Tragedia en Arona Desolación en la ciudad turística

Derrumbe en un edificio en Los Cristianos | Tres estruendos que acaban en catástrofe

El derrumbe conmociona a vecinos y comerciantes, que señalan a las obras en un local como posible causa

16.04.2016 | 15:09
Derrumbe en un edificio en Los Cristianos | Tres estruendos que acaban en catástrofe
Derrumbe en un edificio en Los Cristianos | Tres estruendos que acaban en catástrofe
Derrumbe en un edificio en Los Cristianos | Tres estruendos que acaban en catástrofe
Derrumbe en un edificio en Los Cristianos | Tres estruendos que acaban en catástrofe
Trabajo de los perros adiestrados para rescates buscando entre los escombros del edificio que se vino abajo ayer en pleno centro de Los Cristianos.

La catástrofe paralizó ayer el tiempo a las 9:31 horas. Tres estruendos consecutivos bastaron para llevarse por delante la normalidad de una mañana cualquiera en el bullicioso corazón de Los Cristianos y dejar que el caos reinara. El edificio Julián José se convirtió en una nube de polvo que parecía engullirlo todo. De pronto, dos terceras partes de las cinco plantas del bloque del número 12 de la calle Valle Menéndez habían desaparecido.

Todo se redujo a seis metros de escombros. Solo quedaban en pie alguna cocina, unos comedores en impecable orden y balcones a medias, uno con una silla de plástico y un equipo de aire acondicionado pediendo de un cable. La estructura se desgajó dejando a la vista las puertas de los ascensores y las escaleras cortadas a la mitad. Ya no había pasillos ni habitaciones. Todo era un amasijo de hierros, trozos de hormigón y polvo. Y en medio de aquel infierno comenzaron a oírse los gritos de los heridos que quedaron atrapados pidiendo auxilio. "Me recordó mucho a lo de las Torres Gemelas", admitió Antonio Delgado, trabajador de la comunidad de vecinos de enfrente, que presenció el desplome del inmueble.

"Me salvé por poco. Diez minutos antes crucé por el callejón -Paseo Jorge Ledesma- que comunicaba las dos calles a las que daba el edificio -Valle Menéndez y Amalia Alayón-. Suerte que esto fue a la hora que fue y un jueves, que el bar que está al lado no abre y todos los negocios estaban cerrados todavía", relató Delgado. Estaba visiblemente conmocionado al observar el trabajo de los diferentes efectivos de la Unidad Militar de Emergencias, el Servicio Canario de Urgencias (SUC), bomberos, Policía Local, Policía Nacional, Policía Canaria, Guardia Civil, Protección Civil, Grupo de Emergencias y Salvamento (GES) del Gobierno de Canarias, los perros de rescate especializados de la asociación de emergencias Ayuda en Anaga y Cruz Roja.

Según el relato del trabajador, "los vecinos decían que olía a gas ayer [por el miércoles para el lector]". "Ese pudo ser un detonante. Además, hacía tiempo que estaban reformando el local que había sido de Banesto, en el bajo. No sé, tal vez tocaron un pilar", precisó.

A la misma teoría se apuntaba Carmen León. Su padre Juan León, de 79 años, vivía en el edificio pero como no está bien de salud se mudó con ella hace unos meses. "Desde que empezaron las obras en el bajo, hará cuestión de una semana, empezaron a aparecer grietas en las paredes. Cuando construyeron el parking, justo debajo del edificio, también se agrietó todo. Reclamamos, pusimos denuncias y nunca pasó nada", se quejaba la mujer, que salió pasadas las diez de la mañana de su casa en San Miguel, en cuanto se enteró de lo que había pasado. Charlaba con ansiedad con uno de los vecinos de su padre en una cafetería, frente al Centro Cultural de Los Cristianos, intentando saber todos los detalles, ya que el amplio cordón policial que se montó alrededor de la zona cero le impidió acercarse a ver con sus propios ojos la devastación que le relataban. Recorrió entre la muchedumbre unos metros de la avenida Los Playeros y luego partió rumbo a Hospiten Sur, para visitar a Coromoto Arvelo Afonso, que fue una de las primeras rescatadas de entre los escombros.

Una caída de cuatro plantas

Coromoto Arvelo Afonso tiene 57 años y vivía en el ático. Según relató su hermana, apenas un minutos antes del derrumbe había puesto la cafetera al fuego para desayunar. El primer estruendo que hizo la estructura antes de ceder la sobresaltó. Se asomó por el balcón pero no vio nada y cuando iba a salir de la cocina, para ir a otra de las estancias de su piso, de golpe el suelo comenzó a alejarse de su pies. Aquel puñado de pasos que dio dentro de su vivienda la dejaron en caída libre durante cuatro plantas. Pese a la dureza de los golpes no perdió la consciencia y pudo gritar para pedir ayuda. Los rescatadores la evacuaron. Iba en la camilla con un collarín. Al cierre de esta edición, la mujer permanecía en la UVI de Hospiten Sur en estado grave pero estable con múltiples fracturas.

