¿Quién atropelló a Rafael y se dio a la fuga?

El anciano perdió la vida en el año 2011 en Puerto de la Cruz cuando fue arrollado y el conductor huyó del lugar - Los restos hallados en la zona del accidente corresponderían a un Mercedes pero su propietario no ha sido localizado

03.07.2016 | 01:21
El cadáver de Rafael Pérez, a la espera de ser levantado por la autoridad judicial, tras ser atropellado en 2011

El último caso, en La Laguna

  • El atropello mortal de María Dolores Marichal Navarro de Murphy, viuda, de 78 años, con tres hijos –Bernard, Mónica y Teddy– y tres nietos, hecho ocurrido en la TF-24 (La Laguna-El Portillo, por La Esperanza), a la altura del kilómetro 1,8 el pasado día uno de junio es el último caso similar al de Rafael Pérez. La única diferencia es que en este suceso la ayuda de los testigos, junto con la labor desarrollada por la Policía Judicial de la Guardia Civil y el Grupo de Análisis de Tráfico (GATI) del mismo cuerpo, consiguieron dar con el paradero del presunto autor del hecho, un individuo de 39 años, vecino de El Rosario, el cual si bien negó en un primer momento la acusación, una vez fue puesto a disposición de la titular del Juzgado de Instrucción de Guardia de la capital tinerfeña, que decretó su puesta en libertad con cargos, acabó por reconocer el atropello.

El atropello mortal de Rafael Pérez Montero, cuyo autor se dio a la fuga, es otro de los sucesos que pasan a engrosar el listado de casos sin esclarecer. Aunque el fallecimiento de este hombre, ocurrido el 12 de diciembre de 2011, no se engloba en el de los asesinatos, no por ello deja de ser importante, teniendo en cuenta que cuando menos el responsable se ausentó del lugar después de arrollar y desplazar varios metros a la víctima, que quedó tendida en la calle Sebastián Padrón Acosta, del municipio de Puerto de la Cruz, por lo que se estaría ante un claro homicidio.

La muerte de Rafael Pérez Montero cuando tenía 93 años, al ser atropellado por un conductor que se dio a la fuga a las 23:00 horas del 12 de diciembre de 2011, está en la lista de sucesos sin esclarecer de la historia de Tenerife. Y no precisamente por dejadez policial, ya que tanto el Cuerpo Nacional de Policía como la Policía Local de Puerto de la Cruz no cejaron en su empeño durante muchos meses.

El autor del homicidio circulaba a bordo de un turismo, probablemente un Mercedes, que podría ser el modelo 190, 240 o 300, cuando al llegar a la calle Sebastián Padrón Acosta, de Puerto de la Cruz, a la altura del edificio Guarico, embistió con tal grado de violencia a Rafael Pérez que la desplazó varios metros, tal y como consta en las diligencias practicadas por la Policía Local de la ciudad turística a las que tuvo acceso la opinión de tenerife. El autor huyó del lugar sin que hasta la fecha se haya conseguido dar con él.

Relata el citado documento que "se localizan a unos escasos tres metros de la víctima restos de una parrilla delantera de un vehículo turismo y parte de un embellecedor del panel de la misma con restos de sangre". "Asimismo se puede observar que no existen huellas de frenada ni de aceleración, si bien existe una huella de arrastre, posiblemente de los pies de la víctima, de unos tres metros de longitud que van desde el centro del carril hasta el extremo de la vía. A escasa distancia del cadáver, unos 8 metros, cerca de un árbol que se encuentra en la zona, se halló una cartilla de CajaCanarias del atropellado, y entre unos vehículos, el reloj de pulsera del mismo", se lee en el informe.

Fue una patrulla del Cuerpo Nacional de Policía la que informó a las 23:00 horas de que se había producido un atropello en la mencionada calle, que la persona afectada estaba siendo asistida por una ambulancia y que, además, existían restos de lo que parecía un vehículo en la vía. El Cecoes informaba de los hechos a los 23 minutos.

Poco después llegaba al lugar la primera dotación de la Policía Local de Puerto de la Cruz, cuyos integrantes observan en el carril derecho a un hombre adulto que se encontraba decúbito supino, con su cabeza orientada hacia el oeste y su cuerpo invadiendo parcialmente las plazas de estacionamientos que se hallaban libres. Los agentes del CNP mantienen la zona acordonada con cintas, mientras que los sanitarios, tras un primer análisis del atropellado, proceden a realizarle las maniobras de reanimación. Cuando estaban en ello se personó la ambulancia medicalizada, cuyo facultativo, tras colaborar en dichas tareas, indicó a los sanitarios que la víctima se encontraba fallecida.

