de la madrugada comienza el preparativo y hasta allí se desplazan un sargento y dos guardias, que serán los encargados de llevar a cabo las diligencias.

El cadáver presenta un fuerte golpe, en forma de arco, en la sien derecha. Por encima de la frente y en su parte izquierda, tiene otro golpe. En el pómulo derecho tiene otro hematoma, este en forma de rombo irregular. Otra de las lesiones alcanza la parte superior de la cabeza, cerca de la oreja izquierda. El último de los impactos presenta 11 centímetros de longitud. En una primera inspección ocular se baraja que el asesino conocía a su víctima y que, además, era de su confianza, ya que este no presentaba señales de lucha ni de defensa. Posteriormente, los guardias civiles observan la presencia de tres golpes más en las regiones occipitales. Se cree que fue el primero de ellos el que lo derribó al suelo y luego el asesino continuó golpeándolo hasta rematarlo.

Antonio Medina Quintero recibió más de siete golpes. Junto al cadáver se encuentran dos colillas, un puro, así como un botón de la camisa. Los restos de cigarros fueron descartados por su antigüedad. Eran de la marca Winston.

Llama la atención de los agentes un mosquetón pequeño, como si fuese de un llavero, y que también estaba junto al cuerpo.

A partir de este momento, lo primero que hacen los guardias civiles es tomar manifestación a los cuatro hijos y a la viuda. La mujer pronto apunta a un posible sospechoso. Se trata de un pastor, que no sabe leer ni escribir, vecino de Vegaipala, y que en el momento de los hechos tenía 67 años. Se trata de Alfonso Hernández Curbelo. Según las manifestaciones de la viuda, su marido había tenido varias discusiones con esta persona puesto que sus cabras se comían los brotes que había plantado. Además, Quintero le había contado a su esposa que en más de una ocasión le había amenazado con un palo.

La Guardia Civil localizada a Alfonso Hernández y lo interroga, al tiempo que solicitan al juez la intervención de su teléfono. Los agentes se sorprenden ya que algunos familiares de este que llaman desde Tenerife le dicen que no hable nada a través de este medio. Esta persona se puso en contacto con el abogado Ángel Ripollés, que no podía asistirlo, por lo que opta por contratar los servicios de una letrada.

La Guardia Civil se lleva la ropa y calzado que Alfonso Hernández llevaba puesta el día del crimen, así como de su yerno José Cruz Cruz. Sin embargo, los análisis efectuados por el Servicio Criminalística de la Guardia Civil no permitieron obtener ningún perfil de sangre. Precisamente, al día siguiente, el yerno pide declarar nuevamente ante los investigadores, ya que mintió en una parte de su testimonio.

Otro pastor que fue interrogado, Sebastián Mendoza Mendoza, declaró que tenía dos astias con forma de punta, que no posee zacho y que no tenía ningún problema con el fallecido. Reconoce que era Alfonso, el de Vegaipala quien pastoreaba por la zona.

Descartados estos sospechosos, la viuda de Quintero aporta datos de otras personas que pueden ser investigadas por estos hechos. Entre ellos un antiguo socio, al que la víctima acusaba de ser el culpable de un embargo sobre una serie de propiedades. Esta persona fue interrogada y reconoció que en su momento tuvieron malas relaciones, pero que la cosa al final estaba encaminada.

La Guardia Civil averiguó que Antonio Quintero tenía terrenos en Playa Santiago y que el Ayuntamiento de Alajeró, municipio al que pertenece este núcleo costero, le había parado la obra. Este hecho le obligó a rehipotecar los 15 millones de pesetas que pidió al banco en la primera ocasión y que se acabaron convirtiendo en 25. El empresario asesinado llevó el caso al Juzgado de San Sebastián y ganó el litigio. El juez llegó a presentarse en las obras. El Ayuntamiento se vio obligado a desprecintar la construcción, aunque a causa del pleito Quintero tuvo que vender algunos locales.

Alcalde interrogado

Por ello, dentro de la lista de sospechosos, se le tomó manifestación al entonces alcalde de Alajeró, Enrique Quintero Arzola, familiar además de la víctima. El regidor municipal declaró que se pararon las obras ya que creían que afectaban al Plan Urbanístico.

