Tragedia en Arona | La entrega de los bomberos

"Nuestra obsesión era hallar a alguien con vida"

Los jefes de los bomberos voluntarios de Adeje y La Laguna aseguran que en Los Cristianos vivieron uno de los operativos "más duros" pero destacan la máxima colaboración de todos los rescatadores

18.04.2016 | 14:37
"Nuestra obsesión era hallar a alguien con vida"
"Nuestra obsesión era hallar a alguien con vida"

"Nuestra obsesión era encontrar a alguien con vida. Por eso muchos de nosotros apenas descansamos". Carlos Barrera, jefe de los bomberos voluntarios de Adeje, y su homólogo de los voluntarios de La Laguna, Francisco Darias, coinciden en que tanto ellos como los bomberos profesionales que participaron en el operativo de rescate de Los Cristianos no perdieron nunca la esperanza de que apareciera alguien vivo entre los escombros. Sabían que iba a ser muy difícil pero "nunca se puede decir que es imposible", apunta Barrera.

Entre la treintena de representantes de los parques de voluntarios de Tenerife y los de los profesionales, tanto del Consorcio de Tenerife como de la Unidad Militar de Emergencias (UME), el número de bomberos que lo dieron todo tras el derrumbe del edificio en Arona superaron con creces el centenar. Fueron 60 horas ininterrumpidas de duro trabajo desde que a las 9:31 de la mañana del pasado jueves el inmueble del número 12 de la calle Valle Menéndez se vino abajo por causas que se investigan. "Nos dividimos en tres turnos de ocho horas pero la mayoría apenas descansó. Yo apenas dormí dos horas las dos primeras noches", relata Barrera.

El responsable del parque adejero recuerda que enviaron prácticamente todos sus medios disponibles porque desde la primera llamada de alerta se sabía que el suceso era muy grave. "Desplazamos dos bombas pesadas y otros tres vehículos que teníamos en la base. Íbamos con todo porque las primeras noticias ya eran preocupantes".

Una vez en la zona cero, tras recibir información más detallada de lo ocurrido, analizar el terreno y asegurar las zonas en las que había riesgo de nuevos desprendimientos, los bomberos profesionales y los voluntarios empezaron el operativo. Además de enfrentarse a una tarea titánica, también tuvieron que lidiar con la frustración, como cuenta Carlos Barrera. "Había que ir poco a poco, piedra a piedra, con mucho cuidado por si quedaba alguien con vida. Guardábamos silencios por si se oía algún grito y retomábamos las tareas de desescombro". A esto se sumó, matizó el bombero adejero, la forma en que se produjo el colapso. "Fue tipo sandwich, lo que indica que lo que cedió fue la base del edificio. Esto hace que las plantas se monten una encima de la otra, con 25 centímetros o hasta menos distancia entre una y otra. En esas condiciones, es muy difícil encontrar a alguien con vida pero nunca perdimos la esperanza", rememora Barrera.
Supervivientes

La fe estaba avalada por el hecho de que dos de los tres heridos fueron rescatados de entre los cascotes. "Fue milagroso. De todas maneras, uno de los heridos, una mujer mayor [Coromoto Arvelo], estaba sobre los escombros porque vivía en el ático. Esto fue clave para que siga con vida", matizó el jefe de los voluntarios de Adeje.

Carlos Barrera, de 53 años, no recuerda haber participado en un despliegue semejante en sus más de 25 años como bombero voluntario. "Fue uno de los operativos más complicados en los que he estado. Otro fue el rescate en una galería de Chío, en el municipio de Guía de Isora, ocurrido en mayo de 2000". Murieron tres personas en aquel suceso. Además, lo ocurrido en pleno centro de Los Cristianos, con el desplome de un edificio de viviendas, no tenía antecedentes. "Era una actuación inusual pero ya estábamos preparados porque nos entrenamos en todos los escenarios posibles".

Pero no todo fueron inconvenientes. Una de las principales ventajas, según Barrera, fue "la perfecta coordinación" que hubo entre todos los cuerpos, no solo el de bomberos. "Trabajamos todos muy unidos, con un entendimiento permanente. Eso fue clave en una situación tan dura, en la que te encuentras entre los escombros con restos de lo que fueron hogares: fotos, ropa, joyas, bolsos, otros recuerdos... Es muy triste".

La madrugada más dura para otro de los bomberos voluntarios movilizados, el lagunero Francisco Darias, de 40 años, fue la del viernes al sábado, la segunda y última en la que se trabajó incansablemente. "Fue cuando más hallazgos de cuerpos hubo y cuando más bomberos había trabajando", comenta, para añadir: "Al principio todo fue muy lento porque primero tuvimos que asegurar la parte del edificio que seguía en pie. Una empresa especializada fue la encargada de hacer esa tarea, bajo la supervisión de técnicos y aparejadores. También se colocaron testigos para comprobar si las grietas se dilataban y si podía ser peligroso para los equipos. Los que más riesgo corrieron fueron quienes estuvieron ahí durante las primeras horas".

Darias recuerda, como Barrera, que se aferraron en todo momento a la esperanza de que quedara alguien con vida: "Te agarras a eso hasta el último minuto aunque desde el principio sabíamos que era muy difícil por el tipo de colapso que se produjo. Los restos estaban muy compactados. A medida que fuimos retirando escombros veíamos que no había oquedades, que era lo que podía permitir que alguien estuviera con vida".

"Llevo 16 años en el cuerpo. Trabajé en las riadas, el Delta o el incendio del Obispado pero esto ha sido muy duro. Cualquiera lo podía notar al ver las caras de los técnicos y de los miembros de la UME. Todo era tan duro que en los descansos intentábamos evadirnos un poco para relajar la tensión. Hacíamos turnos y durante los mismos estabas en tensión porque en cualquier momento podía aparecer un cuerpo", narró Darias.

Ambos quieren agradecer la gran profesionalidad mostrada por todos los integrantes del operativo, con más de 300 personas, y por el Ayuntamiento de Arona. También aplauden que prácticamente todos los parques de bomberos de Canarias, tanto profesionales como voluntarios, se prestaron para colaborar. De hecho, estuvieron en Los Cristianos enviados de Gran Canaria y Lanzarote. Y tuvieron una especial mención para los miembros de la UME del Ejército. "Ha sido vital desde el primer minuto. Están muy preparados y tienen los últimos equipos", concluyó Darias.

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