La Policía confía en identificar el cuerpo descuartizado por la dentadura y huellas

La víctima murió en otro lugar y su cuerpo fue trasladado con posterioridad al Barranco de Santos y arrojado - El cráneo, que conservaba todavía las piezas dentales, tenía un orificio en el parietal

10.07.2016 | 10:05
La Policía confía en identificar el cuerpo descuartizado por la dentadura y huellas
La Policía confía en identificar el cuerpo descuartizado por la dentadura y huellas

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  • La capital tinerfeña se ha visto sacudida con dos casos más de muertes violentas ocurridos en escenarios muy próximos al Barranco de Santos. El primero en el barrio de Cuesta Piedra el 11 de mayo. Ese día, D. R. S., quien compartía la vivienda ubicada en el número 23 de la calle José Luis de Miranda con su pareja, informó de los hechos a la Policía Nacional alrededor de las siete de la mañana, aunque el asesinato tuvo lugar la noche anterior, a eso de las 23:00 horas. Para acabar con la vida de su pareja, de 51 años, la estranguló. La muerte de la mujer se produjo tras una fuerte discusión entre la pareja, que se inició después de que ella encerrara a su compañero en el baño. La víctima tenía cuatro hijos pero ninguno de ellos vivía con ella en la actualidad. El mayor tiene cerca de 30 años y el más pequeño, que es el único fruto de la relación entre M. C. G. D. y D. R. S., tenía unos seis años y fue el que durante más tiempo permaneció con la madre, alrededor de un año. El segundo crimen tuvo lugar en la calle El Olvido, en el barrio de Salamanca en la capital tinerfeña el pasado 5 de junio cuando un joven de 16 años mantuvo una discusión con su padre, Silva Augusto Cado, al cual propinó un fuerte golpe con un martillo, lo que le hizo perder la conciencia. Luego el menor, de origen brasileño al igual que su padre, le clavó un cuchillo en el pecho después, cuando ya el hombre estaba inconsciente. La discusión con su progenitor se inició porque éste le sorprendió con hachís y se enfureció. Posteriormente, descuartizó con una sierra mecánica y escondió en dos maletas que fueron encontradas en la costa de la capital tinerfeña. Estas fueron halladas en la costa de Valleseco. Una de las maletas fue encontrada flotando por unos buceadores de una empresa contratada por la Autoridad Portuaria para realizar labores de limpieza en un embarcadero del Puerto. La otra la hallaron los GEAS de la Guardia Civil.

La Brigada de Homicidios del Cuerpo Nacional de Policía de la Comisaría Provincial continúa con las diligencias para tratar de averiguar la identidad del cadáver que apareció en la tarde del jueves junto a los pilares del puente Javier Loño, en el Barranco de Santos, en la capital tinerfeña, en el interior de dos bolsas militares. En una había un cráneo y en la otra el resto del cuerpo.

El levantamiento del cadáver se produjo al filo de la medianoche y del mismo se hizo cargo la titular del Juzgado de Instrucción nº 4 de Santa Cruz de Tenerife. El cadáver fue conducido hasta el Instituto de Medicina Legal para la práctica de la autopsia.

Los agentes tratan de determinar la filiación del cuerpo encontrado y a partir de ahí tratar de determinar la causa de la muerte.

Fueron siete jóvenes que se encontraban esa tarde en el barranco quienes localizaron los dos petates militares. Uno de ellos contó a la opinión de tenerife que "levanté una de las bolsas y del mismo salió un cráneo que conservaba la dentadura. Era muy reducido como si se tratase de una persona joven o un adolescente", contó a este diario. Junto a estos restos se encontraba otra bolsa. Este mismo testigo narró "a la segunda bolsa le pegamos varias patadas y se abrió. En ella se veía el resto del cuerpo, un tronco, que aún conservaba restos de carne amarillenta y con larvas de gusanos. Entonces, llamamos a la Policía".

Debido a un incendio ocurrido en la ladera de la montaña de Cueva Roja se personaron en el lugar numerosos efectivos policiales y de Protección Civil, al igual que tres dotaciones de la Unipol de la Policía Local quienes bajaron al fondo del barranco donde corroboraron la información que habían recibido desde su central, por lo que llamaron al Cuerpo Nacional de Policía, que a partir de ese momento se hizo cargo de custodiar los restos, así como los vestigios a su alrededor.

Pronto llegaron los miembros de la Brigada de Homicidios quienes se entrevistaron con dos de los autores del hallazgo y con una vecina de una casa que está a varios metros donde se encontraban las bolsas. Los funcionarios trataban de averiguar si estas personas habían visto algo anormal en los últimos días, ya que el cadáver debido al avanzado estado de putrefacción en el que se encontraba podría llevar varias semanas en el lugar. De hecho, los jóvenes que lo encontraron relataron que probablemente fue arrojado desde lo alto del puente Javier Loño al fondo del barranco, unos 30 metros de altura y vino a caer justo encima de un paraje de zarzales, lo que dificultó su hallazgo. Además, los petates, que podrían aportar alguna pista tras su análisis, habían perdido su color caqui al estar tanto tiempo a la intemperie e incluso uno de ellos tenía una rotura por donde asomaban parte de los restos que, a su vez estaban envuelto en una bolsa.

Una de las hipótesis es que el cadáver de la víctima estuvo oculto en otro lugar y fue trasladado a esta zona con el fin de hacerlo pasar desapercibido sabiendo sus autores que se trata de un lugar nada concurrido y que el olor que desprende un cuerpo putrefacto se diluye en un barranco.

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