Otra persona que entró en el bombo de los sospechosos fue el dueño de la finca colindante. En la que era propiedad de Quintero había un manantial que abastecía de agua al caserío de Vegaipala. Sin embargo, el fallecido dejó de suministrarla y los vecinos tuvieron que ser abastecidos a través de los depósitos del Cabildo. Todos fueron descartados. Habrá que esperar hasta el año 1996 para que se abra otra vía de investigación.

Unos chicos relataron a la Benemérita que el día del asesinato de Antonio Quintero, sobre las 22:00 horas, vieron estacionado junto a la camioneta propiedad del fallecido un turismo Renault Express, de color blanco. Sin embargo, por más que se investigó, no se llegó a ninguna conclusión.

Lo que más llamó la atención de la Policía Judicial fue la desaparición de una agenda, de la que nunca se desprendía el fallecido y que le acompañaba a todos lados. En el momento del levantamiento del cadáver a la víctima no le faltaba ningún objeto de valor según sus familiares. Incluso conservaba un reloj. Para complicar más el caso, los familiares del cabrero Alfonso Hernández Curbelo se dirigen a la Guardia Civil y pidieron que los dejaran en paz y que investigaran el entorno de la familia del muerto.

Así, los guardias interrogan a un hermano del asesinado, Domingo Medina Quintero, el cual relató, según el informe de la investigación, que "cuando se encontraba en la casa de su hermano, concretamente en la azotea, observó cómo su sobrino Antonio sacaba un manojo de llaves del bolsillo del pantalón, para entregarle a un guardia de paisano la del local que tiene en Valle Gran Rey destinado a supermercado, para que le diese las llaves del furgón que había cambiado con su padre, que iba a ser inspeccionado, momento que notó que de dicho manojo, se le cayó algo al suelo, por lo que se dirigió a su sobrino y le señaló que se le había caído algo, a lo que de forma alterada y despectiva contestó: A mí no, a mí no. Se trataba de una cruz tipo egipcia y a la que le faltaba el mosquetón".

Entonces, la Policía Judicial interroga a los hijos acerca de las relaciones con su progenitor, y si alguno ha tenido problemas con él. Pedro reconoce que el verano pasado sí mantuvo disputas con su padre, ya que este le echaba en cara que "era un derrochador y que siempre estaba de discotecas". Pero las diligencias vuelven al punto de partida.

En el transcurso de las pesquisas, el día 6 de mayo, persona o personas desconocidas llamaron al teléfono del almacén del difunto y permanecieron por espacio de un minuto sin comunicar nada a pesar de que la familia insistiera pidiéndole que hablara. La Guardia Civil sospecha que se trataba de alquien que deseaba comunicar algo y no se atrevió en el momento de hacerlo.

Derribo de la vivienda

La Policía Judicial no quiso dejar ningún cabo sin atar y pidió un listado de personas que fueron atendidas en el centro rural de Higiene de Playa Santiago, en Alajeró. Ninguna correspondía con los hechos, pero los agentes se sorprendieron de que entre los pacientes estaban tres mujeres. Dos de ellas fueron agredidas por sus parejas y la última por su yerno.

Habrá que esperar al año 2001 para que el caso vuelva a recobrar actualidad. Ese año, la Agencia de Protección del Medio Urbano y Natural de Canarias decide demoler una vivienda que está situada en la zona del Parque Nacional de Garajonay. Se trata de la vivienda conocida por La Casa de los Quintero, donde en abril de 1994 fue encontrado muerto el empresario y político Antonio Medina Quintero.

La actuación de la Agencia estuvo envuelta en la polémica ante la negativa al derribo por parte de los familiares de Quintero.

Hasta el último momento, los familiares intentaron recoger huellas de la zona, a pesar de que judicialmente se llevó a cabo la reconstrucción del crimen en dos ocasiones. Además, se tomaron fotografías y se grabaron imágenes en vídeo. A pesar de que la familia interpuso un recurso ante el Tribunal Superior de Justicia de Canarias, finalmente acabó por levantar la suspensión al entender que no procedía.

Antonio Medina (Toño), hijo de la víctima, relató a la prensa antes del inicio de la demolición y junto a la placa mortuoria colocada en la vivienda: "Nunca voy contra la Justicia, pero hay un asesinato que lleva ya siete años sin resolverse. No lo entendemos".

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