Las primeras indagaciones de los dos cuerpos policiales entre los numerosos curiosos no ayudan a identificar vehículo alguno o persona implicada en estos hechos. Una vez se procede a la retirada del cadáver, los agentes realizan una inspección ocular en el lugar del atropello.

Ningún cabo sin atar

El atestado policial 612/2011 al que tuvo acceso la opinión de tenerife no deja cabo sin atar. "La calzada es de riego asfáltico en perfecto estado de conservación y rodadura, estando seca y limpia en el momento del accidente. Este se produce a unos 37 metros desde el comienzo de la vía desde la calle Benito Rodríguez, con una visibilidad total de la misma, incluso de noche al encontrarse perfectamente iluminada por luminarias artificiales. Al no existir señalización vertical de delimitación de velocidad, es de aplicación la general de prohibición de circular por encima de los 50 kilómetros por hora dentro de casco urbano. Si bien no se encuentra el vehículo causante de los daños, debido a los vestigios hallados en el lugar del accidente, el turismo en cuestión tiene desperfectos en su parrilla delantera y embellecedores de la misma, con desprendimiento y falta de parte de ella. Posiblemente, debido a las lesiones que presenta Rafael Pérez Montero, el vehículo tiene señales en su capó, con deformación evidentes que incluso pueden afectar a parte de la mecánica pues se hallaron restos de líquidos en la vía (de escasa presencia) e incluso fractura de la luna delantera".

Los vestigios contienen residuos de sangre y se hallan a unos tres metros de la víctima. Los investigadores pueden observar que no existen huellas de frenada, ni de aceleración, si bien sí existe una de arrastre, posiblemente de los pies de la víctima hasta la posición final del cuerpo.

Marcas de arrastre

Los policías creen que el accidente se produjo como consecuencia directa del atropello. El análisis de la marca de arrastre producida por el calzado de la víctima llevó a pensar que dicho turismo se encontró a Rafael Pérez Montero en medio del carril de circulación, posiblemente porque se encontraba cruzando la vía, viéndose sorprendido y atropellándolo.

Es posible también que el fallecido irrumpiera en la vía mientras el vehículo circulaba por su carril. Dicho coche no frenó en ningún momento, si bien intentó realizar una maniobra evasiva puesto que el cuerpo se encontraba en el lado derecho de la calle y los otros restos orgánicos en el centro y en el lado contrario; es decir, proyecta el cuerpo a un lado y los restos hacia el otro al girar bruscamente la dirección. Al no existir huellas de frenada o de aceleración, los investigadores entienden que el conductor, si bien circulaba a gran velocidad, es posible incluso que lo hiciera dentro del límite general de una vía urbana, pues tan solo desplazó a la víctima unos seis metros y la huella de arrastre es de tres. Además, el cadáver no presentaba ningún hueso roto o contusiones evidentes.

Las diligencias fueron entregadas en el Juzgado de Instrucción nº 1 de Puerto de la Cruz, mientras que los vestigios se remitieron a la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía de la ciudad turística.

En el momento del atropello mortal, la víctima llevaba encima su documento nacional de identidad, la cartilla de la Seguridad Social, dos bonos de Titsa, tarjetas de transportes del Cabildo de Tenerife, fotografías personales, tarjeta del complejo turístico del Lago Martiánez, un reloj de color acero y oro, una libreta de ahorros de CajaCanarias y un sobre que contenía la cantidad de 1.135 euros.

Al día siguiente, los agentes de la Policía Local de la ciudad turística se ponen manos a la obra y comienzan a identificar y tomar manifestaciones a la primera persona que localizó a la víctima, así como a los vecinos que residen en la zona del accidente.

El primero en declarar es un taxista, identificado como S. P. L., que en ese momento tenía 56 años. "Cuando fui al Hotel Pez Azul, para ir a recoger a un cliente, al incorporarme a la calle Benito Rodríguez Ríos observé a una persona tirada en el suelo. Por ello, decidí llamar a los servicios de urgencia, puesto que al verlo con más detalle observé que tenía un golpe en la cabeza de la cual salía sangre, sin que pudiera aportar más datos acerca de derrapes o frenadas".

La segunda testigo es una vecina, identificada como J. M. G., natural de Polonia, de 40 años, quien directamente manifiesta no haberse enterado de nada puesto que se encontraba bajo los efectos del alcohol.