Según el último balance que hicieron anoche los servicios de emergencia, tres personas resultaron heridas, entre ellas Coromoto, y una mujer fue hallada sin vida. En el edificio vivían 28 vecinos, de los que 18 estaban localizados, entre ellos la fallecida, los heridos y las personas que estaban recibiendo asistencia psicológica mientras que otras 10 personas permanecían desaparecidas. La zona cero quedó totalmente aislada por un amplísimo dispositivo de seguridad que se montó y que obligó también a desalojar los edificios colindantes -Bruno, Linares, Chicharro y Por la Mar-. Los residentes en estas viviendas que requirieron hospedaje pasaron la noche en distintos hoteles. Seis fueron al Princesa Dácil y dos al Arona. En tanto, el resto fueron acogidos por familiares y amigos.

En el Centro Cultural estaba previsto que hoy se inaugurara la Feria del Libro, que quedó suspendida. Sus instalaciones albergaron el centro de operaciones del Ayuntamiento de Arona. Allí se celebraron las dos ruedas de prensa y los vecinos que perdieron su vivienda recibieron asistencia, comida y bebida, aunque los nervios les impedían estar encerrados y, durante las primeras horas de la tarde, muchos deambularon por los alrededores. Luego, el calor y el cansancio los llevó a refugiarse a la sombra de los árboles, en los jardines del espacio cultural.

Entre los parroquianos de una tasca frente a la estación Disa, que ayer fue utilizada como aparcamiento de ambulancias y camiones de bomberos, no se hablaba de nada más. El sevillano Ricardo Saborido sentía que había vuelto a nacer porque cinco minutos antes del derrumbe había pasado por delante del edificio Julián José. "Siempre me pongo a hablar en la acera con un hombre mayor que fuma puros pero esta vez no estaba", le contaba a su amigo, el aronero José Beltrán, propietario del kiosco Pepón. "Yo estaba aquí y escuché el ruido. Fue muy fuerte. Y enseguida se llenó todo de polvo. Suerte que las madres habían llevado a los niños al colegio, que llega a ser más temprano y no quiero pensar lo que hubiera sido", añadió Beltrán.

A unos pasos de ellos, la joven Malena Mazza intentaba explicar en inglés lo que había pasado a unos turistas que sacaron los móviles e intentaron sacar fotos por el hueco que dejaba un solar que da justo al contrafrente del edificio. La panorámica que ofrecía dejaba ver una parte de la fachada posterior y a los bomberos trabajando sobre los restos. Ana había ido ayer al Centro de Salud de Los Cristianos. "Estaba dentro de la consulta del médico cuando alguien entró y dijo lo que había pasado. Todo el mundo salió a la calle. No escuchamos nada. Solo se oyó el helicóptero que vino a buscar a uno de los heridos", aseguró la joven.

Ana Valladolid acaba de llegar de Adeje. Trabaja en el cercano bazar Gómez y observaba la imagen desde ese mismo hueco con incredulidad. "Qué impresionante. La verdad es que no me lo explico. Sé que estaban haciendo obras en el local donde estaba el banco pero no me han dicho nada más", recalcó.

Una de los tantos vecinos que seguía con atención el operativo, desde el mirador que le ofrecía su balcón, era Rosa Martín. "Se escucharon tres ruidos muy fuertes. Al principio, los confundí con los de la obra que estaban haciendo en el local de abajo", confesó la mujer, pendiente de las novedades que le llegaban por wassap y de la televisión que tenía encendida en su pequeño salón.

A pocos metros, Haresh Hinkorani y sus dos empleadas charlaban en la puerta de su tienda de electrónica. "Mi hija se asustó mucho. Trabaja en el dentista que hay en el edificio de al lado y vino la Policía y los desalojó a todos porque parece que hay riesgo de que se caiga la otra parte del edificio que aún está en pie", aseveró el comerciante.

Tan impactado como él estaban Francisco Escobar, trabajador del bazar Bello, y Gabriela Castro, una joven que hace ocho años alquilaba un piso en el edificio colapsado. "Eran pisos de una habitación, baratos y muy céntricos. Vivía gente trabajadora. Todos muy buenos vecinos. Es una tragedia", concluyó.

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