Tragedia en Arona | La dura labor de los equipos de rescate

Una noche en la 'zona cero'

Los más de 200 profesionales que buscan a los desaparecidos entre los escombros trabajan toda la madrugada sin descanso con la esperanza de encontrar a alguno de ellos con vida

18.04.2016 | 01:59
Una noche en la 'zona cero'

Desde lejos, la luz de los focos es tan intensa que parece que en esa parte del centro de Los Cristianos está ocurriendo algo inusual cuando ya es la una de la madrugada. Van y vienen vehículos pesados, ambulancias que cambian de turno, gente uniformada... Una nube de polvo flota sobre los edificios y el ruido, más intenso que estridente, hace imposible a algunos vecinos poder conciliar el sueño. Pero no hay ninguna queja, la más mínima, sino un clima que mezcla expectación, respeto, tristeza y solidaridad. Todos saben que no queda más remedio, que el tiempo corre en contra y que hay que hacer todo lo posible, por mucho que el cansancio se acumula tras horas y horas de trabajo, para comprobar si hay alguien con vida bajo ese amasijo de cemento, hierro, electrodomésticos, mantas, fotos, muebles, maletas y todo tipo de restos de lo que hasta el pasado jueves, exactamente hasta las 9:31 horas de la mañana, era un edificio más con 24 hogares.

El silencio de la noche, a medida que avanza, amplifica la banda sonora de la zona cero. Pero el traqueteo de las dos excavadoras y el machaqueo de las palas mecánicas se detienen de repente. "¡Paren los motores! ¡Paren!", grita uno de los responsables de los bomberos, brazos en alto. Los conductores de las máquinas obedecen al momento, empiezan a arremolinarse miembros del equipo de rescate en un punto concreto de la parte del edificio que da a la calle Valle Menéndez -entre el azul oscuro de los bomberos y el naranja de la Unidad Militar de Emergencias (UME)-, se encienden las pequeñas linternas acopladas a los cascos y sólo entonces se oye el silencio de la noche.

Todo ocurrió a las 4:45 de la madrugada del jueves al viernes, la primera noche del operativo de rescate, después de horas de intenso y duro trabajo en busca de los desaparecidos por el derrumbe del edificio en Los Cristianos. "Ahí debe estar pasando algo", asegura uno de los pocos curiosos que a altas horas de la madrugada todavía seguía el trabajo del operativo de rescate, al otro lado de las cintas y las vallas que delimitan la zona cero. "Siempre que apagan las máquinas es porque han visto algo", apunta un acompañante.

Era fácil acertar en una noche tan larga y triste. Unos 20 minutos después, mientras un nutrido grupo de bomberos despejaba la zona de cascotes, planchas y hierros, aparecían con un chaleco reflectante dos representantes judiciales. Luego vino la camilla, más silencio -quizá un poco también en señal de respeto- y otra vez el sonido de las máquinas. Acababa de aparecer el segundo cuerpo sin vida entre los restos del inmueble, otra mujer. Pero no era lo peor. Lo peor es que los 200 participantes en el operativo de rescate y las personas que seguían el despliegue a las 05:05 de la madrugada eran perfectamente conscientes de que había que buscar a más personas.

Al otro lado de la amplia zona precintada, todos los alrededores de las calles Valle Menéndez y Amalia Alayón, una docena de familiares y amigos de los desaparecidos va y viene esperando noticias de primera mano sobre el estado de sus seres queridos. Algunos llevan desde la mañana aguardando una respuesta y se mantienen allí tantas horas después. Tampoco piensan marcharse. Miran con angustia el trabajo de los bomberos a lo lejos, se retiran, vuelven a mirar... Uno recibe el apoyo de unos transeúntes cuando les cuenta que ahí puede estar su hermano. "Ojalá aparezca sano y salvo", le contesta uno de ellos, mientras el otro le desea "todos los mejores deseos". "Ojalá, ojalá...", responde el hombre, que no quita ojo a la zona cero y suspira cada vez que percibe un movimiento extraño y parece que los bomberos han encontrado algo. La mayoría de las veces es una falsa alarma.