Otra persona que se encontraba en el lugar, I. L. G., de 38 años, en el momento de los hechos relató que "a eso de las 23:30 horas me encontraba viendo la televisión, que se encontraba cerca de la ventana de casa, la cual da al lugar donde se produjo el accidente". En un momento determinado pudo escuchar un ruido seco, muy fuerte, similar al golpe que produce la puerta de los contenedores verde basura, pero mucho más intenso. Que debido a que, justo en el lugar del accidente, posee dos vehículos estacionados (el suyo y el de su pareja sentimental), se asoma para comprobar que dichos turismos no han sufrido daño alguno. Si bien en un primer momento no observa nada, pasados unos minutos se percata de que varios vehículos patrulla se encuentran en el lugar. Desconoce quién pudo ser el autor, así como la forma en la que se produjo el accidente. Además, agrega que si había escuchado algún otro ruido fuera de lo normal, como frenadas, aceleraciones, etc, manifiesta que "no".

El último de los testimonios correspondió a J. B. M., de 43 años quien manifestó que se encontraba en casa de un amigo en las proximidades y escuchó un fuerte golpe, como si hubiesen tirado algo de grandes dimensiones al suelo, repitiendo al igual que el anterior testigo el ejemplo de la tapa de un contenedor de basura, pero más fuerte. Que no observó nada más, ni nada ni a nadie sospechoso por la zona.

El juez de guardia autorizó el levantamiento del cadáver de la víctima a las 23:31 horas. El fallecido presentaba una posible fractura craneoncefálica que le afectó al lateral derecho de la cabeza, así como la frente del mismo lado.

Celo policial

El celo de la Policía Local, al saber que las piezas correspondían a un Mercedes, hizo que se prestase atención en primer lugar a los taxis de la ciudad, pues el lugar donde ocurrió el accidente, la calle Sebastián Padrón Acosta, es una vía de baja intensidad, tan solo frecuentada por vecinos y turistas, y que dicha franja horaria, de 20:45 a 23:15 horas, un domingo ordinario, suele ser tan solo transitada por dichos servicios públicos. Este caso tuvo una connotación negativa ante la falta de colaboración de una de las empleadas de Servitaxi, lo que le acarreó la apertura de un procedimiento penal por dilación indebida.

El funcionario instructor entendió que su desobediencia y negativa a colaborar en la averiguación del posible autor de los hechos pudo generar una pérdida de tiempo tal que hizo que se perdieran pruebas de especial importancia para localizar al autor, lo que retardó el proceso de localización del causante de una forma innecesaria.

Obstrucción a la Policía

La petición de los investigadores consistió en solicitar el listado de taxis que deambularon en el momento del atropello por Puerto de la Cruz. La empleada, M. I. G. E., se negó a facilitar dichos datos. Los agentes le indicaron la necesidad de localizar al posible autor de un homicidio imprudente con omisión del deber de socorro, manifestando que no iba a decir nada al respecto. A pesar de ello y de hacerle saber la obligación de colaborar con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, manifestó que eso no le importaba y que si querían datos, que llamasen a partir de las ocho de la mañana.

Uno de los funcionarios le insistió que no quería datos personales, sino la relación de los taxis Mercedes que prestaban su servicio en el municipio. M. I. G. E., manifestó que se ratificaba en lo dicho y que si algún policía acudía a su empresa no pensaba abrir la puerta. Ante ello, se le requirió para que facilitase sus datos personales a lo que también se negó.

Pesquisas desesperadas

La Policía Local se trasladó hasta el domicilio social de la empresa de Radiotaxi y, efectivamente, la empleada no abrió, a pesar de que estos escucharon a una persona que deambulaba en su interior y que no respondía a las llamadas. Los policías, incluso, hicieron activar las luces prioritarias del vehículo patrulla. Los agentes locales requirieron entonces la ayuda del Cuerpo Nacional de Policía y dos de sus dotaciones se personan en el lugar, pero tampoco fueron atendidos ni recibidos por esta mujer.

A la mañana siguiente, la dotación entrante realizó diversas batidas por los estacionamientos privados del edificio Guarico, así como los colindantes, no consiguiendo localizar ningún vehículo que coincidiera con los daños que debería presentar según los vestigios encontrados. También se investigó a un delincuente que tenía un Mercedes pero fue descartado al no presentar el vehículo daños en su frontal.

La amargura de los investigadores queda reflejada en un comentario de uno de ellos. "Hoy en día cada vez que paso por allí pregunto a los vecinos fijos de la zona, paso matrículas de Mercedes que deambulen por allí, pero yo creo que es por no dejar de intentarlo, porque tan solo la suerte me hará dar con el autor".

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