Un servicio antidrogas de la Unipol sirve para condenar a prisión a tres 'camellos'

El dispositivo de vigilancia de la Policía capitalina se mantuvo a lo largo de seis meses

31.05.2016 | 16:28
Un servicio antidrogas de la Unipol sirve para condenar a prisión a tres 'camellos'

La venta de sustancias estupefacientes no siempre le sale gratis a sus autores. Si no que se lo pregunten a los tres imputados que vendían cocaína desde el bar De Copas En Riky, en Los Majuelos, en Santa Cruz de Tenerife, y que, gracias al seguimiento llevado a cabo durante más de seis meses por parte de agentes de la Unipol, el operativo Vida Loca permitió que la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife condenase al varón B. A. R. G., de 43 años, a cuatro años de prisión; a E. P. L., novia del principal acusado, de 27, a un año y seis meses de prisión; y a A. E. H. J., varón, de 38, a la misma pena de cárcel que la anterior, según sentencia a la que tuvo acceso la opinión de tenerife.

Los hechos se remontan al mes de septiembre de 2012, cuando el Grupo de Apoyo Operativo de la Policía Local de Santa Cruz de Tenerife estableció diversos seguimientos de vigilancia, ante las continuas molestias vecinales y las informaciones recibidas acerca de que en el citado bar se vendía droga, ya que eran asiduos los numerosos compradores de sustancias estupefacientes que accedían al local, los cuales inmediatamente después de abandonar el mismo, eran interceptados por los agentes portando la droga que habían adquirido en el interior del mismo.

Los agentes llegaron a identificar a siete compradores y, a pesar de que la cantidad aprehendida no resultaba especialmente significativa, el tribunal tuvo en cuenta tanto el testimonio firme de los policías como el hecho de que B. A. R. G. se dedicaba a la venta continua y prolongada en el tiempo de una sustancia tan nociva para la salud como es la cocaína, lo cual indica que no se trataba de una transacción pasajera. Es más, en ocasiones algunos de los compradores no pudieron ser interceptados ya que abandonaban el local en coches de alta gama o bien vivían en las proximidades y era imposible comprobar sus datos. Los otros dos imputados fueron sorprendidos, la mujer cuando preparaba la venta de una dosis el 29 de junio de 2013 y el otro acusado, A. E. H. J., conocido como Canario, el 11 de enero de 2013 y el 24 de marzo de ese mismo año.

Agentes de paisano

Los tribunales exigen para estos casos que los hechos o indicios han de estar completamente acreditados, que sean indicios plurales, que haya un enlace preciso y directo entre tales hechos y las conclusiones incriminatorias para los acusados y por último, que se expresen los razonamientos por los que el tribunal llegó a tales conclusiones.

En este caso, los agentes de la Unipol actuaron debido a las denuncias recibidas y " a la sospecha de la presunta venta y consumo de estupefacientes en la zona". Para ello colocaron varios agentes de paisano situados a escasos metros del local, así como el empleo de coches camuflados desde los que se efectuaba la vigilancia con prismáticos para no ser descubiertos. Posteriormente eran interceptados los comprados e identificados interviniéndoseles la cantidad de cocaína que llevaban. Debido a las sospechas de que se estaba ante un constante tráfico de sustancias estupefacientes se dio conocimiento a la Fiscalía Especial Antidrogas de Santa Cruz de Tenerife que autorizó la vigilancia.

Como nota curiosa, los agentes erraron en la primera identificación de B. A. R. G., al dejarse llevar por la titularidad del turismo en el que se movía, Con el fin de despejar esta duda se le detuvo tanto a él como a su novia en un control de identidad aleatorio, donde quedó fuera de duda que el "objetivo 2" como se le denominó se tratase de otro sujeto.

B. A. R. G., acudía al citado bar con la aparente condición de cliente, e intervenía en todas las transacciones de droga, dirigiendo la ilícita actividad declarada probada.

Los miembros de la Unipol pudieron comprobar que la droga se vendía tanto en el interior del negocio como fuera y siempre B. A. R. G., lo hacía a cambio de una cantidad de dinero. Los compradores llegaban a estacionar en doble fila frente al bar para comprar la droga, aunque en ocasiones los funcionarios comprobaron como aquellos que se quedaban en el bar consumían la sustancia adquirida, frecuentemente en el baño, llegando incluso el principal sospechoso a encerrarse con los compradores en el servicio, para de esta manera evitar ser detectados. Curiosamente, los siete identificados negaron durante la celebración del juicio haber adquirido la sustancia los acusados, algo que no tuvo en cuenta el tribunal, ya que consideró que lo declarado, visto o percibido por los agentes de la Unipol alcanzaron la condición de prueba testifical.

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