En ese extrarradio de la tragedia fueron decisivos los más de 30 profesionales que envió el Colegio Oficial de Psicólogos de Santa Cruz de Tenerife. No sólo estaban en la base de operaciones, instalada en el Centro Cultural, muy cerca del derrumbe, sino que también recorrían el otro lado de la zona cero para ayudar a esos familiares y amigos. Juan Jesús Aznárez es uno de ellos. Este psicólogo especialista en emergencias, de 30 años, explica que hay allegados de los desaparecidos que no saben a dónde ir, que carecen de información, que necesitan ayuda. "Les escuchamos y les damos comprensión principalmente pero también les ayudamos a hacer gestiones, a traerles agua o café, a hacer determinadas gestiones administrativas, a facilitarles información sobre dónde se les puede atender", asegura Aznárez.

El psicólogo cuenta, por ejemplo, el caso de un residente en el edificio afectado cuya esposa está desaparecida. Son un matrimonio marroquí con dos hijos. La mujer los llevó al colegio por la mañana pero volvió a casa antes del colapso. "El hombre se dejó en la casa parte de la documentación de él y de sus dos hijos. Le estamos ayudando para que no tengan el menor problema".

Lo ocurrido este jueves en Arona es desde la perspectiva psicológica un suceso muy complejo. Juan Jesús Aznárez detalla que es por varias razones: la agonía de la espera, el hecho de no poder saber todavía el porqué o la misma desaparición de hogares enteros. "Genera una gran ansiedad y por eso estamos aquí, para que las cosas se desarrollen de la mejor manera posible dentro de las circunstancias", añade.

Un pin les permite entrar y salir a la zona donde se trabaja sin parar por si hay algún desaparecido con vida. Bomberos, policías, miembros de protección civil, equipos sanitarios Las excavadoras y las palas retiran los escombros, paran, los bomberos examinan la zona, retiran cascotes ayudados con cubos, miran bien, despliegan a los perros y vuelta a empezar si no ha aparecido nada. Varios focos colocados en las máquinas y los edificios colindantes permiten mantener la intensidad de los trabajos. En los alrededores hay mucha menos gente que por el día pero el operativo de rescate parece igual de activo. No hay ni un minuto que perder.

Llegada de familiares

Los familiares de los desaparecidos no paran de llegar mientras no hay certeza de cuántos exactamente puede haber. Por ejemplo, la Policía Local de Arona ha llamado a sus colegas de La Laguna para que contacten con al menos tres propietarios de viviendas del edificio derruido. Quieren saber si estas personas las tenían alquiladas o residían temporal en ellas para concretar el número exacto de desaparecidos.

Ayer por la tarde, la versión oficial es que se busca a cinco personas, la marroquí Hanan, el finlandés Markus, los italianos Alessandro Locatelli y Graziella Fagnoli, y la asturiana Flor Fernández. Pasaban temporadas en Tenerife y alquilaban las viviendas para descansar y disfrutar del buen tiempo y las playas del sur de la Isla. Al cierre de esta edición, se redujeron a tres pues a eso de las 23:00 horas aparecieron los cuerpos sin vida de un hombre y una mujer sin identificar, con lo que la cifra total de víctimas mortales asciende ya a cuatro.

Las hermanas procedentes de Cantabria Filo y Puerto García Cuevas también hacen lo mismo que Flor: son pensionistas que pasan varios meses en Los Cristianos porque les sienta bien para la salud. Filo y Puerto conocían a Flor, al tener alquilado un piso en uno de los edificios anexos al de la tragedia. "Conocemos a Flor de verla por la zona y tenemos conocidas comunes. Ella es asturiana, de unos 60 años o un poco más, y es muy buena persona. Nos han dicho que todavía no la han encontrado. Qué tragedia más grande...", comenta Filo, que suspira por lo todo lo que están viviendo. "La verdad es que yo no oí el estruendo. Estaba dormida. Pero nada más levantarme me di cuenta de que algo muy grave había pasado, por las sirenas de la Policía y las ambulancias, el polvo... Nuestro edificio no sufrió daños pero tenemos que entrar acompañadas de la Policía porque nuestro edificio está dentro de la zona acordonada", relata Filo.

Pasadas las seis de la madrugada, cuando se asoman las primeras luces del día en el horizonte, el operativo sigue erre que erre, sin tomarse el más mínimo respiro, y los focos siguen iluminando la zona de la desgracia. Los perros rescatadores de la Unidad Militar de Emergencias (UME) golpean con sus patas las puertas de un jeep y ladran. Hace ya un par de horas que no actúan y quieren volver a salir para olfatear los escombros. Se les dosifica para que mantengan su eficacia. A ambos lados de calle que da a Valle Menéndez aparece un nuevo vehículo de la funeraria. Sustituye al que se llevó los restos de la mujer encontrada unas horas antes.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine