Tragedia en Arona

Javier Velázquez: "Hacía años que se comentaba que el edificio tenía problemas estructurales"

El propietario del bar El Escondite, anexo al edificio que se vino abajo, relata que su bar estaba en el paseo que ha quedado sepultado por el derrumbe y cerraba los jueves

19.04.2016 | 11:57
Javier Velázquez, propietario del bar El Escondite.

Su bar estaba en el paseo que ha quedado sepultado por el derrumbe y cerraba los jueves.

Sí, cualquier otro día entre las 10:30 y la medianoche hubiera sido una enorme desgracia. En la terraza teníamos 32 sillas. Pero no queda nada. Las sillas no están. Las mesas, que tenían el pie de hierro y no me las robaban porque no podían con ellas, están hechas polvo. La terraza no existe. No existe la baranda, no existe la calle. No existe nada. Todo ha quedado negro.

¿Por qué?

Porque el polvo y el agua que salió de las tuberías que se rompieron cubrieron todo de barro. Hoy vi una foto en un periódico en la que se ven las pizarritas que teníamos colgadas pero la puerta y todo lo demás está negro como el carbón. La mujer que estaba en el ático también quedó cubierta de ese lodo.

¿Fue testigo del derrumbe?

Sí. Aquello fue dantesco. Yo vivo enfrente, a 13 metros del edificio. Estaba con mi mujer, que habitualmente a esa hora suele estar abajo, en el bar. De pronto oí un ruido brutal. Era como si cayeran un montón de camiones llenos de bloques mezclado con ruido de cristales. En un primer instante me quedé paralizado. Al momento me levanté, corrí las cortinas y, antes de abrirlas del todo, se escuchó otro estruendo enorme. Cuando estoy abriendo el balcón se escuchó un ruido mucho más pequeño, como de algo que faltaba por caer. Lo que me encuentro es un montón de polvo, como las tormentas de arena del desierto que se expanden. Pero mucho más rápido de lo que yo me esperaba, se dispersa y veo que no hay edificio delante. No hay nada. Eso que veía todas las mañanas, la señora arreglando las plantitas, Toño debajo... No hay nada. Y encima hubo unos segundos de un silencio atronador. Miro y veo un cuerpo que se levanta y pide ayuda. Estaba cubierta de lodo. Totalmente mimetizada con el terreno. Tenía medio cuerpo cubierto por los escombros. Solo se veía si se movía.

¿Qué pasó después?

En seguida llegó la Policía Local y la Nacional y empezaron a dispersar a la gente. Nos dijeron que teníamos que salir de casa. Nos fuimos con lo puesto y todavía no hemos podido volver. Nos mandaron a la plaza de la iglesia. Cuando íbamos para allá me crucé a la mujer de Alessandro. Son una pareja de italianos que vienen mucho. Se quedan un par de meses y se van. Iba con una amiga y me dijo que él se había quedado durmiendo. Cuando los policías le dijeron que no podía pasar, miró para atrás y le dio una crisis de nervios. Siete horas después, la volví a encontrar y ya no le quedaban lágrimas. Se los veía muy enamorados. Eran una pareja fantástica. Me vio y me dijo: Alessandro, está ahí abajo. Tenía la cara desencajada de dolor. Yo siempre bromeaba con él. Son gente buenísima. Muchos clientes son amigos. De hecho, me han llamado muchos de Bélgica, Alemania, Escocia e Italia para preguntar cómo estaba.

¿Y qué les dijo?

Bueno, tuvimos mucha suerte. Pero estoy muy impactado. Anoche fui a dormir a la casa de mi hijo. Me dormí cogido de la mano con mi mujer diciendo qué suerte, qué suerte... Pero por la noche sentí dos ruidos a los que no estoy habituado y salté de la casa. Algo así no se supera fácilmente. Tengo ese ruido y a la señora metidos en la cabeza. Llega a pasar otro día y hubiéramos estado todos ahí.

¿Había algo que hiciera presagiar que había algún problema estructural en el edificio?

Sí. Una vecina nos contó que los obreros que estaban en el antiguo local de Banesto estaban picando una columna y vieron que estaba rodeada de bloques.

¿Había grietas?

Sí, incluso las cristaleras grandes que tenía el local se habían agrietado hacía muchos meses. Y las grietas iban a más. Aquí se comentaba hacía años que el edificio Julián José tenía problemas de estructura. Y ya se dijo que el cristal del escaparate estaba cada vez estaba más rajado. También es cierto que tenía humedades, que siempre estaban pintando. Pero quién iba a pensar que se caería... Nadie pero mire lo que ha pasado.

¿Sabe cuál era la empresa que estaba a cargo de las reformas de ese local?

No, siempre trabajaban a puerta cerrada. Sabemos que iban a poner un negocio de productos de peluquería, nada más.

¿Cuánto tiempo hacía que tenía el bar?

El uno de mayo habría cumplido siete años. Lo abrí porque con la crisis dos de mis hijos se quedaron sin trabajo. Lo monté con mi mujer, mis hijos y mi nuera. Y funciona bien. Yo había sido animador y relaciones públicas en distintos hoteles. Mi mujer habla cinco idiomas. Lo llevamos bien.

¿Por ese paseo donde estaba su terraza pasaba mucha gente?

Sí, mucha. Además era un punto de encuentro. Pasaba alguien, se paraba a saludar, se quedaba charlando con otro... Los alemanes que iban a devolver las llaves de los coches de alquiler, por ejemplo, pasaban por ahí. Había mucha camaradería.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine